Se acabó lo que se daba o... ¡eso es todo, amigos!

Se acabó lo que se daba o... ¡eso es todo, amigos!

Hoy es un día de metáforas. Un día que arranca muy temprano en los hogares donde habiten chaveas tan inocentes como el niño que hablaba con Trump en Navidad. Un día de intensas emociones en que no hacen falta los despertadores con las personitas más aficionadas a remolonear en la cama, antes del levantarse. Hoy es el festivo del año en que más se madruga

JESÚS LENSGRANADA

Sin embargo, hoy se acaba todo. Hoy termina la suspensión de la realidad que han supuesto estas dos últimas semanas. Por mucho que mañana lunes sea festivo... ¡hasta aquí hemos llegado! Ya no quedan excusas para seguir postergando el enfrentamiento con ella, con la cruda realidad.

El día de Reyes tiene algo de nostálgico y melancólico. Vemos a las familias en la calle, jugando con los regalos recién abiertos, nuevos y relucientes -el inefable ruidillo de esos coches teledirigidos- y resulta inevitable pensar en lo pronto que estarán arrumbados en cualquier rincón de la casa, aparcados por culpa de los deberes, la música, el inglés, los exámenes y esas mil y una obligaciones con las que cargan los infantes desde su más tierna infancia.

Hoy es el día en que la ilusión todo lo puede y algunos inocentes críos preferirán jugar con la caja de cartón en que venía el regalo que con el regalo en sí, algo que dejará atónitos a sus familiares y les dará que pensar. Porque es, ya lo hemos dicho, un día para las metáforas.

Hoy, los contenedores de plástico y papel no darán abasto para tragar la enorme cantidad de envoltorios que les echaremos, tratando de dejar la casa lo más recogida y presentable posible, después del caos y el desbarajuste que siempre conlleva la Navidad.

¿Quitarán ustedes hoy mismo el árbol y el Belén o le darán cuartelillo todavía hasta mañana? O pueden hacer como Julita Salmerón, la maravillosa protagonista de aquel fenómeno cinematográfico que fue 'Muchos hijos, un mono y un castillo': como le gustaba tanto la Navidad, la matriarca de la familia Salmerón dejaba el Belén montado hasta el verano y, cuando arreciaba el calor, allá por junio, refrescaba a las figuritas a manguerazo limpio, no se fueran a deshidratar o a darles una lipotimia.

Hoy, por fin, desaparecen los anuncios de colonias de las televisiones, una de esas tontunas / torturas tan propias de estos días, a la altura de la capa de algún presentador y la caspa propia de los programas de Nochevieja.

¿Qué sería de la Navidad, si no existieran los Reyes, el día 6 de enero? Unas fiestas mínimas que no durarían ni 10 días. Son los Reyes quienes sostienen la maravillosa suspensión de la realidad de esas dos agitadas semanas. Dos semanas que terminan como empezaron: con los cánticos de los Niños de San Ildefonso.

Porque hoy es la Lotería del Niño, una especie de consolación para quiénes apenas rascamos bola en la Lotería de Navidad y que, en realidad, solo viene a certificar lo que ya sabíamos: que se acabó lo que se daba.

-Eso lo dices porque no llevas ni un décimo del sorteo de hoy, ¿verdad?

Es cierto. Nuevamente le tengo que dar la razón al Lench, que termina la Navidad tan crecido como la empezó. No he jugado al Niño. ¿O quizá sí? ¿Y si, a la chita callando, he ido a la administración Palau, a que Javier me echara un número? No se olviden que le entrevisté para la primera de estas Crónicas del Polvorón... ¡y dio el Gordo!

-Un Décimo del Gordo, deberías puntualizar...

Eso. Un Décimo del Gordo. Pero, ¿y si fuera el mío? Ahí lo dejo.

Que hoy volvemos a la normalidad lo demuestra, por ejemplo, que tenemos partido de baloncesto: el CB Granada-Covirán vuelve a jugar en casa, dos semanas después de la lluvia de peluches que llenó el Palacio de los Deportes de regalos navideños. Peluches que ya estarán en manos de cientos de chavales que, desde esta mañana, tienen a un nuevo compi al que contar sus secretos y al que abrazar cuando arrecie la tormenta.

Imagino, también, que los señoricos del fútbol habrán vuelto de sus vacaciones, tras dejar a las familias desamparadas y en manos de los cuñaos, sin un mal partido que llevarse a la boca con el que cerrarle la ídem al listillo de turno. Sé y me consta que amigos varios se han pasado la Navidad viendo la Premier League inglesa y celebrando el Boxing Day como si fuera una vieja tradición patria. ¿Quién dijo Brexit?

Poco a poco irán cayendo de la cartelera los títulos infantiles que la han copado estas semanas: enero suele ser un buen mes para los aficionados al cine, concitando varios de los mejores estrenos del año. Las plataformas también renuevan sus contenidos y aprovechan para estrenar grandes series con las que hacer más soportable la sufrida y joía Cuesta de Enero y hoy se falla el Nadal, uno de los premios literarios más importantes del año.

Alguno se frotará las manos pensando en las Rebajas, pero ¿siguen existiendo? Entre Semanas Fantásticas, Días de Oro, y Black Fridays que duran un mes, ¿cuándo no está todo supuestamente tirado de precio en tiendas y comercios?

Coman, coman el Roscón, sin miedo y con delectación. Cómanlo seco, con nata o con chocolate; con fruta, al natural o mojado en café y en cacao. Aprovechen para este último atracón, que desde mañana, sopas, cremas, verduras rehogadas y ensaladitas varias serán el menú del día, para tratar de presentar batalla a los kilos acumulados en una quincena que alimenta como para dos o tres meses, tirando por lo bajo.

Toca revisar la agenda, repasar las citas pendientes, planificar estos primeros días... y recordar cómo se ponía la alarma en el móvil, para no quedarnos dormidos a las primeras de cambio. Recordar la clave del ordenador y preguntar si han subido los precios en la cafetería.

Eso sí: antes de acabar esta última Crónica del Polvorón, una pregunta importante: ¿hasta qué día hay que ir diciendo lo de «Feliz Año», a diestro y siniestro?

¡Esto es todo amigos! Desde mañana, volvemos a la columna de toda la vida... ¡y a empezar a leer los libros policíacos que me ha traído Basaltar, mi rey majo preferido!