La Audiencia revoca la primera condena por las molestias de los pisos turísticos

Dos turistas pasean por una calle de Granada/JORGE PASTOR
Dos turistas pasean por una calle de Granada / JORGE PASTOR

Un juzgado clausuró el año pasado la actividad en dos inmuebles del Centro porque era «perjudicial», pero no se han probado los daños causados en el bloque, donde hay más viviendas de este tipo

YENALIA HUERTASGranada

El gozo de la comunidad de propietarios granadina que logró clausurar unos pisos turísticos del Centro por las molestias que causaban los visitantes a los vecinos ha durado poco más de ocho meses. La Audiencia Provincial de Granada acaba de revocar la sentencia que ordenó el cese de la actividad en aquellos dos inmuebles, al concluir que la actividad era lícita y «no existe prueba alguna que acredite que los turistas que vienen ocupando los pisos de la demandada desde febrero de 2016 hayan ocasionado daños materiales en los ascensores, en el portal o en las escaleras».

Tampoco se ha acreditado, en opinión del tribunal, que sean los inquilinos temporales de esos pisos, normalmente alquilados por visitantes que vienen a descubrir los bellos rincones de la ciudad de la Alhambra, quienes dejan la basura en las distintas plantas del edificio. «Para acreditar estos hechos debió aportarse algún tipo de prueba», subraya la sentencia. El fallo estima de este modo el recurso que interpuso la propietaria de las dos viviendas en su día clausuradas, que ha estado representada por el despacho Vicente Tovar Abogados.

La Audiencia considera que el testimonio de los testigos propuestos por la comunidad de propietarios «carece de valor probatorio» por dos motivos. El primero, «porque no precisaron ningún daño concreto». El segundo, porque son parte interesada en este litigio.

El fallo destaca que la comunidad de propietarios no precisa en su escrito de demanda en qué han podido consistir «los supuestos gravísimos daños» causados por los pisos de la propietaria demandada, «ni aporta, al menos, un reportaje gráfico de estos daños y las facturas abonadas por su reparación». Es más, recuerda que la comunidad dispone de un sistema interno de grabación en el edificio, por lo que «la prueba de quién ocasiona esos daños le hubiera resultado muy sencilla».

Otra de las quejas alegadas por los moradores del bloque era la «sensación de inseguridad» permanente que les producía el trasiego constante de personas desconocidas con acceso a las zonas comunes. Sin embargo, esa inquietud no es suficiente, en opinión de la Audiencia, para impedir la dueña de los pisos que los pueda alquilar a turistas. La sentencia dice expresamente que ese sentimiento «no justifica que se limiten derechos dominicales de uno de los propietarios del inmueble».

Trasiego

En el bloque existen otras viviendas que se dedican a la misma actividad que los pisos de la controversia. Además, hay otros destinados a despachos profesionales que también provocan un goteo incesante de ciudadanos. En opinión de la Audiencia, no se puede, por tanto, culpar en exclusiva a la dueña de los dos pisos turísticos del trasiego de personas del edificio.

Para el tribunal, no es justo que unos sí puedan explotar sus pisos de este modo y otros no, pues «carece de justificación –añade en este sentido– que a unos vecinos se les imponga el cese en la actividad y que esta misma actividad se les permita a otros». Aparte, como agrega la resolución, fechada el 6 de junio y a la que ha tenido acceso IDEAL, la propia comunidad reconoce que no es su intención prohibir este tipo de arrendamientos, que ya ha dado lugar a la colocación de cámaras en el bloque y a que se eliminen los asientos en las zonas comunes para evitar, en la medida de lo posible, la ocupación de esos lugares.

Sobre las molestias concretas que llevaron al primer juzgado que examinó el caso a dar la razón a la comunidad –el ruido que hicieron una madrugada de septiembre de 2016 los arrendatarios de uno de los inmuebles y otra reunión otra medianoche en octubre del mismo año–, la Audiencia deja claro que son hechos puntuales, «dos únicas situaciones, al margen de que en una ocasión se quedaran atrapados en el ascensor cuatro turistas, que es precisamente el número de ocupantes permitido».