Ser celiaco en Granada: un gasto extra de 100 euros mensuales

Ser celiaco en Granada: un gasto extra de 100 euros mensuales

Este viernes se conmemora el Día Nacional del Celiaco

JAVIER MORALES

Pérdidas de apetito y peso, fatiga, vómitos o irritabilidad son algunos de los síntomas frecuentes de la enfermedad celiaca, una intolerancia al gluten, sin tratamiento conocido, que obliga a los pacientes a seguir una dieta estricta. Este viernes se celebra el Día Nacional del Celiaco, una jornada simbólica que pretende dar visibilidad a esta patología que llega a incrementar en más de 100 euros mensuales el gasto por persona en alimentos.

Así lo asegura la Federación de Asociaciones de Celiacos de España (FACE), que cifra en 1.724 euros el gasto extra anual. El 'Informe de precios de productos específicos sin gluten para el 2016' basa sus cálculos en dietas de entre 2.000 y 2.200 calorías, la ingesta recomendada para una persona adulta. Cabe tener en cuenta que, al tratarse de una enfermedad en la que la predisposición genética es determinante, son muchos los hogares en los que conviven varios celiacos, lo cual multiplica el gasto adicional.

De acuerdo con Eva Reyes, vocal de la Asociación de Celiacos de Granada aglutina a 500 familias afectadas, el incremento en la cesta de la compra puede ser «de entre un 200 y un 500%». IDEAL ha comparado los precios en algunas de las grandes superficies recomendadas por la FACE y la asociación granadina. Y la diferencia salta a la vista.

Por ejemplo, un paquete de galletas María de 400 g. sin gluten tiene un precio de 2,20 euros, mientras que un envase de 600 g. de la misma marca, con gluten, cuesta 1,31. Lo mismo sucede con una conocida marca de macarrones: el paquete de medio kilo sin gluten vale más del doble: de 0,98 a 2,05 euros. Entre los productos que presentan una mayor distinción, el bote de caldo de verduras de un litro sin gluten casi triplica al mismo alimento, pero con gluten: de 1,55 a 4,35 euros.

Mención aparte merece el pan. Dado que esta intolerancia de base inmune, que causa una reacción inflamatoria en la mucosa del intestino delgado, está producida por el gluten de trigo, cebada y centeno, para elaborar productos como el pan apto para celiacos hay que recurrir a las harinas de maíz, arroz o almendras. Según Eva Reyes, una barra de cuarto de kilo puede costar 70 céntimos, mientras que una barra de 120 g. para celiacos vale en torno a 2,40 euros. En el pan de molde, la diferencia también es palpable: un paquete normal de 800 g. tiene un precio de 1,03 euros, mientras que uno para celiacos de 330 g. alcanza los 3,89.

Comprar con seguridad

Tal y como explica la portavoz de la Asociación de Celiacos de Granada, la enfermedad afecta a 1% de la población. Sin embargo, hasta el 75% de los casos, detalla la FACE, aún no se han diagnosticado. Dentro de la provincia, la asociación ha constatado incrementos llamativos en localidades como Maracena o Motril, donde la incidencia alcanza el 3%.

Varios informes a nivel nacional ponen de manifiesto el incremento en el número de diagnósticos que ha tenido lugar en los últimos años. Esto responde, según Celiacos de Granada, a los cambios en el protocolo, más que a un aumento en la cuantía de pacientes. Es decir, cada vez son más los casos detectados por los médicos.

Las grandes cadenas de hipermercados ya ofrecen secciones dedicadas en exclusiva a los alimentos sin gluten, que se suman a los herbolarios y tiendas especializadas. Tanto la FACE como su nodo en Granada ofrecen listados de tiendas en las que es posible encontrar productos con garantía para los pacientes. Además, a través de la aplicación Facemovil, que incorpora un lector de código de barras, se pueden consultar los alimentos que son aptos para el consumo de los celiacos.

Algunos supermercados incorporan el sello 'Sin gluten' a determinados artículos. Sin embargo, hacer la compra con plenas garantías suele ser tarea compleja. Así lo explica Esther Martín, madre de una chica afectada por este trastorno. «Por lo general», dice con respecto a los sellos, «van en cosas naturales que no deben llevar gluten». Pero algunas comidas, que a priori no deberían contener estas proteínas, tienen trazas de las mismas.

Esto se debe, dice Eva Reyes, a que en las plantas de envasado se empaquetan varios productos, lo cual da lugar a 'contaminaciones' entre ellos. También hace alusión a los aditivos que contienen trigo, «cada día menos», y que por ejemplo están presentes en los preparados cárnicos.

Cumplir con la norma

Desde el pasado año, una directiva europea aplicada en España obliga al sector de la hostelería a informar sobre los platos que pueden incluir sustancias alérgenas. En total son 14 los alimentos sobre los que bares y restaurantes deben advertir. Entre ellos están los cereales con gluten. Sin embargo, aseguran Eva y Esther, esta medida medida criticada por los hosteleros no siempre se lleva a buen puerto.

«Es cierto que hay una normativa, pero también es cierto que no se está cumpliendo, porque no hay nadie que inspeccione que se cumpla», asegura la vocal de Celiacos de Granada. «Se les da algo de conocimiento en el tema de manipulación, pero realmente no se incide sobre esta materia. No saben. En muchos casos les resulta difícil tratarla».

Esther Martín pide más formación para terminar con la «contaminación cruzada». Pone como ejemplo el caso de una amiga que días atrás sufrió las consecuencias de consumir alimentos con gluten que, según la indicación del camarero, no deberían llevarlo. «Le dijeron que el arroz y la ensalada no tenían gluten, pero vio que estaban metiendo el pan suyo [para celiacos] en la tostadora del pan normal».

A su amiga, ya adulta, le acaban de diagnosticar la enfermedad. Sin embargo, la patología de su hija surgió en su segundo año de vida, «cuando empiezan a comer galletas o papillas con gluten».«Al principio, cuando son más pequeños, los padres tienen el control», explica, «entras en un sufrimiento porque parece que se van a privar de todo». Para esta madre, la peor época es la adolescencia: «Les cuesta mucho explicar a los restaurantes que le tienen que preparar comida especial. Es más conflictivo. Luego te haces mayor y te das cuenta de que, comiendo sano, no es para tanto».