El Registro Civil deniega la inscripción de dos bebés porque sus madres de Granada no están casadas

Cristina y Marlenny con sus dos retoños. /RAMÓN L. PÉREZ
Cristina y Marlenny con sus dos retoños. / RAMÓN L. PÉREZ

Cristina y Marlenny, que residen en el Zaidín, son pareja de hecho y tuvieron en octubre a sus mellizos, a quienes la ley sólo reconoce como hijos de la gestante

YENALIA HUERTASGRANADA

Si Cristina y Marlenny hubieran estado casadas, no habrían tenido problema en inscribir a sus dos mellizos, dos preciosos retoños nacidos el 8 de octubre. Pero son pareja de hecho y, por ello, el Registro Civil de Granada ha denegado que puedan inscribirlos como hijos de ambas. Nadie les advirtió del requisito del casamiento antes de acudir a la inseminación artificial y, ante este inesperado portazo, quieren ser escuchadas, porque tienen el Libro de Familia que acredita que lo son y otra hija común de 10 años, y porque se sienten «discriminadas» por no ser matrimonio.

«¿Por qué tengo que adoptar a mis hijos?», se pregunta Cristina mientras da un tierno beso en la cabecita a uno de los pequeños. Está convencida de que si hubiesen sido una pareja heterosexual, en sus mismas condiciones -siendo pareja de hecho- no habrían encontrado obstáculo alguno para la inscripción.

Por eso, de la mano de su abogada, Glenda Fermín Rodríguez, estas dos lesbianas residentes en el barrio del Zaidín de la capital piden la reforma de la ley de reproducción asistida, a fin de que incluya a las parejas de hecho. Mientras tanto, reclaman que se reconozca la filiación «por posesión de estado», una salida que ofrece el Código Civil. La jurista resalta que en este caso hay una «posesión de estado» clara, pues los mellizos son «un proyecto en común» de la pareja, que ha vivido junta el embarazo. Las dos cuidan de hecho a sus pequeños con el mismo grado de implicación. Cristina, aunque no haya llevado a sus bebés en el útero es y se siente tan madre como Marlenny. Estuvo presente en la totalidad de los controles prenatales y su firma consta también en el contrato que se firmó para la donación de semen. No serán cónyuges, pero son dos mamás.

La letrada ya está preparando un recurso ante la Dirección General de los Registros y del Notariado. Alega que existe una sentencia del Tribunal Supremo (TS) dictada el 15 de febrero de 2014 que avala su planteamiento. En ella, se señalaba que «la ley en ningún momento prohíbe que pueda declararse madre de un hijo nacido con técnicas de reproducción asistida a la pareja sentimental homosexual femenina de la mujer que se somete a un tratamiento de fertilidad, pues únicamente dice que se requiere consentimiento para aquellas parejas casadas».

La filiación, como explica esta jurista, se establece de dos maneras: puede ser una filiación biológica o una filiación por adopción. Y lo que esta pareja pide es que se establezca una filiación biológica. Para que se reconozca ésta en un caso de reproducción asistida se hace una «ficción jurídica», porque realmente se sabe que uno de los progenitores no es el padre o la madre de los menores. Y esa ficción jurídica nace «del consentimiento» de ambos progenitores al tratamiento y al proyecto en común. ¿Y dónde estaría la discriminación en este caso? «En que cuando es un hombre el que manifiesta ese consentimiento no hay problema, pues nadie en el Registro Civil va a pedir una prueba biológica para confirmar que es el padre», advierte la abogada.

Sin embargo, el auto del Registro Civil de Granada no está de acuerdo con ese planteamiento. «No existe discriminación con las parejas heterosexuales, dado que el único supuesto en el que se reconoce la filiación del varón no casado se fundamenta en la utilización de su material reproductor», aclaraba la resolución dictada el 30 de octubre para denegar la inscripción de los bebés.

Lo cierto es que con la ley en la mano, la única salida que les quedaría a Cristina y Marlenny es que la segunda, que ha sido la gestante, los inscriba como madre soltera y Cristina los adopte. «Yo no quiero que sea adopción, yo no quiero ir como madre soltera a inscribir a los niños, porque yo no he ido como madre soltera a hacerme la inseminación; he ido con mi pareja. Es una cosa que me está haciendo mucho daño a mí y a ella mucho más», dice Marlenny con tristeza y consciente de que no son las únicas lesbianas que se encuentran en esta situación.

Cristina y Marlenny llevan juntas desde 2007 y se inscribieron como pareja de hecho el 4 de junio de 2008 en el Ayuntamiento de Roquetas de Mar (Almería). Mudaron su domicilio a Granada porque les gustaba esta ciudad y desde 2016 buscaban tener más descendencia; no querían dejar sin hermanos a su otra hija. Recurrieron a la inseminación de mutuo acuerdo y se sometieron al tratamiento en el Servicio Andaluz de Salud (SAS). Al tercer intento Marlenny se quedó embarazada. El parto fue natural y los bebés, que nacieron prematuros y estuvieron once días en el hospital, ya están en casa cogiendo peso y creciendo por días.

«Nosotras estábamos completamente seguras de que íbamos a poder inscribirlos. Al ser pareja de hecho, tener el Libro de Familia y hacer el tratamiento juntas y demás, pensamos que era suficiente para que mis niños estuvieran incluidos en el Libro de Familia», explica Cristina, que es legionaria y está disfrutando de días de permiso que sus superiores del Ejército le han dado ante el nacimiento de los mellizos. Cuando les dijeron en el Registro que no podía ser, que los niños no podían llevar los apellidos de las dos, se quedaron petrificadas. «Fue un golpetazo muy duro», confiesa la militar, mientras que Marlenny, que es limpiadora, la escucha atentamente con el otro bebé en su regazo y añade: «Creo que es un derecho que nos corresponde». De repente, los bebés lloran y las dos los calman con el mismo amor.

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