Flipando en colores

El gentío que acudió al 'ex botellódromo' disfruta con las descargas de polvos de colores./
El gentío que acudió al 'ex botellódromo' disfruta con las descargas de polvos de colores.

Cerca de cinco mil personas brindaron con agua en la 'Holi Run', un insólito botellón sin alcohol

CARLOS MORÁN

El gentío que ayer se congregó en el botellódromo -aunque ya habrá que ir pensando en rebautizarlo como 'ex-botellódromo'- brindó con agua mineral y refrescos para recibir a la primavera. Lo nunca visto. Nueve años después de que el Ayuntamiento reservase un rincón de la ciudad para acoger borracheras multitudinarias, parece que esa acendrada costumbre granadina está en vías de extinción. La solución -al menos, la que se ha buscado este año, porque habrá que ver si tiene continuidad- llegó de lejos, de La India. En el país del Taj Mahal dan la bienvenida a la estación de los flores echando polvos... Bueno, para evitar equívocos y escándalos, sería más preciso decir 'echándose polvos'. Los participantes en el singular festejo acumulan kilos y kilos de 'harina' de maíz coloreada y luego se la arrojan unos a otros hasta quedar completamente tintados. El resultado es como si los personajes de los cuadros del Museo del Prado hubiesen tomado vida y salieran a la calle a pasear.

Así reciben los hindúes a la primavera. El caso es que un grupo de españoles asistió a ese espectáculo y flipó en colores, y nunca mejor dicho. De hecho, decidieron importar la idea y reformularla para ponerla en práctica por estos lares. Además del lanzamiento de polvos, añadieron una carrera popular al programa y, en octubre de 2013, estrenaron el invento en Madrid: contaron con 10.000 participantes, una cifra modesta si se tiene en cuenta que en La India suelen reunirse 40.000 o 50.000 almas, pero un éxito sin paliativos para un país lego en la materia como era España entonces.

Total, que el plan cuajó y comenzó a viajar por toda la geografía nacional bajo la denominación de 'Holi Run'.

Tomatina, Cascamorras...

Ayer tocaba Granada. Después de que el Ayuntamiento adoptase el viernes la decisión de fortificar el botellódromo para evitar la enésima fiesta alcohólica de la primavera, llegó la hora de la alternativa abstemia: la 'Holi Run'.

Lo cierto es que la cosa no pintaba bien. Durante toda la mañana el cielo estuvo encapotado y la amenaza de lluvia era evidente. De hecho, los chubascos -suaves pero persistentes- comenzaron poco antes de que se iniciara la 'Holi Run'. Además, hacía frío. Eran las cuatro de la tarde y casi nadie daba un euro por la celebración. Pero, para sorpresa de los propios organizadores, la gente respondió y, alrededor de las cinco, el botellódromo era un hervidero de gente. Cerca de cinco mil personas saltaban y bailaban muy juntitas -seguramente porque la temperatura no era precisamente primaveral- al ritmo de los pinchadiscos.

Granada acababa de inaugurar una nueva forma de divertirse que puede convertirse en tradición. El tiempo lo dirá.

¿Pero cómo es exactamente el aspecto de una 'Holi Run'? Imposible describirlo en una frase. Para hacerse una idea hay que imaginar una gran coctelera en la que habría que verter un 10% de Cascamorras, otro tanto de Tomatina, un poco mas de Sanfermines, dos tacitas de concierto de rock, un buen puñado de carnaval -todo el mundo iba disfrazado-, dos cucharadas de locura colectiva y una buena dosis de atletismo. Más o menos esa sería la receta.

En realidad, y así a simple vista, la 'Holi Run' se parecía bastante a un botellón de los de antes, pero sin el ingrediente principal de aquellos: el alcohol. Vamos, es que ni siquiera había fumadores... Bueno sí, un grupete de amigos que iban ataviados de rastafaris portaba un porro que parecía un misil tierra-aire, pero era de mentirijillas.

Total, que cero drogas -ni legales ni ilegales- en el botellódromo, que hasta ahora había sido el paraíso del priva y otras sustancias pensadas para desfasar. Increíble. Juan García Montero, el concejal de Cultura y deportes, confesaba estar «emocionado» ante tanta 'mens sana in corpore sano'.

A todo esto, la carrera estaba a punto de empezar y la muchedumbre cogía sitio para salir por piernas en cuanto sonase el pistoletazo de salida. Para entonces, los asistentes ya estaban coloreados hasta el tuétano. Durante la espera, se habían sometido a varios baños de polvos mágicos y parecían guerreros de alguna ignota tribu del Amazonas o por ahí.

Lo más curioso es que justo antes de que la serpiente multicolor partiera, la lluvia perdió fuerza, salió el sol y un espléndido arco iris coronó Granada. Y el personal flipaba en colores, y nunca mejor dicho otra vez. «¡Esto estaba preparado!», decía entre risas la concejala María Francés, a la sazón 'jefa' de la Policía Local mientras señalaba el gigantesco puente de colorines que atravesaba el cielo de la ciudad.

¿Botellón o 'polvorón'?

Quince minutos más tarde -el recorrido era liviano: sólo cinco kilómetros-, cuando las manillas del reloj se acercaban a la seis de la tarde, regresaban al punto de partida los más veloces. A lo largo del trayecto, habían sido profusamente espolvoreados en varias ocasiones, asi que casi parecían estatuas de terracota tiznadas de rojo-diablo.

-«Ha estado muy bien. Pienso repetir», comentaba Dioni, un alpujarreño residente en la capital con la cabeza cubierta con un casco vikingo.

-«¿Mejor que el botellón clásico?»

-«Yo ya no iba de botellón. No tengo edad para eso».

Jorge, de Albolote, tampoco, pero sus motivos eran diferentes. «A mí es que mi mujer no me deja ir de botellón, pero a esto sí».

En cambio, Cristina, de Maracena, nunca había participado en las juergas etílicas del botellódromo, así que no las echaba de menos.

Si esto sigue así habrá que abandonar el término botellón e inventar uno nuevo: ¿Qué tal 'polvorón'?