El cerebro informático que controla el PTS

Los empleados controlan el buen funcionamiento técnicos del hospital desde sus ordenadores. /ALFREDO AGUILAR
Los empleados controlan el buen funcionamiento técnicos del hospital desde sus ordenadores. / ALFREDO AGUILAR

Los ordenadores situados en el sótano del edificio permiten vigilar y arreglar a distancia los ascensores, los sistemas antiincendios y la climatización | Los técnicos del hospital Campus de la Salud vigilan a través de sus pantallas los mecanismos del centro sanitario

SARAI BAUSÁN GARCÍAGranada.

Toda una jornada bajo tierra y mirando una pantalla. Podría parecer un trabajo de pesadilla o un castigo excesivo destinado a quienes no realicen su labor adecuadamente, pero los matices hacen de este un empleo disfrutado por sus protagonistas y «vital» para su empresa. Porque no miran una pantalla cualquiera, ni unas imágenes sin importancia, sino que ante sus ojos tienen un complejo mapa que les posibilita controlar cada rincón del que es su campo de juego, el hospital del PTS. Se trata de un complejo y completo mecanismo que ha permitido automatizar cada aspecto de la actividad de este hospital granadino a través de esta especie de cerebro informático.

Ascensores, sistemas antiincendios, gases medicinales, climatización de los quirófanos, calidad del aire... No hay área que no esté bajo la supervisión y responsabilidad de estos técnicos que se encargan de vigilar el perfecto desarrollo de cada uno de los aspectos del centro las 24 horas del día, los 365 días del año. Porque la sanidad nunca descansa, ellos tampoco lo hacen.

Cada tarea está medida al milímetro. Las decisiones se toman continuamente con una precisión quirúrgica para conseguir no solo que el hospital está libre de fallos técnicos, sino que la vida sanitaria no se vea interrumpida por ningún agente externo. «Aquí tenemos distintos protocolos de actuación cuando suceden determinadas emergencias o situaciones. Un ejemplo es cuando nos llega un enfermo en helicóptero. En esos momentos, desde aquí tenemos la posibilidad y la obligación de bloquear los ascensores para darle prioridad al paciente que venga en el helicóptero», explica Fernando Zúñiga, ingeniero y gestor energético del hospital del PTS.

La actividad del centro nunca cesa. Camillas que recorren pasillos sin cesar, enfermos y familiares que llenan cada estancia, profesionales que se dirigen de habitación en habitación para conocer de primera mano el estado de sus pacientes. Pero pocos de ellos saben que debajo de sus pies, escondido en los ensortijados pasillos de la planta -1, se encuentra todo un bastión de mando del que dependen la mayoría de las actividades de este hospital. «Apenas nadie conoce este lugar, pero desde aquí es desde donde controlamos todas las instalaciones importantes», indica Carlos Pimentel, coordinador jefe de mantenimiento.

Hospital monitorizado

Están ocultos, pero su labor se puede notar en cada rincón del edificio. Tal y como indican los responsables de este servicio, los técnicos son los encargados de velar por el perfecto funcionalmente en la distancia de aspectos tan dispares como las calderas, los sistemas de climatización de cada una de las salas y habitaciones, las cámaras frigoríficas de cocina, los sistemas de megafonía y un largo etcétera de detalles sin los que la vida en el PTS no estaría completa. «Estamos en cada sección, en cada ala, en todo el hospital. No se nos ven, pero el trabajo que se hace aquí el fundamental. Incluso es preferible que no se nos vea, porque significa que todo está yendo a la perfección», indica Pimentel.

Como ejemplo de la necesidad de su trabajo en la sombra, los técnicos indican que incluso en las operaciones, ellos tienen un papel distintivo. Cada habitación del hospital tiene que tener la climatización en unos grados concretos para que la estancia del enfermo sea agradable pero también para que su patología se trate adecuadamente. Una situación que también se traslada a las salas de operaciones.

«Los cirujanos nos piden diariamente que subamos o bajemos las temperaturas. Antes, los técnicos tenían que vestirse con la indumentaria de las operaciones, subir y cambiar manualmente la temperatura . Ahora, con estar detrás de la pantalla es suficiente», indica Zúñiga.

De igual modo, cuando una emergencia sucede, como podría ser un incendio, desde sus pantallas pueden modificar y dirigir los sistemas antiincendios, las alarmas, los ascensores, los pulsadores y las puertas, para controlar la situación a la mayor celeridad posible.

Ahorro energético

«Nosotros siempre intentamos prevenir antes de tener que curar, así que cualquier mejora que veamos desde mantenimiento la hacemos antes de que se convierta en un problema», dice Francisco Saldaña, coordinador jefe de mantenimiento. Por ello, desde su sección realizan al año 30.000 actuaciones de prevención, a las que se suman 11.000 órdenes de trabajo de aspectos que hay que corregir para que funcionen adecuadamente.

Durante sus jornadas, los técnicos intentan adecuar los sistemas para amoldarse a las normas vigentes, pero con la intención de reducir el gasto energético. Con «pequeños cambios», han conseguido, según indican, que en los cuatro primeros meses de 2019 se haya ahorrado un 14,64% de energía. Es lo que tiene usar un cerebro informático.