¿Por qué un adicto vuelve a recaer?

¿Por qué un adicto vuelve a recaer?

En CETPAG tenemos disponibles, además de grupos de terapia todos los días de la semana, la posibilidad de atender a adictos que ya estén en una fase de mantenimiento

R. I. GRANADA

Es la pregunta que mucha gente se hace y que rara vez son capaces de responder. En realidad la respuesta no es difícil, pero sólo se responde cuando se deja la mente racional a un lado. Para mucha gente, y para muchos profesionales, un adicto se ha recuperado en el momento en que deja de consumir por un tiempo suficientemente largo. Hay quienes hablan de unos meses, hay quienes hablan de un año, sin embargo, la realidad es que un adicto nunca deja de serlo, y siempre tendrá la recaída como amenaza si no toma las medidas necesarias. Para quienes no conocen la enfermedad de adicción, los argumentos racionales tienen un gran valor, se habla del valor de la familia, del valor de los hijos, del valor de las amistades, del trabajo, pero en realidad, cuando un adicto recae, nada de eso tiene un valor y queda olvidado por enésima vez detrás de sus ganas de consumir por última vez.

Quizás la mejor forma de responder a cómo una persona vuelve a recaer en su adicción tras años sin consumir y cuando supuestamente ha recuperado todos los alicientes de una vida sana y enriquecedora, sea a través de testimonios reales de nuestros pacientes:

Llevaba dos años y un mes sin consumir. Mi vida era en general estupenda. Había recuperado a mi mujer, había recuperado la relación con mis hijos, tenía ilusión porque además venía mi nieto en camino, disfrutaba de mi trabajo y contaba ya los meses para poder jubilarme y disfrutar con mi familia de una merecida jubilación. Todo estaba donde tenía que estar. Sin embargo, un día me encuentro a un amigo de toda la vida, uno de esos con los que he bebido mucho, muchísimo, de los que en terapia se nos advierte del peligro que pueden tener y que debemos evitar tener cualquier contacto. Pero aquel día fue distinto, ya llevaba dos años sin beber, mi vida era estupenda, él tenía buen aspecto, y esta vez sí acepté pararme a saludarlo y hablar con él. Le conté que había estado en tratamiento y que estaba muy contento por lo conseguido, aunque había sido una dura travesía. Él me contó que estaba genial, que estaba también muy contento y que igual que yo, esperaba su jubilación para disfrutar de un merecido descanso. Me vi totalmente identificado, pero mi cabeza enseguida pensó ¿por qué este hombre tiene la misma situación que yo sin tratamiento cuando hemos bebido los dos muchísimo?, ¿será excesivo el tratamiento que estoy siguiendo?. No recuerdo quien dijo primero de sentarnos en una terraza, pero de ahí solo recuerdo que al final terminé pidiendo una cerveza sin alcohol y al final terminé solo en el portal de casa totalmente embriagado, sin saber qué había pasado (.)

¿Qué le pasó a J. G. ? ¿Dónde empezó realmente su recaída, cuando pidió la cerveza sin alcohol, cuando pidió una con alcohol?

La recaída de J. G. empezó en el momento en que decidió pararse a hablar con una persona de riesgo, y con la que él había consumido alcohol durante muchos años. Ese pararse dio lugar a lo que se conoce como exposición gratuita, que a su vez dio lugar a un pensamiento en el que se cuestionaba si realmente las pautas del tratamiento eran necesarias, porque a su amigo, que había bebido tanto como él, no parecía irle peor que a él y no había necesitado un largo y duro tratamiento. Lo que vino después fue simplemente una caída al pozo sin el menor remedio.

Por supuesto, el sentimiento de culpabilidad, de derrota, de inutilidad, de desolación, que vino después no hizo más que aumentar las ganas de consumir a J. G, hasta que retomó las pautas de su tratamiento y recuperó su abstinencia otra vez.

Un mensaje que todos los adictos que se ponen en tratamiento se les intenta inculcar a fuego desde el primer día es que la recaída siempre estará a la vuelta de la esquina, por lo que jamás en tu vida podrás relajarte en este aspecto de tu vida. Todos los adictos sin excepción rechazan de primeras esas palabras y se niegan a aceptarlas como ciertas. Unos no las creen nunca, otros se las creen a medias, otros intentan ponerlas a prueba para comprobar por ellos mismos si son ciertas.

Cuando un adicto lleva el tiempo suficiente en tratamiento, lo que consigue es un estilo de vida saludable que le mantiene alejado del consumo. En ese periodo de tratamiento, que normalmente no dura menos de un año, se establece una rutina fuerte y saludable, se van aprendiendo a realizar actividades no ligadas al consumo, hace una estricta diferencia entre aquellas situaciones que son terapéuticas y aquellas que no lo son, y sobre todo, sigue tajantemente las directrices de su terapeuta.

Pero el problema viene cuando el tratamiento entra en la fase de inserción social, y el contacto con los agentes terapéuticos empieza a reducirse (menos terapias, menos llamadas, menos contacto con compañeros,..), además de que se empiezan a realizar actividades que conllevan algún riesgo. Aparecen en ese momento los imprevistos, los contactos con personas que consumen, problemas laborales, problemas económicos, y es cuando se deben extremar las medidas de protección.

Puede pasar que se superen esas situaciones con normalidad y ganemos confianza en nosotros, pero en ese caso cuidado con la autoconfianza porque nos puede llevar a relajarnos en nuestras pautas. Es entonces cuando pueden aparecer las primeras señales de recaída, que son pequeños indicios de que poco a poco aparecen conductas propias de cuando se estaba en consumo. Otro principio fundamental del tratamiento de adicciones es que se recae antes que con la sustancia, con la aparición de las conductas que teníamos antes del tratamiento, lo que normalmente se conoce como repetir patrones. Las principales señales que podemos identificar como riesgo de recaída son las siguientes:

Empezamos a mentir, da igual a nuestra pareja, amigos, familiares, y da igual si por algo grave que por algo poco relevante.

Aparece la apatía, las pocas ganas de hacer las actividades de tu rutina.

Una dejadez en el cuidado personal y en los hábitos de higiene.

Se empiezan a saltar algunas normas, al principio más simples, y poco a poco más importantes.

Aparece la prepotencia y la preocupación por cuestiones ajenas a tu propio tratamiento.

Se empieza a tomar un discurso victimista en el que parece que el entorno gana el protagonismo de nuestra estabilidad.

Aparecen pensamientos negativos, se sospecha de las intenciones de los demás, se desconfía de quienes nos rodean,.

Cuando aparecen éstas señales de alarma de recaída, no se pueden ignorar, no se pueden dejar pasar y confiar en nuestra propia capacidad de controlar la situación, sino que es el momento de aceptar que necesitamos ayuda, es el momento de hablar con nuestros seres más querido y exponer el riesgo de recaída, el momento de recuperar las pautas del tratamiento cuanto antes y el momento de ponernos en contacto con un profesional que supervise nuestra situación de riesgo y nos reconduzca hacia una recuperación lo más rápidamente posible.

En CETPAG tenemos disponibles además de grupos de terapia todos los días de la semana, la posibilidad de atender a adictos que ya estén en una fase de mantenimiento y que deseen tener una revisión de su estado o una supervisión regular de su estado terapéutico.

No dude en ponerse en contacto con nuestro equipo de profesionales.

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