El alma solidaria de las granadinas

Katie Winkler es voluntaria en el servicio de reparto de comida del Hospital San Rafael./RAMÓN L. PÉREZ
Katie Winkler es voluntaria en el servicio de reparto de comida del Hospital San Rafael. / RAMÓN L. PÉREZ

Dos tercios de los más de 30.000 voluntarios que dedican su tiempo libre a alguna de las 268 asociaciones de la provincia son mujeres

ROSA SOTOGRANADA

Sin esperar nada a cambio y con la única intención de ayudar a los demás. Este es el principal objetivo que comparten todas las personas que se dedican a alguna actividad solidaria. Precisamente ayer se celebró el Día del Voluntariado, una jornada para agradecer y visibilizar la labor que hacen todos estos ciudadanos altruistamente con el fin de mejorar el día a día y el entorno de quienes pasan una mala situación, ya sea a corto o largo plazo.

Las últimas estadísticas sobre el movimiento de voluntariado de la Junta destacan que casi dos tercios de los 31.612 voluntarios de la provincia granadina son mujeres. Esta superioridad numérica en las entidades solidarias se cumple en cada una de las provincias andaluzas con Córdoba como única excepción.

En la provincia de Granada hay un total de 268 asociaciones, 75 de ellas en la capital, que orientan su actividad a diferentes colectivos para cubrir todas las ramas de la sociedad, desde el área social, pasando por la atención a los consumidores y cubriendo los ámbitos de la cultura, el deporte, la educación y el medio ambiente, así como la salud, la promoción entre mujeres y hombres y la cooperación internacional.

De acuerdo con el último registro, hay 69 entidades especializadas en personas mayores, otras 101 en jóvenes y 87 en menores de edad. Un total de 79 asociaciones centran su atención en mujeres; 30 lo hacen con las minorías étnicas y otras 52 en inmigrantes. Además, hay otros 75 colectivos que cubren cualquier discapacidad; otros 35 que ofrecen ayuda a dependientes y 35 grupos de autoayuda. La clasificación se cierra con 99 asociaciones orientadas a la población en general y 30 entidades granadinas cuya actividad está fuera de la comunidad autónoma.

Protagonistas

Más allá de estos números hay nombres de personas que dan la cara cada día por la causa que defienden y para hacer un poquito mejor el mundo de quienes no tienen tanta suerte. Al menos así lo explica la californiana Katie Winkler, que llegó hace un año a Granada para estudiar el máster en Cultura de Paz, Conflictos, Educación y Derechos Humanos de la Universidad de Granada. Esta joven de 25 años decidió hacer su proyecto final sobre su experiencia como voluntaria en el Hospital San Rafael, que pertenece a la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios. Esta congregación destinó el año pasado un total de 859.904,07 euros procedentes de donaciones de particulares y empresas para cubrir las ayudas sociales y los proyectos de voluntariado.

Esta estadounidense acude cada miércoles a San Rafael a repartir alimentos entre las personas con dificultades económicas, sin hogar y con algún tipo de adicción. También ayuda a repartir jabones, champú, toalla y ropa limpia en el servicio de duchas de las instalaciones. «Granada es una ciudad muy bonita que, desafortunadamente, también esconde una cara menos amable para algunas personas que, cuando las conoces, te das cuenta de que son increíbles. Además, tengo la suerte de colaborar con un grupo de estudiantes y jubilados que dan su vida a los demás», relata Winkler.

El motivo por el que Cecilio Augustín decidió colaborar con la ONG Agua de Coco es claro: «Quería dedicar mi tiempo a otros». Este granadino de 58 años dedica tres horas a la semana a poner en orden todos los papeles de la entidad. «Me encargo sobre todo de las tareas administrativas, pero el simple hecho de saber que soy útil para el proyecto me sirve. He aprendido el sentido de voluntariado y estoy muy agradecido».

Esta ONG trabaja especialmente el ámbito de la educación en países en desarrollo y del Tercer Mundo y a día de hoy tienen en marcha un programa educativo y de alimentación en Madagascar. Actualmente Augustín está inmerso en la organización de un viaje de 12 de las niñas del Centro de Arte y Música que gestionan allí y que tienen previsto actuar en Kenia y Etiopía. El desarrollo de actividad depende de los fondos que consiguen con las donaciones de socios y transferencias de otros colaboradores puntuales.

La Cruz Roja lleva a cabo en Granada proyectos de voluntariado en áreas de intervención social, infancia y juventud, planes de empleo, socorro y emergencias, cooperación internacional y gestión de los propios voluntarios. Gema Pacheco participa en tres de estos ámbitos: en intervención social, donde ayuda a personas en riesgo de exclusión social; en infancia y juventud, donde pone en marcha programas de recogida de juguetes o material académico; y en gestión de los propios voluntarios, ofreciendo información a nuevas incorporaciones y preocupándose por el estado del equipo. «Hay muchísima gente en otros países que necesita ayuda, pero también a nuestro alrededor, y cuando les pones cara y pasas el día con ellos te das cuenta de la necesidad que hay aquí. Ayudarles me da mucha satisfacción», asegura y por eso recomienda participar en cualquier proyecto de voluntariado. «La cuestión es ayudar», sentencia.

Los animales también se benefician de la buena voluntad de algunas personas. Mar Moreno, de 38 años, lleva casi medio año colaborando con la asociación animalista Por Patas, que se fundó en el año 2013 con el objetivo de buscar un hogar a gatos y perros sin hogar. «Desde pequeña, desde siempre, sentí debilidad por los gatos», reconoce Moreno. «Ayudar a estos animales abandonados es de lo más profundo que he vivido. Da una gran satisfacción ver la evolución de un gato callejero y su recuperación en un hogar de acogida o adoptivo, además son animales muy agradecidos», explica esta granadina.

La asociación Por Patas se encarga de capturar, esterilizar, vacunar, acoger y dar en adopción a gatos sin hogar, a la vez que mantiene colonias controladas para evitar la reproducción estacional. También cuida a perros y corre con los gastos de las residencias caninas. Todo ello sale de las donaciones anónimas que reciben o del propio bolsillo de la decena de voluntarias que forman parte del equipo. «Todas las personas son bienvenidas, hay espacio para todo el mundo», concluye.

 

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