Frenan a tiros a un conductor ebrio tras atropellar a tres personas en Granada

Agentes de las policías Local y Nacional rodean al coche que causó el pánico en Nochevieja. /H. DE LA CASA
Agentes de las policías Local y Nacional rodean al coche que causó el pánico en Nochevieja. / H. DE LA CASA

El coche recorrió San Matías y Ganivet en dirección prohibida

Carlos Morán
CARLOS MORÁNGRANADA

Un todoterreno desbocado rompió la Nochevieja granadina e invocó el fantasma del terrorismo yihadista. Durante unos veinte minutos de pánico, un conductor recorrió el corazón de la capital en una alocada fuga que terminó entre tiros de la Policía Nacional. Luego quedó claro que su disparatado comportamiento se debió, presumiblemente, a una exagerada ingesta de alcohol. Nada que ver por tanto con un atentado. Pero hasta que el sujeto fue detenido y esposado por un enjambre de agentes de las policías Local y Nacional, la sombra de un ataque terrorista estuvo planeando sobre Granada, en plena despedida del año.

Sin luces por la Gran Vía

Todo empezó a las cinco y cuarto de la madrugada del primer día de 2019. A esa hora, dos policías nacionales observaron desde su vehículo oficial que un todoterreno estaba circulando por la Gran Vía con las luces apagadas. Los patrulleros hicieron una señal luminosa al conductor para que se detuviese, pero, lejos de atender al requerimiento, el automóvil salió disparado en dirección a la plaza de Isabel la Católica. El coche policial salió rápidamente tras él. Había comenzado una persecución que iba a sembrar el terror en el centro de la capital granadina. Todavía había cientos de personas en las calles celebrando la llegada de 2019. La situación era muy complicada.

En un primer momento, el fugitivo trató de huir por Reyes Católicos, pero se encontró con que esa calle estaba cerrada al tráfico debido a la concurrida fiesta de Nochevieja que habían organizado el Ayuntamiento y Canal Sur en la plaza del Carmen.

En realidad, Reyes Católicos estaba clausurada desde las nueve y media de la noche para garantizar la seguridad del evento. Así que el kamikaze se topó con que era imposible utilizar esa vía de escape.

Entonces, se dirigió a la calle Pavaneras e, inopinadamente, giró a la derecha y bajó en dirección prohibida por San Matías, una arteria angosta por la que solo se puede transitar en sentido ascendente.

A estas alturas, ya habían saltado todas las alarmas y la Policía Local se había sumado a la persecución. Nadie sabía qué intenciones tenía el conductor. Las sirenas aullaban y en el centro de la capital comenzaban a reinar el desconcierto y el miedo.

Tras recorrer los cerca de 300 metros de la calle San Matías sin que milagrosamente nadie resultara herido, el todoterreno irrumpió también en dirección prohibida en la calle Ganivet, probablemente la zona de ocio nocturno más frecuentada de Granada. Si normalmente esa parte de la ciudad ya suele estar de bote en bote, la madrugada del 1 de enero rebosaba de gente. Las cosas se estaban poniendo realmente feas. La prioridad de los agentes de las policías Nacional y Local era enjaular al fugitivo para detener su alocada fuga y evitar que pudiera atropellar a alguien.

En este sentido, el kamikaze debió darse cuenta de que no iba poder llegar al final de Ganivet porque las fuerzas de seguridad le cerraban el paso y entonces dio un nuevo volantazo para adentrarse en un pasaje sin salida que solo da acceso a un garaje, muy cerca de la calle Moras, que está plagada de bares y es un lugar muy buscado por naturales y forasteros. Al llegar a este punto, los agentes de la Policía Nacional efectuaron cuatro disparos al aire para alertar al gentío de lo que se les venía encima. Por fortuna, el todoterreno sufrió una colisión y se detuvo. En ese momento, varias decenas de personas trataron de acercarse hasta el conductor para agredirle, pero los miembros de las fuerzas de seguridad impidieron el linchamiento.

Tres personas resultaron heridas leves en este episodio, entre ellas, un policía nacional.

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