«La casa de mi abuela Vicenta tenía un huerto que para mí era el paraíso, con flores y una alberca»

Laura García Lorca nació en Nueva York en una familia exiliada que a partir de 1955 volvió a España cada verano a ver a la abuela Vicenta, madre de su asesinado tío Federico

«La casa de mi abuela Vicenta tenía un huerto que para mí era el paraíso, con flores y una alberca»
RAMÓN L. PÉREZ
Ángeles Peñalver
ÁNGELES PEÑALVER

Laura García Lorca (Nueva York, 1954) nació en el exilio neoyorquino y fue la benjamina del matrimonio formado por Francisco García Lorca -hermano de Federico- y Laura Giner de los Ríos. Su madre fue profesora de literatura española en el Barnard College de la Universidad de Columbia y en la escuela de verano de Middelbury; mientras que su padre ejerció de escritor, profesor universitario y diplomático, entre otras muchas facetas. Cuando ella, la menor de tres hermanas, tenía un año, su familia empezó a volver cada verano a Madrid, a Meco, donde residía Vicenta, la abuela materna de las niñas y madre del asesinado Federico García Lorca. «En casa de la abuela Vicenta había un huerto que para mí era el paraíso: con árboles, flores, unas rosas de una fragancia tan intensa que jamás he vuelto a oler unas igual, una alberca, dos mulos, cerdos, gallinas... Aquello estaba cerca de Alcalá de Henares y a mis hermanas Gloria e Isabel y a mí nos encantaba», describe la sobrina del autor del 'Romancero Gitano'.

Los veranos -hasta que la pequeña Laura cumplió los nueve años- también tenían una cara americana que le apasionaban. Sus padres dirigieron los cursos de verano de la Middlebury College Graduate School, en el estado de Vermont. «Nosotros éramos niñas y nos mudábamos con ellos a la casa de verano en Vermont, allí el paisaje era montañoso y espectacular, con caballos... Además, nuestra casa de Nueva York era muy española y la que alquilábamos para el verano, mientras mis padres trabajaban en el 'college', era muy americana y eso nos resultaba muy atractivo a mis hermanas y a mí», describe Laura García Lorca.

Allí, las pequeñas Gloria, Isabel y Laura García Lorca compartían la vida con algunos amigos de sus padres, como los poetas de la Generación del 27 Pedro Salinas, Jorge Guillén o Luis Cernuda. Por las tardes, recuerda, cantaban en el campus junto a los estudiantes y profesores canciones tradicionales españolas en un ritual que a las niñas se les antojaba algo fantástico. «Más tarde se incorporaría Carlos Bousoño, por ejemplo. Pero yo tengo muchos recuerdos de Jorge Guillén, especialmente, y de su hija Teresa, que para mí siempre ha sido como una hermana mayor», rememora.

La familia regresó a Madrid en 1968 con sus tres hijas y empezó a residir en una casa de la calle Miguel Ángel. Laura era ya adolescente y en esa etapa empezaron los veranos familiares en Nerja.

«Yo no soy muy de montaña, así que en los últimos años normalmente nos hemos ido o a Tanger o a Portugal a veranear... especialmente me gusta ver el mar o el campo cultivado», se despide la sobrina de Federico García Lorca.

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