«Consumir me hace dejar de sentir miedo, pero el 'revuelto' es la ruina de las nuevas generaciones»
Rubén (nombre ficticio) explica que fueron los problemas de la vida los que le llevaron a caer en esta droga, pero jura que nunca la ha consumido inyectada
Rubén –no es su nombre real– se dirige a su vivienda para fumar 'revuelto' tras adquirirlo en distrito Norte, cuando es interceptado por los agentes ... de la Policía Local. Lo entrega sin resistencia y cuenta que lo consume desde hace más de diez años, pero solo cuando se lo puede permitir. «Unos meses más y otros menos, depende del dinero que tenga en ese momento», reconoce.
Lleva encima una pipa y todo lo necesario para aspirar de forma adecuada hasta el último miligramo. Rasca con ayuda de unas pinzas los restos que se solidifican en el interior del tubo tras muchas fumadas y con eso consigue una nueva pequeña cantidad de esta mezcla de heroína con cocaína. «A esa dosis la llamamos 'madre'. Son las caladas más buenas y puras de todas», relata.
Busca poder relajarse, evadirse. Explica que fueron los problemas de la vida los que le llevaron a caer en esta droga, pero jura que nunca la ha consumido inyectada. Le da miedo que ese efecto le pueda gustar aún más. Al fumarla consigue descansar, estar tranquilo. «Me hace dejar de tener miedo, pero la mezcla entre heroína y cocaína es la ruina de las nuevas generaciones», admite.
Afirma que el efecto que provoca unido a su bajo precio hace que esté siendo cada vez más demandada. El componente económico es lo que hace que se incline por esta opción.
En un callejón en el que la Policía Local encuentra habitualmente jóvenes consumiendo, un chico se esconde entre las sombras para fumar heroína solo dos horas después de conseguir su primera dosis ese día.
Lo hace junto a dos colegas que están en su misma situación. No les importa el frío. Tampoco atraer las miradas de los vecinos que viven tras los muros en los que se apoyan a la espera de sentir el efecto. Cuando les falta una cantidad mínima, sufren sudores y escalofríos, insomnio o diarrea. Acuden a esta zona dos o tres veces en semana. En determinadas épocas, cuando están en una «buena racha económica», algunas más.
Uno de ellos prefiere no contar a qué edad empezó a consumir esta sustancia y, aunque admite que ha probado otras muchas, ninguna le genera este nivel de quietud. A su lado, otro joven con ojeras marcadas no levanta la mirada del suelo en busca de algún resquicio de 'revuelto' que pueda aprovechar.
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