Denuncia un robo en la tumba de su hijo en el cementerio de Belicena
El nicho donde descansa Aarón, fallecido hace cuatro meses, amaneció este lunes sin una corona muy simbólica para la familia
No sabe si siente más indignación o pena. «Ya no hay respeto por nada», dice compungida Mónica Fernández, una vecina de Belicena a la que ... le han dado donde más duele. Un elemento muy simbólico para ella, una corona, ha sido sustraída de la tumba de su niño, fallecido hace cuatro meses. Se percató del robo ayer, lunes, y presentó una instancia en el Ayuntamiento para pedir la instalación de cámaras de seguridad: «No es por el valor en sí de la corona, es por el daño sentimental», lamenta.
Acude de media dos veces al día a visitar el lugar donde descansa su hijo Aarón, que perdió la vida con solo 17 años. El domingo por la tarde todo estaba en su lugar. Al día siguiente, el lunes por la mañana, faltaba la corona. «Es muy simbólica, porque él siempre me decía: levanta la cabeza, mamá, que se te cae la corona de reina. Yo le decía que esa corona era suya, porque él me convirtió en madre», cuenta Mónica, que tiene otras dos niñas pequeñas. «Cuando voy con ellas al cementerio siempre les digo que allí no se pegan voces, se respeta; por eso no entiendo que haya gente capaz de entrar al camposanto a robar», admite.
Cree que pudieron cogerla pensando que era de oro y se podía revender, pero no lo es. Aún así, espera que quien la tenga recapacite y la devuelva. «No es la primera vez que ocurre, ojalá instalen cámaras, porque aunque cierren la puerta se puede saltar», apostilla.
Una enfermedad ultrarrara
Su hijo Aarón falleció por una enfermedad ultrarrara denominada PKAN, que se caracteriza por la acumulación de hierro en el cerebro. Al ser neurodegenerativa, con el paso de los años los pacientes pierden la capacidad de hablar, caminar, tragar o ver. «Es muy cruel y no tiene cura. Fuera de España hay algunos estudios, pero aquí no se apuesta lo suficiente por la investigación y hay mucho desconocimiento. Los diagnósticos tardan en llegar», denuncia. Su hijo pesentaba síntomas evidentes a los 7 años, pero no le pusieron nombre a la dolencia hasta que no tuvo 9.
En España hay aproximadamente 30 casos diagnosticados. La esperanza de vida es de aproximadamente una década a contar desde el diagnóstico. Aarón falleció a los 17 años, justo diez años después de aquellos primeros síntomas que hablaban de que algo no iba bien.
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