La ciudad que dio de comer a los niños

Un colegio de la Chana lleva dos años sin cerrar su comedor pese a que la Junta les debe 180.000 euros'

Nerea, Chacho, Luis, David, Talia, la maestra Rocío y Radu, quienes asisten al colegio y se quedan a diario en el comedor  /
Nerea, Chacho, Luis, David, Talia, la maestra Rocío y Radu, quienes asisten al colegio y se quedan a diario en el comedor
ÁNGELES PEÑALVER

En La Ciudad de los Niños, en el barrio de Bobadilla de Granada, cada día se reúnen casi 400 chavales de todas las edades que tienen en común haber nacido en familias vulnerables. Algunos residen de lunes a viernes en la escuela-hogar, otros sólo asisten al colegio y al comedor, también hay menores tutelados por la Junta, hijos de víctimas de violencia de género refugiadas en Granada o mayores que acuden al instituto... Gran parte procede del Polígono de Almanjáyar o de La Chana. Entre ellos, se entienden bien, pese a sus acentos rumanos, latinoamericanos o marroquíes. En la gran cancela de entrada de la Ciudad de los Niños -salpicada de animales y plantas- los Hermanos Obreros de María y sus trabajadores obligan a los visitantes a sacudirse los prejuicios y a luchar por el bien de esos menores, que en más ocasiones de las deseables tienen problemas de conducta o necesidades importantes.

Ese empeño ha logrado que en La Ciudad de los Niños ninguno de sus 120 alumnos de centro de día se quede sin almuerzo en los últimos dos años, pese a que no ha llegado ni un céntimo de los 180.000 euros que la Junta de Andalucía les debería haber pagado por ello. La Consejería de Educación cambió la manera de financiar las becas de comida de los escolares en riesgo de exclusión social de los colegios concertados y esa alteración -para ajustarse a la legalidad- paralizó las vías de financiación. Esos impagos provocaron que otros centros de la zona Norte se levantaran en pie de guerra porque el catering que los proveía tiró la toalla asfixiado por las deudas. Los niños de zona Norte se quedaron casi dos meses sin probar bocado en la escuela, cuando en algunos casos esos alimentos eran los únicos que recibían al día.

El hermano Juan, director de la Ciudad de los Niños, cuenta que ellos han podido ponerle el plato por delante religiosamente a los niños durante dos años porque tienen una cocina para la residencia que ha abastecido también al comedor escolar, duras decisiones mediante, como despedir a personal de limpieza o cocineros. Ese ahorro y las deudas contraídas con firmas muy comprometidas, como Pollos Arenas, quienes aún están a la espera de que los Hermanos Obreros de María les paguen miles de euros, han obrado este peculiar milagro de los panes y los peces.

Nerea (7 años), Chacho (11 años), Luis (11), David (12), Talia (10) y Radu (11) asisten al colegio y se quedan a diario en el comedor, donde los monitores también emplean estrategias para mejorar sus habilidades y comportamiento. Salvo asumir pequeñas tareas de limpieza o de organización del comedor, los pequeños no han notado esa carestía que sí ha hecho tragar saliva y ha asfixiado más de una vez a sus profesores y a los hermanos de la orden, de los que dependen algo más de 70 trabajadores.

«Debemos mucho dinero a los proveedores y cuando la Junta nos pague cobrarán debidamente. Son muy generosos y le vamos abonando las deudas poco a poco con los donativos», apostilla el religioso, quien se mueve como un torbellino y no oculta que el espacio necesita más benefactores y socios que garanticen y faciliten el futuro de la entidad. Carmen, del departamento de socios, dice que precisan ampliar los bienhechores de cuota, que apenas llegan a los 100. «Sólo bastan 5 euros al mes o lo que se pueda», zanja.

Un panadero o cooperativa

Ya tienen grandes colaboradores, como Salvador, ese panadero de Ogíjares a quien La Ciudad de los Niños le compra «un poquito de pan» y a cambio les regala muchísimo género. «La compañía de limpieza del comedor, que es una cooperativa, también ha sido muy comprensiva. Le debemos un dineral», reconoce el hermano Juan, quien espera que la Junta les pague pronto y que convoque a principios de 2016 las nuevas ayudas de comedor sin ningún tipo de traba legal. La firma Pisalgo, de Sevilla, aporta a La Ciudad de los Niños los productos de desayuno y conservas es otra de las empresas que con su paciencia en el cobro hace posible la labor de los Obreros de María. Abbot, Cervezas Alhambra o La Caixa también arriman el hombro.

«Nosotros estamos contentos», coinciden los seis niños presentes en el reportaje, que hoy comerán lentejas y ensalada de pasta, cuenta Pilar, la cocinera, quien apenas emplea cerdo y sí «mucho pollo». «Yo he tenido alumnas que venían al colegio para desayunar», señala la maestra Rocío, responsable de Primaria. «Antes sobraba algo en los comedores, ahora nada. Y los lunes se nota que los críos vienen con hambre y comen más. Es duro», apostilla el hermano Juan.

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