El Albaicín pierde en el incendio de la calle Guinea a su vecino más bohemio e insigne poeta
José Ortega Torres, profesor de la UGR que firmó su obra como Narzeo Antino, fallece en el carmen de Aynadamar, junto al 'Balcón de los Pintores' de la Alhambra, donde fue asaltado dos veces
Narzeo Antino falleció como eligió vivir. Solo, en su carmen del Albaicín y con la mejor vista posible de la Alhambra por testigo. Narzeo Antino ... es el anagrama de José Ortega Torres, exprofesor de la Universidad de Granada, vecino y enamorado del Albaicín, bohemio, solitario, soltero y sin hijos.
Su carmen de Aynadamar en el corazón del barrio tenía un pequeño jardín con, probablemente, la vista más bonita que puede tenerse de la Alhambra. De hecho, es una partición del contiguo, donde desde el llamado popularmente 'Balcón de los Pintores', insignes artistas de la época pintaron la Alhambra para que se conociera por todo el mundo.
Narzeo Antino-José Ortega Torres, que ha fallecido este sábado en su vivienda como consecuencia de un incendio, poemó su carmen, su barrio, su vida y su visión particular del mundo sin vender ni un solo de sus principios y sin comprar ningunos otros. «Aynadamar el recinto del amor. Y tu presencia/claro fulgor: inminencia/alza el afán nunca extinto./Conjunto de laberinto/entreteje la colina/(sabio secreto de mina/tanta riqueza procura)./Huésped tú de la hermosura/donde la ofrenda culmina./ 'Diamante', Granada, 1978, p. 34.
Miguel J. Carrascosa, presidente del Centro Unesco Andalucía en el año 2006 escribía sobre 'Narzeo Antino y el Albayzín': «Su poesía se caracteriza por una gran precisión conceptual, una lucidez humanista poco común y un lenguaje culto y sensual, que demuestra un hábil y logrado dominio de los registros y de las estructuras métricas».
«Si la palabra hablada o escrita da todo –todo el ser de quien la dice o escribe– bien podemos proclamar que los versos de este singular poeta del Albaicín –que son como «un vibrar de cuerda pulsada o un zumbar de abeja con la miel a punto'– merecen el supremo don de ser escuchados», termina el escrito.
Un carácter especial
José Ortega Torres cursó los estudios de Filología Románica en la Universidad de Granada entre 1966 y 1969, y se licenció en 1971 con la memoria 'Aproximación a la poesía de Rafael Guillén', dirigida por Emilio Orozco Díaz. Obtuvo el doctorado en Filología Hispánica en 1971 con la tesis 'La poesía de Rafael Guillén: lengua, temas y estilo'.
En 1975 fundó con el poeta gaditano José Lupiáñez y el granadino José Gutiérrez la colección Silene, que ha publicado desde entonces obras de muchos poetas locales. Entre otros Juan de Loxa, José Rienda, Elena Martín Vivaldi y Carmelo Sánchez Muros. Se jubiló como profesor de Literatura Española en la Universidad de Granada en 2012.
Sus vecinos que lo trataron y conocieron desde pequeños lo recuerdan como un personaje con un carácter especial, entre el genio escondido y el sabio locuelo, con el que pegaban la hebra cada día para escuchar su análisis crítico y cínico sobre la vida, la sociedad, la política. Carlos Yagües es uno de estos albaicineros que han conocido y tratado al ahora fallecido. «No era un pseudo intelectual. Era un gran artista interiormente muy rico y muy sensible y muy adelantado a nuestro tiempo. No ahora, sino que ya iba por delante desde los años ochenta».
De su carácter entre solitario y bohemio explica que era un personaje muy crítico con la política y a la sociedad española y el rumbo que estaba tomando. «Estaba apartado de los círculos sociales y culturales. Vivía al margen de todo este boato de intelectuales de pacotilla y de bombo y platillo».
«Se había apartado del sistema y de la forma de vida hipócrita. Son sus propias palabras, confirma Carlos Yagües, que recuerdo de nuestras conversaciones. Era raro el día que no nos encontrábamos por el Albaicín y echábamos nuestro rato sobre la actualidad». De este carácter bohemio y solitario nace también el personaje. «Quizá era un poco descuidado, pero en absoluto tenía síndrome de Diógenes».
También se había quedado quizá anclado en el tiempo. En su tiempo. «No tenía ni equipo de música ni televisión. De internet ni hablamos. Tampoco tenía móvil. Lo que le gustaba –un enamorado del Albaicín–, era pasear sus calles acompañado por sus perros».
Episodios violentos
Su carácter reaccionario quizá le llevó a meterse en problemas con la Justicia a costa de unas pintadas. En el año 2010, la Fiscalía de Medio Ambiente de Granada interpuso denuncia contra él por realizar numerosas pintadas en el Albaicín. Se le imputó un delito contra el patrimonio histórico al pintar muros y puertas del barrio de madrugada con frases como «Fumar mata».
Entonces, algunos vecinos limpiaron las pintadas de los muros, y José Ortega reaccionó. Se dedicó a sumar a sus grafitis una especie de diálogos del tipo «Fumar mata y cabrea» o «A mí quién me borra». Hoy, algunos vecinos piensan que quizá estaba experimentando con su poesía de otra forma.
Lo peor de todo fueron los asaltos que sufrió en los últimos años. Al menos entraron dos veces en su carmen de Aynadamar de la calle Guinea mientras él se encontraba en el interior. El segundo asalto fue el peor de todos porque se ensañaron con él. «Entraron dos individuos de una casa okupa cercana. Estaba echando la siesta y le golpearon con una barra de hierro».
Fue entonces cuando los vecinos del barrio empezaron a preocuparse realmente por José Ortega Torres. No solo era ya mayor, ha fallecido con 83 años de edad, sino que vivía solo y encima sufría asaltos con violencia. «Nos temíamos lo peor. Y lo peor justo acaba de pasar». Hoy, el Albaicín lamenta la pérdida de su vecino más bohemio, del poeta insigne, del albaicinero enamorado.
Por todo, la asociación de vecinos del Albaicín se plantea rendirle cumplido homenaje. Como los versos que Narzeo Antino, con un razonamiento innato, escribió desde su carmen de Aynadamar en su poema 'Clamor de frutos', de su obra 'Ceremonia salvaje. 1973': «Cruje el rubí del tiempo, silba el aire/por su bífida lengua. Nadie muere/ Se incendia la mañana». Justo como el fuego que devoró al poeta, al personaje, a José Ortega Torres y a Narzeo Antino para seguir viviendo siempre, con la Alhambra de testigo.
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