Las aventuras del primer Erasmus de Granada, treinta años después

Hace tres décadas, Juan Ignacio Soto, hoy catedrático de la UGR, viajó a Tesalónica (Grecia) para vivir «una experiencia que le cambió la vida»

Juan Ignacio Soto en imagen actual. /Pepe Marín
Juan Ignacio Soto en imagen actual. / Pepe Marín
DIEGO CALLEJÓNGranada

Este curso, la Universidad de Granada ha vuelto a liderar la clasificación europea de adjudicaciones para el programa Erasmus+, con un total de 2.286 plazas cubiertas. A día de hoy, la entrada y salida de estudiantes de intercambio está absolutamente normalizada en Granada, pero en los inicios el programa Erasmus, hace ya treinta años, salir al extranjero era «una rareza». Así lo define Juan Ignacio Soto Hermoso, el que puede ser considerado como el primer Erasmus de Granada. Con motivo del treinta aniversario de este exitoso programa universitario, hablamos con Soto, quien viajó casi tres meses –de abril a junio de 1988– a Tesalónica (Grecia) para vivir una experiencia que «le cambió la vida» y le ayudó a convertirse en el respetado catedrático de Geodinámica Interna de la Universidad de Granada que es a día de hoy.

«Europa no la han construido solamente los políticos, sino también los Erasmus» EL PROGRAMA

En uno de los armarios de su despacho de la Facultad de Ciencias, Soto aún conserva dos libretas perfectamente cuidadas que atesoran una enorme cantidad de aventuras, recuerdos, billetes, anotaciones y dibujos de su estancia en Grecia. Este 'tesoro' atestigua cómo Soto, por entonces recién licenciado en Geología y estudiante de una tesis doctoral, «se desarrolló» durante su estancia en Grecia «a nivel personal, académico y humano».

Por aquel entonces, el programa Erasmus estaba tan en pañales que Soto se enteró «por casualidad» de su existencia. «Francisco Lodeiro, que era director del Departamento en el que cursaba mi tesis, me comentó que había varias plazas por cubrir de un nuevo programa en el extranjero, y que estaban especialmente pensadas para estudiantes de doctorado», explica Soto. A pesar de que su director de tesis «se mostró reticente al viaje», porque no había «un plan trazado» ni unas «tareas concretas» que hacer en Grecia, Juan Ignacio se lanzó a la aventura y se preocupó de «aprovechar el tiempo y estar siempre ocupado».

Soto en diferentes lugares durante su estancia en Grecia. / J. I. S.

«Nunca había salido de España, y me llamaba la atención ir al extranjero, ver otra universidad y la geología de otro país, ya que para nosotros es muy importante conocer otros lugares», narra el catedrático granadino.

Aunque en aquella época no se veía necesario «un viaje largo de ese tipo», Soto aprovechó el «apoyo incondicional» de sus padres y puso rumbo a Tesalónica. Nada más llegar, se presentó «a todos los profesores» y acudió «a distintos cursos de geología y trabajos de campo para aprender todo lo posible». Durante los tres meses de su estancia, el joven estudiante aprovechó para «viajar a distintas partes» de Grecia, «intercambiar conocimientos» con otros estudiantes e, incluso, dar sus primeros pasos como docente, ya que le encargaron «tareas de profesor» y «supervisión de proyectos».

«En los ochenta era una rareza irse a estudiar fuera, ahora lo raro es no viajar» MOVILIDAD EUROPEA

Para comunicarse, Juan Ignacio reconoce que fue clave su «conocimiento del inglés», un idioma que «dominaban con soltura casi todos los estudiantes griegos, algo muy raro por entonces en España». Del mismo modo, Soto cuenta que en su adaptación fue fundamental «la hospitalidad de los griegos», que es «un aspecto que ellos tienen como norma» y que le ha llevado a volver en varias ocasiones al país heleno. «Gracias al Erasmus, he mantenido comunicación con los profesores y compañeros que conocí, los hemos acogido en Granada para varios proyectos y yo también he vuelto allí para seguir estudiando la geología de Grecia», cuenta el profesor. A nivel profesional, la experiencia fue «clave» para el futuro del catedrático. A nivel personal, afirma que le dio «independencia y seguridad».

A pesar de que «en los años ochenta era una rareza irse a estudiar fuera», Juan Ignacio Soto reconoce que para él fue «una experiencia muy enriquecedora». Por ello, «se alegra» de que el programa Erasmus se haya expandido tanto como para que a día de hoy sus hijos, «también estudiantes en el extranjero», le cuenten que «ahora se mira raro al estudiante que no se va de Erasmus».

Dibujo de Tesalónica realizado por Juan Ignacio Soto.
Dibujo de Tesalónica realizado por Juan Ignacio Soto.

En este sentido, Soto recalca que fue «muy importante» para él «soltarse» y visitar enclaves como Atenas, Meteora o Santorini. «El apoyo de la UGR me sirvió para animarme a ir después a otras universidades más relacionadas con mi investigación durante la tesis, como Oxford o Houston», explica el geólogo. Aunque estos otros viajes los hizo con becas distintas o ayudas del Ministerio de Educación, Juan Ignacio reconoce que el Erasmus fue «el punto de inicio para ser una persona inquieta y con curiosidad por viajar a otros países y aprender de otros alumnos y profesores».

El cambio de Europa

Finalmente, valorando sus aventuras por Grecia y lo que le aportaron profesionalmente, Soto define como «extraordinario» el éxito y expansión del programa Erasmus durante estos treinta años. «Creo que Europa ha cambiado, no solamente a raíz de las directrices políticas y de la unión económica, sino sobre todo por esta beca que ha permitido que los jóvenes salgan y vean que no existen tantas diferencias, que es positivo conocer a alumnos y profesores de otros países, aprender de ellos y ver otras culturas y formas de vivir», reflexiona el catedrático.

Sin duda, la experiencia de este 'primer aventurero' sirvió para abrir una brecha que ha permitido a numerosos granadinos construir un continente, ya que, como afirma el propio Soto, «Europa la han hecho los jóvenes a través del programa Erasmus».