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Bailar como terapia

El flamenco tiene garra, fuerza, arrojo... y sus característicos movimientos aportan muchos beneficios para la salud

28.04.12 - 00:28 -
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Pepi Molina López se quedó viuda hace un año. Empezó a asistir a clases de flamencoterapia porque estaba muy deprimida. Conteniendo la emoción, con la voz quebrada y lágrimas en los ojos asegura que gracias al baile y a sus compañeras se le olvida un poco la pérdida de su marido.
Ana María Ruiz Domínguez, bailadora y profesora de flamenco, estudió Antropología del Flamenco en la Universidad de Granada y hace diez años creó el proyecto de la flamencoterapia. “A raíz de trabajar en el aula abierta de mayores de 55 años en la universidad. La Flamencoterapia permite que al mismo tiempo que se hace ejercicio aprovechando todos los movimientos del flamenco se aprenda a bailarlo”.
La flamencoterapia tiene muchos beneficios para la salud, como destaca Ana María en su blog. “Ayuda a recordar los pasos de baile y la coreografía, a aliviar los problemas de depresión porque se trabaja con música alegre y se está con más gente, también a la lateralidad, hay gente que pierde este sentido, se adquieren más reflejos, más velocidad a la hora de moverse, a tener el cuerpo erguido porque así lo requiere este baile, a estar en forma porque se hacen unos ejercicios previos basados en esta danza”, explica Ana María Ruiz.
Ana María Ruiz da clases de flamencoterapia desde hace cinco años en las asociaciones de vecinos que pertenecen a la Federación Provincial, dependiente del Ayuntamiento de Granada. En el Consistorio de La Zubia lleva ya 9 años y en Las Gabias, las imparte en el Centro de la Mujer. “Tengo muchísimos alumnos y largas listas de espera, por ejemplo, en Beiro hace un par de meses había noventa personas en la lista de espera. En algunos barrios como Beiro, Zaidín, Ronda hay dos turnos. Creo que están todos contentos, que les va bien y suelen repetir. Pero se han puesto unas normas para que puedan entrar alumnos nuevos”, asegura la creadora de la flamencoterapia.
Ana María Ruiz baila flamenco desde los 6 años, es socia de la Peña de la Platería de Granada, ha estado 14 años en Cuba, bailando en el teatro Federico García Lorca de La Habana, en el teatro Omeya, en la UNAC (Unión de Actores y Artistas Cubanos), también en Costa Rica, en el Conservatorio de Danza y actuó en el teatro de San José de la Universidad hace cuatro años, en Finlandia, México, Colombia, Hamburgo y en Italia dando clases en centros de danza.
Las hermanas Oliveros, Antonia, Isabel y Rosario son las más veteranas y no se pierden ni una clase desde hace cuatro años. “Me apunté para aprender a bailar. He encontrado un grupo precioso y hacemos muchas actividades”, apunta Antonia. Pepi Molina López asegura que Ana es muy buena profesora “es un primor y estamos muy a gusto con ella”.
Las faldas de volantes, los mantones, los abanicos y las castañuelas ayudan a embellecer las coreografías; pero el flamenco es mucho más que un baile porque henchía el alma.
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Ana María Ruiz con las alumnas de la clase de flamencoterapia en la Asociación de Vecinos de San José Obrero de Granada. / M. A.
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