El «chavico» y otras tradiciones de las cruces

El «chavico» y otras tradiciones de las cruces

Entre todos los elementos que adornan las cruces no debemos olvidar observar el famoso pero, o manzana, atravesado con unas grandes tijeras

F. A.GRANADA

«¡Un chavico pa la Santa Cruz! ¡Un chavico pa la Santa Cruz! ¡Un chavico…!» La frase todavía resuena en el recuerdo de muchas generaciones de granadinos que conocieron una fiesta del Día de la Cruz que, en muchos aspectos, era bastante diferente a la que las nuevas generaciones han vivido en los últimos años. Los niños de la Granada de más allá de medio siglo se sabían bien la frase petitoria del chavico, ya que cada tres de mayo la usaban para llamar la atención de los paseantes que, de cruz en cruz, de barrio en barrio, iban con ganas de disfrutar la fiesta. Y es que muchas cosas han cambiado en torno a tan granadina celebración, aunque por fortuna otras tradiciones se siguen manteniendo vivas.

Es el caso, por ejemplo, de colocar en todas las cruces el popular pero atravesado por unas tijeras («eso si, que sean unas buenas tijeras gitanas», afirman los entendidos en la costumbre de montar cruces). Y es que entre todos los elementos que adornan las cruces no debemos olvidar observar el famoso pero, o manzana, atravesado con unas grandes tijeras. Dice la tradición que tan singular y llamativo adorno aparece allí para cortar cualquier «pero» o defecto que se le pueda poner a la cruz. Viene a ser un «remedio» a la popular y tradicional «malafollá» granadina, ya que de este modo se evita que cualquier persona cuando vea la cruz y alabe su belleza pueda sacarle algún defecto. Se acaba así con las típicas frases de «ésta cruz es muy bonita y está muy bien montada, pero…». Las tijeras cortan todos esos peros. Es curioso observar como en cualquier cruz siempre hay alguien que recuerda la tradición y la explica al foráneo que se sorprende al encontrar en la decoración tan singulares elementos.

Pero, según la tradición, una cruz de mayo debe tener muchas más cosas, algunos afirman que incluso no debería faltar en ninguna cruz un pájaro de perdiz en su jaula cantando. Ver una cruz debe ser deleitarse con multitud de pequeños detalles que conforman un todo maravilloso que siempre llame la atención. Tal vez no haya mejor ocasión a lo largo del año para apreciar una auténtica muestra de la artesanía típica de la ciudad.

Artesanía

Cerámicas, objetos de taracea, tejidos artísticos, cobres o piezas de madera tallada se ofrecen al visitante de la cruz como extraordinarios tesoros de la historia viva de Granada. Las cerámicas de fajalauza son, tal vez, las piezas artesanas más típicas de la ciudad y más presentes en las cruces. Los orígenes de esta cerámica se remontan al siglo XVI como continuidad de la cerámica de fabricación musulmana. Desde entonces pocos cambios han experimentado, ni en su técnica ni en los temas y formas tradicionales que adopta. Su nombre proviene de los alfares y hornos existentes junto a la Puerta de Fajalauza en el Albayzín. El rasgo más característico de esta cerámica son los personales dibujos que incorpora en colores azul, verde y morado. Pájaros, flores, ramajes y granadas pintadas a trazos muy simples son los temas que aparecen representados en esta cerámica que tanto se ve junto a las cruces, ya sea en platos, fuentes, lebrillos, orzas o vasijas.

Las piezas de barro, o cerámica más sencillas realizadas por los alfareros que todavía trabajan en la provincia, también están presentes en forma de pipos, cazuelas, ánforas o curiosos botijos con forma de gallo o pez, etc. Es la artesanía típica de puntos de la provincia como Purullena, Guadix o la Costa. Los tejidos no faltan tampoco entre las muestras artesanales que ofrece una cruz de mayo. Por un lado destacan las piezas bordadas en tul, como mantillas de encaje o cortinas, y por otro los tejidos alpujarreños con sus llamativos colores. Las conocidas jarapas, hechas con tiras finas nudosas de lino en colores nítidos, aparecen colocadas en muchas cruces junto a tapices y alfombras con los llamativos colores de los tejidos alpujarreños. Siempre ha sido muy tradicional adornar el entorno de la cruz con colgaduras en balcones y ventanas. De siempre los vecinos de las calles o plazas donde se han montado cruces han engalanado sus balcones con mantones de Manila o las colchas o mantelerías más bellas del ajuar doméstico.

Y, por supuesto, los objetos de taracea también tienen su protagonismo. Desde tableros de ajedrez a pequeños joyeros, pasando por muebles y baúles, el delicado y paciente trabajo de esta típica artesanía de la ciudad tendrá su protagonismo propio. Las piezas de cobre también son muy utilizadas para el adorno de las cruces. El origen del trabajo en cobre en Al-andalus tiene sus primeras grandes manifestaciones a partir de la llegada de los almorávides. Las artes de trabajar el metal de los nazaritas destacaron bastante en todo el Mediterráneo. La tradición ha llegado hasta nuestros días, especialmente transmitida por el pueblo gitano, que encontró en su trabajo una fuente d ingresos. Como se aprecia, una cruz de mayo es todo un escaparate de la artesanía y la historia de Granada. Solo busca encontrar en cada cruz los elementos que distinguen y diferencia a Granada.

Por último, hay que reseñar la presencia de elementos religiosos en muchas cruces tradicionales, sobre todo cuadros y pequeñas imágenes de Inmaculadas o Niños Jesús. No podemos olvidar que, tradicionalmente, las cruces se instalaban en una especie de altarones en cuyos escalones iban colocándose los adornos, algunas imágenes religiosas y en lo más alto de todo la cruz. Todavía es posible de ver bellas piezas de nuestra imaginería en algunas de éstas cruces. Y, por supuesto, el elemento más tradicional de la fiesta es el clavel. Un Día de la Cruz sin ésta flor no sería posible. Y es que ya lo decía el recordado Paquito Rodríguez en sus coplas dedicadas a Granada: «… y al llegar el mes de abril, florecen en tus vergeles, orgullosos los claves de la vega de Motril».