Disfrute de su plaza…si puede entrar

Disfrute de su plaza…si puede entrar

Granada está llena de espacios públicos que serían más disfrutables si tuvieran mejores accesos. Hoy, la Plaza de Mariana Pineda

GUILLERMO ORTEGA

En pleno centro de Granada se sitúa la emblemática plaza de Mariana Pineda, popularmente conocida como de La Mariana y dedicada a la memoria de la heroína local por antonomasia. Es un espacio agradable, bien provisto de árboles y por lo tanto de sombra, por lo normal tranquilo porque no hay demasiado tráfico en los alrededores. Un sitio con bastantes bancos donde descansar y, en definitiva, un buen lugar donde pasar el rato.

El problema es que entrar en la plaza cuesta un mundo, y eso es algo que se va a intentar demostrar en un artículo, éste, guiado por el procedimiento empírico, el que propuso el filósofo Hegel. Esto es: recorriéndola de cabo a rabo.

Un sitio tan bueno o tan malo para empezar el viaje es la llegada desde la contigua Plaza del Campillo. Después de cruzar un pequeño paso de peatones junto a una farmacia, el paseante intentará adentrarse en La Mariana y se topará, en esa esquina, con un árbol que se lo prohíbe. Si para eludirlo tira hacia abajo, hallará lo siguiente y por este orden: árbol, banco, árbol, papelera, banco, árbol, urinario, árbol, banco, árbol, banco, papelera y así hasta llegar a los dominios del legendario Café Fútbol, donde la plaza ya no es plaza sino una terraza que ocupa el recinto de lado a lado. Entre todos esos obstáculos señalados hay huecos, pero de no más de medio metro. Si las personas quieren entrar, tendrán que hacerlo en fila india; dos juntas no caben.

Pero los paseantes, dirán los escépticos, bien pueden optar por otro sendero donde seguramente no encontrarán problema alguno. Bien, pues de vuelta a la esquina inicial, se puede hacer un recorrido en ligera cuesta ascendente hasta llegar a la esquina con la calle Ganivet. Y en ese camino darán primero con el kiosko de prensa, que lleva allí más de cincuenta años y que ahora regenta el simpático Emilio. Después, la secuencia es: papelera, banco, árbol, banco, árbol, despacho de pan de Alfacar (muy apreciado y donde suele haber cola), papelera y esquina. La dinámica es la misma que antes: apenas cincuenta centímetros entre un elemento urbano (o natural, en el caso de los árboles) y otro. Fila india si se ansía acceder.

Una vez en ese punto, y en sentido descendente, el viajero encontrará lo más parecido a los espacios abiertos del lejano Oeste. Porque entre la esquina y el kiosko de golosinas de más abajo existen algunos metros libres. Es cierto que hay entre medias una cabina de teléfonos, claramente en desuso, y una valla publicitaria, pero aun así quedan sus buenos tres metros, hueco suficiente como para que pase un grupo más o menos nutrido. Eso sí, si lo hace bajando desde San Matías o desde la Cuesta del Progreso se la juega porque no es lugar para peatones. Lo más adecuado, y también lo más seguro, es bajar un poco más y cruzar un estrecho vado que le llevará a un territorio poblado. En este caso, por la terraza del bar La Esquinita de Javi. Ahí es donde cabe la expresión 'mi gozo en un pozo', porque la sensación es de nuevo de angostura. Sobre todo si en esos momentos ha hecho parada en la zona el tren turístico, que se posa justo delante de la entrada a la plaza.

Más abajo la cosa ya es casi imposible porque en puridad no puede hablarse de plaza sino de terraza, la del Café Fútbol. Dando la vuelta, como el recinto es casi cuadrado, el paseante irá cuesta arriba y el paisaje será el del principio: urinario, árbol, banco, etcétera.

Entre por donde entre, si es que lo logra por fin, el esforzado de la ruta tendrá a su disposición aproximadamente 900 metros cuadrados para solazarse. O los tendría de no ser porque la mitad de ese espacio lo ocupan la estatua de Mariana Pineda y los árboles y plantas que la circundan. Y ya sí, ya podrá sentarse en algún banco o contemplar el bonito panorama.

En el último pleno del pasado mandato, en abril, la Plaza de Mariana Pineda fue uno de los lugares a los que, mediante un ruego, se refirió el grupo municipal de UPyD como ejemplo de espacios públicos poco o nada accesibles por culpa del exceso de mobiliario urbano. En su momento, el equipo de gobierno contestó que tanto en esa plaza como otras a las que se refirió la por entonces concejal Mayte Olalla se cumplía la normativa municipal y que el mobiliario urbano era necesario.

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