De compras en La Magdalena, el Malasaña granadino

Una pareja observa el escaparate de una de las tiendas de regalos en el barrio. / J.M.

En el barrio tratan de sobrevivir, pese a la poca afluencia de clientes, algunas de las tiendas más alternativas de la capital

Javier Morales
JAVIER MORALESGranada

En las callejuelas de la Magdalena hay de casi todo lo más antiguo, y de casi todo lo más moderno. Está la señora canosa que acude al salón de belleza, previo paso por el súper de toda la vida, y el 'hipster' pelirrojo que va a la nueva barbería de moda para que su peluquero le recorte el bigote y le atuse el tupé. Él ha cambiado el súper por la tienda de 'healthy food', comida saludable, porque casi todo lo más moderno en la Magdalena lleva título o subtítulo anglosajón: coworking, material revolution, fun, gifts, barber shop, freak... Al calor de los negocios alternativos y los pisos de estudiantes, el histórico barrio se empezó a reinventar mediada la década, mirándose en el espejo del barrio madrileño de Malasaña. Pero no todos logran compensar el precio de los locales.

Los alquileres en locales pequeños tienen como punto de partida los 650 euros mensuales. A esto hay que añadir reformas, gastos corrientes, mercancías, nóminas... Es una de las zonas más baratas del Centro, sí, pero los comerciantes se quejan de que la afluencia en sus calles va a menos. Son muchos los que emprenden en la zona, pero también los que cierran a los pocos meses de levantar al público la persiana, y hay tiendas con décadas de trayectoria que ahora se tambalean. Sara y Alfonso montaron una tienda de ropa 'pin-up' y fotografía hace ocho meses, en el local en el que antes había un local de ropa deportiva con fotos de artistas 'indie' en el escaparate. Los lojeños Lori Meyers, por ejemplo. «Para ser la zona que es, esta calle no tiene mucho tránsito. Decidimos venir porque es un barrio alternativo, pero con el paso del tiempo nos hemos dado cuenta de que la gente va a lo de siempre», lamentan Sara y Alfonso.

Lo de siempre, aseguran, son los centros comerciales. En su puerta pone 'closed': están empaquetando la mercancía que no han vendido y los aparatos de su estudio fotográfico. No abandonarán, sino que buscarán algo más asequible en otra zona de Granada. Entre la suya y otra tienda de regalos que luce carteles de 'liquidación por cierre' hay un edificio tapiado. Es otra de las caras 'b' de la Magdalena: los inmuebles medio en ruinas. Las casas de vecinos de dos o tres pisos se construyeron, en su mayor parte, entre finales del siglo XIX y principios del XX. Y el tiempo no perdona.

Los muros antiguos acogen ahora a gente joven. La cercanía de las zonas de marcha -como en Malasaña, en la Magdalena también hay bares y pubs de renombre- y facultades como la de Traducción han atraído a muchos vecinos universitarios. La habitación en estas calles parte de los 200 euros mensuales más gastos.

En la variedad...

A cambio, la posibilidad de vivir en el perímetro más variopinto de Granada. Hay tiendas que venden lo último en regalos, con los artículos más recientes de la serie, peli o videojuego en boga, al tiempo que sobreviven los viejos escaparates de Paoca Regalos. Así, un sinfín de comparaciones: tiendas de abalorios étnicos, joyerías de prestigio en la capital, establecimientos especializados en montañismo o patinaje, dos de fundas para móviles, expertos en numismática, laboratorios de acción escénica, varios estudios de fotografía, diseñadores de tatuajes, un par de espacios de trabajo compartido, librerías para todos los gustos, jugueterías históricas, una tienda de especias con balanza de aguja...

Está el gusto

Y es esta variedad la que capta la atención de los emprendedores. Nieves regenta 'Material Revolution', una tienda que en mayo se trasladó desde calles más abajo hasta la zona alta del barrio, en Moral de la Magdalena. Llegó de Valencia a visitar Granada cuando ya tenía en mente inaugurar algún negocio, pero se decidió cuando conoció el barrio de la Magdalena. Unos peluqueros le dieron el 'empujoncito'. «Empezamos a vender regalos con materiales diferentes. Por ejemplo, estas sardinas (señala una lata). Tenemos suerte porque aquí viven muchos estudiantes, cada vez más».

«Me decidí por la zona porque había un ambiente diferente, me gustaban las tiendas que había aquí, y de lo que hay en el centro es lo más asequible», relata Clara, otra emprendedora. Hace tres años y medio se lanzó al proyecto de La Madriguera, un establecimiento de ensueño para cualquier amante del dibujo o la escritura. En la variedad del barrio está su gusto, coinciden en señalar. Pero a renglón seguido, muchos añaden: «Lo malo es que las tiendas acaban cerrando muy pronto, por el tema de los alquileres...»

No es el caso de Laura, dueña de Cuentas y Pico, que cumple nueve años vendiendo abalorios en el casco histórico de Granada, ni de los comercios decanos del entorno, que ven correr el tiempo expectantes ante la transformación del barrio, que parece dar dos pasos adelante y uno hacia atrás. Como sucede con Malasaña en Madrid, la Magdalena se expande en sí misma al calor de lo 'alternativo', pero sin dejar de mirar de reojo a los precios que acaban por minar la paciencia de los emprendedores. Ya se habla de gentrificación.