Calderería recupera su imagen tradicional

Así ha cambiado Calderería desde mediados de octubre a ayer. /PEPE MARÍN
Así ha cambiado Calderería desde mediados de octubre a ayer. / PEPE MARÍN

La asociación de vecinos del Albaicín aplaude la medida, respalda al Ayuntamiento y asegura que «se gana seguridad y se evitan incomodidades»

Javier F. Barrera
JAVIER F. BARRERAGRANADA

Un grupo de turistas orientales atraviesan la Alcaicería. Sacan fotos y se hacen 'selfies', miran los escaparates y compran recuerdos. Lo que no saben es que, hace apenas un par de semanas, esas mismas estrechas calles estaban atiborradas de mercancía esparcida por el suelo y desplegada por las fachadas. Ahora, esa imagen no es más que un recuerdo. No solo en la Alcaicería, sino que se extiende a Carrera del Darro, Cuesta Gomérez, Elvira y Calderería, que han recuperado su imagen tradicional.

La contundente aplicación de las normas del Plan Albaicín que el Ayuntamiento de Granada ha consensuado a lo largo del último año con asociaciones vecinales, profesionales y la Federación de Hostelería, han tenido el buscado efecto. Ahora, las normas se cumplen y no se hace la vista gorda con una costumbre que empezó poco a poco y que había «contaminado» -en expresión utilizada por la asociación de vecinos del Albaicín-, la imagen del barrio Patrimonio de la Humanidad de la Unesco.

De la Alcaicería a Calderería, un profuso grupo de alumnos de algún instituto extranjero están sentados frente a San Gregorio, Calderería arriba, donde atienden las explicaciones de sus profesores. Cuando enfilan la calle rumbo a Elvira hacen lo propio: sacan fotos y compran baratijas. No parece a primera vista que la medida de aplicar la prohibición de invadir con mercancías la vía pública y ocupar las fachadas a discreción con el género afecte directamente al encanto de una calle que, ahora, recupera por ejemplo la perspectiva y permite apreciar los faroles de forja que cuelgan y embellecen el lugar.

La asociación de vecinos del Albaicín se muestra agradecida. Su presidente, Antonio Castro, manifiesta que «se gana seguridad y se evitan incomodidades» porque hasta ahora «hemos visto cómo el barrio va perdiendo comercio en beneficio del turista; y la Calderería es paradigma de tan lamentable fenómeno. Los establecimientos fueron reemplazados, por teterías primero y luego por tiendas para turistas, cuya mercancía no fomenta la artesanía local. Se trata de objetos extraños a la cultura granadina y andaluza, directamente importados de países orientales de bajo costo».

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