«Un forense es mucha vida. Nos ocupamos, sobre todo, de los vivos»

Nieves Montero de Espinosa, en una de las dependencia del Instituto de Medicina Legal de Granada./
Nieves Montero de Espinosa, en una de las dependencia del Instituto de Medicina Legal de Granada.

«La serie CSI nos ha revestido de glamour. Meten alguna fantasía, pero no dicen tonterías ni hay ciencia ficción»

CARLOS MORÁN

Los médicos forenses, a pesar de lo que pudiera parecer, dedican la mayor parte de su tiempo a los vivos. Incluso a los muy vivos, o sea, a los 'listos'. Nieves Montero de Espinosa Rodríguez (Órgiva, 1963), directora del Instituto de Medicina Legal de Granada, lo sabe bien. Estando destinada en Motril, se topó con varios hombres que tenía nombre de mujer. Y no eran travestis. Nada más llegar al mundo como varones, sus madres los inscribieron en el Registro Civil como féminas para que se libraran del servicio militar obligatorio, de la 'mili'. Una vez pasado el 'riesgo' de ir a filas, aquellas 'Marías' que en realidad eran 'Antonios', pedían oficialmente recuperar su verdadera identidad y ahí estaba Nieves para dar fe. «Esto no me lo han contado. Me ha pasado a mí. Y tres veces», rememora la experta. Luego la 'mili' quedó abolida y la argucia de 'cambiar el sexo' a los críos se extinguió con ella.

Los forenses -en Granada hay 24 y la gran mayoría, 20, son mujeres- son, «mucha vida», insiste Nieves. Y recuerda que, por ejemplo, intervienen en la donación de órganos o recopilan información para arrojar luz sobre las causas de la muerte súbita en bebés y adultos jóvenes. En ese tipo de labores emplean el 80% de sus horas. El 20% restante de su tiempo, tal y como enseña CSI, son detectives que siguen el rastro que dejan los homicidas en el cuerpo de sus víctimas. Pero atrapar a criminales también es proteger la vida.

Usted nació en Órgiva, ¿en qué se nota que es alpujarreña?

Nací en la casa de mis padres. Seguramente fui de las últimas de 1963 que nací en el pueblo... Y se nota que somos alpujarreños en que somos bastante espontáneos y naturales. Quizá sea pasión de alpujarreña, pero cuando me reúno con mis amigos de siempre veo que hay mucha naturalidad en el comportamiento y poco postureo. También soy salobreñera de adopción. Vivo allí desde hace 20 años.

¿Por qué se hizo forense?

Cuando llegué a tercero de Medicina, me di cuenta de que no me gustaba la clínica, la asistencia. Pero también me di cuenta que me gustaba la rama social de la Medicina. Dudé entre Psiquiatría y Medicina Legal, pero entré de alumna interna en esta última especialidad y me gustó tanto que tuve claro que haría la oposición. Me encerré nueve meses, fue un encierro bestial, y tuve la suerte de sacarla pronto. Y no me he arrepentido ni un solo minuto de haber elegido la medicina forense.

Pues, visto desde fuera, da la impresión de que es un 'oficio' sombrío, deprimente...

Al principio, cuando me preguntaban y decía que era forense, la gente me miraba con cara como de asco y me decía: '¡Hija, por Dios'. Así que dejé de decir que era forense y me presentaba como funcionaria de Justicia. Es que no se conocía la medicina legal. Un forense es mucha vida. Nos ocupamos, sobre todo, de los vivos. La medicina legal está presente en todas las áreas de la vida. Intervenimos en todo. Sólo dedicamos un 20% del tiempo a las autopsias. Pero, ahora, cuando dices que eres forense todo el mundo te dice: '¡Qué chulo!' Es que CSI no has dado glamour, nos ha revestido de glamour, ja, ja, ja.

¿Ve CSI?

Tengo poco tiempo para ver la televisión. Antes lo veía más, pero me gusta. Sobre todo porque parece todo tan fácil.

¿Cuánto hay de verdad en esa serie?

No es adaptable en la rapidez de la resolución ni a la justicia española ni a la europea. Además, alguna fantasía meten. Pero, bueno, no dicen tonterías ni hay ciencia ficción. Mucho de lo que sale en CSI lo estudiamos nosotros. Eso existe.

-O sea, que CSI es 'la culpable' de la 'espectacularización' de su profesión.

Totalmente. Forense viene de la palabra foro, porque es todo aquel que ilustra a jueces y magistrados en el foro. Y ahora todo el mundo, y llevan razón, quiere ponerse el 'apellido' forense: psicólogo forense, trabajador social forense e incluso cerrajero forense. Eso no es más que el glamour de las 'pelis' de Estados Unidos.

¿Es cierto que un muerto siempre cuenta la verdad?

-Eso es un mito. Un buen patólogo saca muchísima información de una autopsia, sabe hacer hablar a un cadáver. Pero eso de que el cadáver siempre dice la verdad..., ya quisiéramos.

¿Cómo fue su primera autopsia?

-Fue un esquizofrénico que mató de 72 puñaladas a su hermana. Me estrené bien. Y el homicida se suicidó en el calabozo. Todo eso te marca mucho. Luego también me cayó el 'caso Mancha Real', donde se quemaron casas de vecinos gitanos después del homicidio de un payo. Fue un asunto sonadísimo. No se me olvidará jamás

¿Recuerda algún caso en que su labor 'detectivesca', por decirlo de alguna forma, sirvió para aclarar un crimen?

Trabajé en un asesinato en el que un hombre golpeó en la cabeza a la víctima con un martillo. Yo le hice la entrevista psicológica a él. Nunca he visto alguien tan frío. Ella sobrevivió durante algún tiempo y nosotros fuimos a verla al hospital con la idea de poder entrevistarla. Es que en la versión de él había algo que no cuadraba. Pero no pudimos hablar con ella y luego ya falleció. Pero vimos que la mujer tenía unas ampollas en los dedos que no aparecían en ningún informe. Eran raras, parecían quemaduras... Entonces hicimos una reconstrucción en el lugar de los hechos y lo entendimos perfectamente: las señales eran las rozaduras que se hizo la mujer al irse apoyando en la pared para alejarse del agresor. Lo que debió sufrir...

¿Existe el crimen perfecto?

Hay quien dice no existe el crimen perfecto, sino profesionales imperfectos. Pero yo no sería tan tajante. Sí puede existir un crimen perfecto. Gente con conocimientos, gente pulcra y con tiempo, podría hacerlo...

¿Y el mal absoluto?

Sí, hay gente mala. Garantizado.

Usted es una experta en violencia machista, ¿son recuperables los agresores?

Como decía Miguel Lorente, esto es como una enfermedad: depende de en qué momento la detectes. A gente de una determinada edad, no la vas a recuperar. Yo fui de las primeras que dije que había que intentar el tratamiento de los agresores y, aunque soy feminista, me costó una bronca. Es que son delincuentes y, como todos los delincuentes, tienen derecho a los beneficios penitenciarios, a la rehabilitación. Eso es aplicar la Constitución. Eso sí, teniendo en cuenta que lo primero siempre es la víctima. Pero, repito, esto es como el cáncer, si se detecta a tiempo, hay más posibilidades de recuperación. Así que cuanto antes empecemos a tratar a los agresores, y me refiero a la edad, más ganaremos. El futuro es intervenir con la gente joven, en los institutos. Ese es el futuro.

¿Los agresores machistas son también machistas con ustedes las forenses o suelen cortarse?

Un agresor machista siempre es machista. Sobre todo los más mayores, sí se ponen chulos con nosotras. Te dicen: 'Pero el forense cuando va a venir'. Y tú le respondes: 'La forense soy yo'. Y él dice entonces: 'Pues que venga el que manda aquí'. 'Mire, aquí no manda nadie', le aclaras. 'Lo que me faltaba, otra mujer', concluye él. Eso sí ha pasado. Los machistas de edad dan por hecho que por encima de ti hay un jefe.

¿Se ha encontrado alguna vez con una víctima que no lo era?

He encontrado mujeres que piensan que son víctimas porque sufren muchísimo. Es que el desamor hace sufrir muchísimo. Son personas que lo están pasando tan mal en una ruptura que denuncian, pero cuando les explicas lo que es violencia de género ellas te dicen: 'No, no es mi caso'. O sea, que no hay mala fe.

¿Hay mujeres machistas?

Muchas.

¿Teme a la muerte?

Sí, como cualquier persona. Cuando vas cumpliendo años, piensas más en la muerte. Lo que pido para mí y para los míos es una muerte que sea rápida y buena. Yo he visto muchas malas muertes, por eso quiero una buena muerte.