Las obras del Castillo de Salobreña se convierten en una parte más de la visita

La mayoría de los turistas se muestran comprensivos con las obras aunque siempre hay alguna queja. /
La mayoría de los turistas se muestran comprensivos con las obras aunque siempre hay alguna queja.

El cierre de parte del recorrido, por las necesarias excavaciones arqueológicas, rebaja el coste de la entrada

CRISTINA BUSTOSSALOBREÑA

Se mantuvo durante meses pendiente de un hilo pero finalmente llegó y se quedará durante casi un año. La rehabilitación de Castillo de Salobreña, de uno de los reclamos turísticos y culturales de la Villa, comenzó el pasado mes de mayo y ya se ha convertido en un reclamo más para visitar el monumento nazarí. Y es que las excavaciones arqueológicas han logrado colarse como una parte más del recorrido por el Castillo.

Después de pasear por las estrechas calles de uno de los pueblos blancos de Andalucía, unas últimas escaleras encaminan a los turistas, ya casi sin aliento, a las puertas del Castillo. La mayoría de ellos, «por no decir todos», llegan dispuestos a conocer todo sobre el monumento construido en el siglo X pero no saben nada sobre las obras de rehabilitación. Así lo asegura quien los ve a todos pasar cada día: Tere, la taquillera. «La mayoría de ellos se muestran comprensivos», asegura aunque siempre hay alguna queja porque hay zonas del recorrido que se han cerrado.

Cada día se acercan hasta la cima de la Villa alrededor de sesenta personas y de momento, la convivencia entre las obras y al turismo transcurre sin incidencias. «No tengo ninguna orden de fuera así que continuamos con el trabajo que hemos hecho siempre», apunta Tere. «Las obras han llegado a convertirse en una atracción más», asegura José Rodríguez, encargado de la obra. Y no hay más que darse una vuelta por el Castillo para descubrir que José tiene razón: los visitantes se paran expectantes, escuchan y comparten opiniones sobre los trabajos de arqueología que se está realizando en el lugar. De momento, el patio central sí se ha cerrado el público porque las excavaciones que allí se están haciendo pueden suponer un riesgo para la seguridad de los turistas. El resto de zonas, cuenta el encargado, están acotadas pero se puede seguir paseando junto a ellas.

José Rodríguez, al igual que Tere, ha escuchado las quejas de algunos que protestan por no poder realizar el recorrido completo pero coincide en que son la minoría: «Se compatibiliza todo a la perfección», concluye. En las faldas del Castillo tiene Manuel su kiosco, abierto al público durante los meses de verano. Como un informador turístico más, ayuda a los turistas a elegir los encantos del pueblo o los mejores lugares para tapear, cenar o pasar una velada. Su cercanía con la puerta del monumento la permite escuchar las impresiones de los que entran y salen: «Se escucha de todo pero, para llegar sin saber que hay obras, no son muchos los que se quejan».

La gran grúa

Pero si algo ha llamado a la atención de vecinos y foráneos ha sido la colocación de una gran grúa que ahora reposa en la cima de Salobreña, visible desde la lejanía, como la guinda que corona el pastel. La estrechez de las calles del pueblo convirtió la subida de las distintas piezas en el espectáculo del día.

Todo medido al milímetro, la maquinaria y los camiones que la transportaban debían casi deslizarse por los apenas 2,5 metros que tiene de ancho la calle Antequera -vía que sube hasta el Paseo-. Los vecinos cuentan que se cortó el tráfico para que los camiones subieran en dirección contraria. Casi rozando las paredes, cada maniobra debía ser exacta ya que un mínimo error colapsaría toda la operación. Incluso los operarios municipales que trabajan en la zona comentan la jugada: «Era la única manera de subirla, por el resto de calles y curvas hubiera sido imposible». La concejala de Cultura y Casco Antiguo, María Eugenia Rufino, no quiso perder detalle y alaba la labor de los conductores: «Cada movimiento estaba medido, hicieron un trabajo increíble», comenta.

Aunque no afecte a la vida diaria del Castillo, la rehabilitación sí supondrá la cancelación de los eventos culturales que cada verano se celebran en el monumento o en el Paseo de las Flores. Así lo anunció la concejala de Cultura quien informó, además, que el cierre de parte del recorrido de la visita al Castillo los ha animado a rebajar la entrada de 3,45 euros a 2 euros. La decisión entrará en vigor la próxima semana.

El festival Tendencias o el Lucero del Alba que cada año tenían lugar en el Paseo pasarán a celebrarse junto al Pabellón de Deportes, en la misma zona que el Festival Cañaveral. Las obras de teatro o las noches del terror que se escenificaban en el Castillo se han cancelado. «Para los festivales tenemos que contar con una previsión de 1.500 asientos y no caben ni 600», se lamenta la edil porque «el Paseo es un espacio único para eventos de este tipo», recalca.