Cuando el sobaco es la parte a la que más da el sol

Vista de Puerta del Mar, con sombrillas en primera fila./
Vista de Puerta del Mar, con sombrillas en primera fila.

Puerta del Mar es quizás la playa a la que van más granadinos, tantos que a veces parece Puerta Real

ANDRÉS CÁRDENAS

A la segunda hora de estar tumbado en una hamaca en la playa Puerta del Mar -qué bonito nombre para una playa- no consigo oír ni lo que pienso. Y lo que es más grave, ni siquiera pienso lo que oigo. Somos una conciencia mortal mientras el mar es la eternidad. La realidad se te deforma con la facilidad que la bruma del calor deforma al horizonte. Nada te parece lógico. Es medio día, de calor, de arena sin remedio. Miro una escena maternal de la madre tapando a su hijito de meses para que no le dé el sol. Lo mete en una piscina de plástico y le echa agua primorosamente por la cabeza. Cuando sea mayor el bebé, seguro que no querrá saber nada de esa madre. Una extranjera -lo sé porque está leyendo un libro con título en inglés- está arqueada debajo de una sombrilla con la vista puesta en la novela de misterio -lo sé porque en la portada se ve una mano empuñando un cuchillo-. ¿Y si fuera ella la asesina? Un chaval musculoso acaricia amorosamente a una chica morena que tiene a su lado. La chica tiene un bikini tirando a tanga, una amplia sonrisa y todo lo demás es carne. Seguro que esos se casarán y a los dos meses se divorciarán, como todo el mundo.

El pesimismo se me amontona cuando estoy en la playa y veo la masa humana. Toda es compacta y casi no me merece el respeto. Pero es la masa que yo he elegido, mi masa.

De pronto llega alguien y me ofrece una lata de cerveza fresquita.

-Toma. Alégrate la vida -dice mi benefactor.

En mi primer trago dejo la lata en ridículo. A la vez que se trasiega el líquido desde mi gaznate al estómago, se dispone mi ánimo de otra forma. Joder, cómo cambia todo. El niño de la piscina de plástico obedecerá siempre a su madre, la extranjera que lee novelas de misterios es una inofensiva mujer que quiere enamorarse y los dos novios que se arrullan ya no se separarán nunca, llegarán a viejos y tendrán un montón de nietos. En cuanto al amigo que me ha traído la cerveza, lo cojo del brazo y le digo:

-Vámonos al chiringuito, que ahora invito yo.

Fotografías

Al chiringuito que vamos se llama El Copo. Es una freiduría y está en los bajos del Paseo del Altillo. El local tiene en sus paredes enormes fotografías de pescadores practicando el arte de pesca llamado el copo. Me quedo mirando las fotos y enseguida se me viene a la mente el recuerdo de aquellas mañanas de hace treinta veranos que iba a esa playa a hacer reportajes sobre los pescadores que aún lo practicaban. Ahora está prohibido. Era todo un espectáculo ver a aquellos marineros lanzar la red a unos cuarenta o cincuenta metros del rebalaje y luego tirar de ella con la tralla en el hombro. Y cuando los marengos rodeaban la parte final de la red y la destreza con que lo hacían hasta sacarla totalmente de la mar. ¡Ay qué recuerdos!

La dueña de El Copo se llama Puri y es una de esas mujeres que no se pueden estar quieta. Me atiende mientras me pone una cerveza y marcha tapas a los camareros.

-¿Qué desde cuándo tengo este negocio? Desde hace seis años. Antes aquí tenía yo una 'burguerking' pero consideré que estando frente al mar lo que pegaba era una freiduría.

Puri dice que es empresaria de negocios de hostelería desde los 18 años y que ahora es cuando le van mejor las cosas. Dice que sus clientes vienen desde todos los puntos de España y parte del extranjero. Me cuenta -sin parar de preparar tapas- que El Copo lo cierran en septiembre y que entonces ella, su marido y sus hijos se van a Madrid, donde tienen otro negocio.

-Se llama El Patio Andaluz y está en el Barrio la Latina. No sabe usted el éxito que tiene. Es que a la gente le gusta mucho el pescaíto frito. Además, allí entras y es como si entraras en Graná, con fotos de Miguel Ríos, de García Lorca, de la Alhambra. A ver si va usted un día y lo ve. Le va a encantar.

-Eso está hecho, Puri.

A Puerta del Mar le dicen también la 'playa del sobaco', porque es la parte del cuerpo que más morena se le pone a los veraneantes de tanto levantar el brazo a lo largo del día para saludar a algún amigo o conocido. Allí casi todos se conocen, bien porque tienen apartamentos cercanos o porque se ven a lo largo del año en Granada.

El mar tiene ojos

-Eso es lo malo que tiene, que más que en Puerta del Mar parece que estás en Puerta Real. Hay días que parece que no has salido de Granada -dice con cierto sarcasmo Manolo, que es de La Chana y veranea allí desde hace treinta años.

Puerta Real es la playa a la que siempre han ido los almuñequeros, porque es la más cercana al centro de la ciudad. Son los lugareños los que siempre la han explotado. Rafa puso hace unos años allí un negocio de alquiler y cuidado de pequeñas embarcaciones. Es como un 'parking' para barcos. El día en que hablo con él sobre su negocio sopla el viento no de una manera intensa pero sí constante.

-Es que está cambiando el viento de levante a poniente. Esto hace que muchos dueños de barcos no salgan a navegar. El mar tiene ojos y siempre te pilla la ola más grande -dice Rafa con un deje filosófico.

Rafa y sus cinco o seis ayudantes no solo se encargan de vigilar los barcos, sino que los limpian y ayudan a entrar y salir a los que salen a navegar.

Las preguntas que le hago a continuación son más que nada producto de la curiosidad:

-¿Y salen muchos barcos a navegar todos los días?

-Una media de treinta. Hay días que si el mar está en calma no damos abasto.

-¿Y cuánto cuesta tener aquí 'aparcado' el barco?

-Unos 200 euros al año. Yo creo que es un precio que no está del todo mal.

-¿Y ha incidido mucho la crisis en este sector? Quiero decir que si muchos propietarios han decidido vender su barco y quitarse de encima gastos.

-Claro, aunque en lo que más se nota la crisis es que los propietarios de los barcos se lo piensan mucho antes de salir a navegar. Tienes que echar 60 o 100 euros de gasolina cada vez que das una vueltecita.

La playa Puerta del Mar es la que más se transforma por la noche. Los jóvenes dejan sus bañadores a remojar, cogen sus vestimentas claras para resaltar el moreno y se van de marcha a los muchos, buenos y variados locales de copas de los bajos del Altillo. Es entonces cuando Puerta del Mar se abre de par en par para permitir que entren todos los instintos.