Federación De Comercio

Yo compro en mis pueblos

Huétor Tajar, Loja y Montefrío como referentes del comercio en sus zonas
IDEAL

Cada pueblo va forjando con el paso de los años su historia y su patrimonio. Cada una de sus calles, edificios, parque y nuevos espacios que ponen a disposición de sus habitantes van cambiando y adaptando las localidades, que viven en un estado constante de cambio y renovación. Con todo ellos, otra de las cosas que da personalidad y vida a cada pueblo son sus comercios, ya sean aquellos de toda la vida que han visto a generaciones crecer, o los nuevos que llegan para adaptarse y cubrir las posibles necesidades que van surgiendo con el paso de los años. Las calles de tiendas con escaparates cambiantes, los pequeños comercios de toda la vida y aquellos recién legados e innovadores aportan su granito de arena para avivar cada pueblo seas cuales sean sus especialidades.

En la provincia de Granada hay muchos pueblos que destacan por su comercio local, no sólo a nivel de sus propios habitantes, si no también por ser el lugar en el que se reúnen a comprar quienes provienen de las pedanías cercanas. Este por ejemplo es el caso de pueblos del poniente granadino como Loja, Huétor Tájar o Montefrío, todos ellos pertenecientes a la comarca de Loja. Todos ellos tienen en común su legado histórico y de patrimonio, así como cualquier pueblo, les hacen especiales sus productos típicos, lugares emblemáticos y marcas propias. Sus comercios dan vida a sus calles, de la misma forma que sus habitantes se encargan de dar vida cada tienda de estas localidades, que tienen mucho que ofrecer buscando siempre la máxima calidad y aprovechando sus puntos fuertes.

Existen muchos motivos por los cuales resulta ventajoso en apoyar el comercio local. Comprar en el propio municipio en el que se habita, entre otras cosas, resulta más cómodo por la cercanía. No sólo física. Es muy normal que en los pueblos no demasiado grandes casi todo el mundo de conozca entre sí. Esto, a la hora de realizar cualquier compra, supone el poder ser atendido por personas que posiblemente son conocidas de toda la vida, vecinos o incluso familiares lejanos. Este hecho transmite confianza a la hora de dejarse aconsejar en cualquier compra, ya que por lo general el trato resulta mucho más cercano y personal. Si por ejemplo un producto resultase defectuoso, en un comercio local es mucho más probable que el vendedor soluciones el problema con rapidez, acordándose de quién se lo ha comprado y quizás incluso del momento exacto en el que lo hizo, algo que no suele pasar al comprar por ejemplo en grandes superficies.

Para mucha gente, poder comprar en sus propios pueblos todo aquello que necesitan se trata de un valor añadido, de la misma forma que están «devolviendo» al pueblo parte de lo que les ofrece. Además del beneficio que suponen los productos que se puedan vender en la propia localidad, dada la frescura en caso de comida, por ejemplo, el comprar en los comercios locales supone contribuir a la economía del propio pueblo.

El consumo es necesario para vivir, tanto a la hora de productos alimenticios, como ropa o cualquier otro material, siempre se acaba invirtiendo en diversos negocios, en ocasiones incluso varias veces al día. Es un gasto que, al fin y al cabo, es necesario en todos los hogares. De esta forma, resulta mucho más eficiente para el buen desarrollo de los pueblos que sus habitantes hagan sus compras en la propia localidad, de manera que esta inversión sale del pueblo para quedar en el pueblo.

Otro de los incentivos del comercio local es el hecho de la vida que se genera en el pueblo. Muchas veces, hay calles en las que se concentran la mayoría de las tiendas, y si no es en el mismo punto, suelen tener conexiones cercanas unas con otras. Esto puede suponer que el hecho de ir a hacer la compra, a buscar unos zapatos nuevos o semillas para plantar en el jardín, termine siendo un agradable paseo en el que socializar con vecinos o conocidos del pueblo, ya que lo extraño sería el no encontrarse con alguien por la misma zona, o incluso visitando las mismas tiendas. Esto da un ambiente aún más vivo a los pueblos, ya que las calles se llenan en el momento en que sus habitantes las recorren de un comercio a otro cuando necesitan cualquier producto de consumo personal.