Ocho años de espera para una plaza que no llega

Ocho años de espera para una plaza que no llega

Los vecinos de una urbanización junto al PTS recogen firmas para la construcción del parque proyectado frente a sus viviendas

JAVIER MORALES

En la plaza Catedrática Asunción Linares no hay fuentes, ni bancos, ni columpios. No hay ni rastro del parque junto al río Monachil que los vecinos imaginaron, sobre los planos en papel, junto sus viviendas. Sólo tres mil metros cuadrados de gravilla, plagada de excrementos y malas hierbas, una treintena de árboles y una «zona de expansión canina».

Así es el paisaje contra el que luchan los residentes de esta zona a medio camino entre el Zaidín y el PTS. Desde hace unas semanas recogen firmas para que el Gobierno municipal «proceda a ejecutar lo acordado, prometido e incluso exhibido».

Son los términos empleados en el escrito que pretenden presentar ante la Concejalía de Urbanismo a final de verano. Un total de 161 viviendas conforman el residencial Campus 3, cuya segunda fase, según explica una de las vecinas, concluyó en el año 2008. Desde entonces, la entrada principal de esta urbanización, situada en la avenida de Dílar, frente a las antiguas cocheras de Transportes Rober, se comenzó a utilizar a modo de aparcamiento, gorrilla incluido. En 2013, los residentes iniciaron una recogida de firmas y, en el marco de las reformas del entorno del río Monachil, el Ayuntamiento instaló un parque con columpios para perros y plantó varios árboles.

Una iniciativa que nada tenía que ver con la proyectada. Tal y como detalló en declaraciones a IDEAL Sonia Montoro, por entonces presidenta de la asociación de vecinos, el representante del Consistorio en la Junta de Distrito mostró en 2011 «un plano de lo que sería en un futuro la plaza, con una fuente en medio, un bulevar, zonas verdes y un parque infantil».

Lejos de materializarse por completo, el proyecto desembocó en un conflicto de competencias entre las administraciones local y autonómica, como describió Montoro: «El Ayuntamiento dice que las zonas incluidas dentro del PTS no son competencia suya sino de la Junta, y según ésta la urbanización de los terrenos pertenece al Ayuntamiento (...) Y ahora de últimas la Junta dice que es responsabilidad de la agencia IDEA, que pertenece al Gobierno andaluz».

Uno de los argumentos empleados por los propietarios para atribuir al Gobierno municipal la responsabilidad de dar vida al descampado es el cobro del IBI. Según detalló Montoro, la empresa constructora cedió los terrenos al Ayuntamiento de Granada para instalar las zonas verdes, lo cual elevaba la categoría de los residenciales a «vivienda de lujo», con el consiguiente aumento del IBI, una tasa municipal.

«El Ayuntamiento echaba la culpa a la Junta de Andalucía, la Junta al Ayuntamiento Y la casa sin barrer». Faustino González, el actual presidente de la comunidad de propietarios, relata que el pasado 30 de junio, en junta ordinaria de vecinos, acordaron recaudar nuevas firmas para «hacer un poco más de presión». El objetivo es que el nuevo equipo de gobierno que según los vecinos se mostró a favor del arreglo desde la oposición afronte las obras. «Parece ser que no se ha adelantado nada respecto a esto y el sitio sigue siendo un lugar donde hacen sus necesidades los perros y no pude usarse por los ciudadanos», reza el escrito que expondrán ante Urbanismo.

Falta de mantenimiento

Pero las peticiones de estos granadinos van más allá de esta «promesa incumplida». Al margen de la construcción del parque, protestan por «la falta de mantenimiento de la plaza y alrededores». En efecto, tal y como ha comprobado este diario, el estado del solar y las calles aledañas contrasta con el de cualquier vial del centro de Granada.

El erial y la acera junto al portal de acceso a la urbanización están repletos de excrementos. Dada la extensión del terreno, los dueños de las mascotas lo utilizan para pasear y jugar lejos del tráfico. Distinta es la situación dentro de la zona canina, que cuenta con una papelera para depositar las heces y luce más limpia que el resto de la plaza.

Además, alrededor de los árboles y entre la gravilla brota la maleza. No obstante, ésta se puede considerar escasa en comparación con las malas hierbas que florecen en los alcorques vacíos de la avenida de Dílar o la calle Otura, a los laterales de la urbanización. En lugar de árboles, en ellos sólo crecen cardos y arbustos. En este escenario, los propietarios vuelven a mover ficha con la esperanza de que la plaza pueda, algún día, describirse como tal.