Casi seiscientas personas evitan la cárcel gracias a los trabajos para la comunidad

Centro de Inserción Social donde se gestionan los trabajos en beneficio a la comunidad./
Centro de Inserción Social donde se gestionan los trabajos en beneficio a la comunidad.

La mayoría ha cometido delitos de violencia de género o contra la seguridad vial y purga sus condenas en programas sociales consensuados

JOSÉ RAMÓN VILLALBA

Casi 600 personas, 592 para ser más exactos, cumplen o están a punto de iniciar un trabajo en beneficio de la comunidad o de formar parte de un programa de sustitución de condena para evitar su paso por la cárcel. La mayoría ha cometido delitos de violencia de género o contra la seguridad vial leves. Para ser más concretos, 360 desarrollan algún trabajo en beneficio de la comunidad y 232 en programas de sustitución de condena o de suspensión.

Lo han conseguido gracias al Real Decreto 840/2011, de 17 de junio, en el que se definen los Servicios de Gestión de Penas y Medidas Alternativas (SGPMA) como las unidades administrativas dependientes de la administración penitenciaria, que están configuradas como equipos multidisciplinares y que tienen encomendado el cumplimiento de las penas y medidas alternativas a la privación de libertad. Estas sanciones penales mantienen al infractor en su medio comunitario, es decir, el penado está en libertad y cumple su pena en libertad aunque sometido a ciertas restricciones mediante la imposición de determinadas condiciones y obligaciones, según los casos.

Son quienes trabajan en los ayuntamientos pintando calles, colegios o en Cruz Roja o parroquias.

360

Forman parte de programas de reeducación vial o contra la violencia de género.

232

¿Dónde se cumplen las condenas realmente? El catálogo de plazas disponibles se concentra en los ayuntamientos. Una inmensa mayoría de los de la provincia ha firmado convenios con Instituciones Penitenciarias para dar la oportunidad a los penados de ese pueblo de cumplir allí. Además, hay algunas entidades colaboradoras que también dan a los penados la oportunidad de cumplir allí (Cruz Roja, alguna residencia de ancianos ...) Las jornadas no exceden de cuatro horas diarias y suelen ser labores livianas. La mayoría va los fines de semana. En la capital granadina hay incluso parroquias que aceptan a este tipo de penados para efectuar trabajos de voluntariado en el barrio. Algunos se quedan después echando una mano.

Las fuentes consultadas confirman que cada vez es más habitual el quebrantamiento de condena por no cumplir los trabajos pactados. ¿Son muchos casos? Las fuentes hablan de situaciones «frecuentes», pero no pueden dar una cifra concreta porque no se segregan estos quebrantamientos del resto en la estadística.

Lo que está claro es que o se cumplen los planes o se enfrentan a un delito de quebrantamiento de condena. Parece que es menos grave que una privación de libertad pero es una pena dictada por un juzgado. Intentan aplicar la máxima flexibilidad en beneficio del penado pero el proceso no está exento del rigor de la justicia.

Presos sin prisión

Los 592 penados de Granada no conocen Albolote, la prisión, son presos sin cárcel.

El itinerario de cada expediente es largo. Fuentes consultadas hablan de que no se tramitan «en serie», sino que cada uno lleva un trato muy personalizado y ajustado a sus circunstancias personales. 'A la carta', han llegado a decir desde el ámbito de la Justicia.

Una vez que la sentencia es firme, el juzgado libra un oficio al Servicio de Gestión de Penas para que se cumpla. Los funcionarios llaman al penado y lo citan a una reunión. En este primer encuentro el condenado refiere sus circunstancias personales: si quiere o no cumplir la pena en su pueblo (algunos prefieren alejarse para evitar la vergüenza de que se conozca su delito), si tiene algún problema de salud, si trabaja y con qué horarios o cualquier otra eventualidad.

Con estos datos se le elabora un plan de cumplimiento ajustado a cada caso. Lo vuelven a citar, se lo explican, lo ajustan si es necesario y él tiene que aceptarlo. Si cambian sus circunstancias, por ejemplo, porque le salga un trabajo, cambia el plan. En España no existen los trabajos forzados. Tiene que aceptar voluntariamente el plan.

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