Veinte casos de violencia escolar

Simulación de una escena de acoso escolar reproducida por escolares de un instituto. /
Simulación de una escena de acoso escolar reproducida por escolares de un instituto.

La Asociación contra el Acoso Escolar advierte de que la mayoría de los casos procede de la ESO, aunque algunos vienen desde Primaria

JOSÉ RAMÓN VILLALBA

Un adolescente de once años terminó con su vida el miércoles de la pasada semana en la localidad madrileña de Leganés. En la carta de despedida a su familia decía «que no quería ir al colegio». Esa afirmación despertó las sospechas de la Policía Nacional sobre un posible caso de acoso escolar, aunque los investigadores casi sepultaron ayer esta hipótesis.

Este mismo periódico, sin ir más lejos, publicó el pasado lunes una sentencia que condenaba a seis niñas del Cinturón Metropolitano por grabar la paliza propinada a otra menor de su mismo centro educativo y después difundirla por la red social 'whatsapp'. Esta retahíla de casos, unos dramáticamente fatídicos y otros bastante graves, aunque sin llegar al extremo de la muerte, vuelven a poner encima de la mesa la lacra del acoso escolar, donde un menor de edad siempre aparece como diana de las mofas y agresiones de los acosadores, que suelen ser compañeros de clase o de otros cursos.

«En Granada ahora mismo estamos trabajando con, al menos, veinte casos de acoso graves de escolar, donde el menor y su familia lo están pasando bastante mal, aunque algunos de estos supuestos vienen coleando ya desde 2013 y 2014». Las palabras son de Encarna García, presidenta de la Asociación contra el Acoso Escolar (Acae), quien conoció de primera mano el sufrimiento de una persona acosada, su hija, quien con 9 años pasó las de Caín por este problema.

«Nos encontramos más casos en los centros de enseñanza concertada, pero principalmente porque los responsables del colegio no suelen reconocerlo y entonces sólo colaboran a engordar el problema», advierte. No siempre es así.

Pocos son graves

Paco Olvera es inspector de Educación y uno de los representantes de la administración educativa en la Comisión provincial de Convivencia, donde se abordan estos temas cuando sobrepasan los medios para afrontarlos en el instituto o el colegio. «A la hora de abordar estos problemas hay distintos estadios. La mayoría se resuelven en los propios centros educativos y sólo los más graves nos obligan a adoptar otras medidas. Por suerte apenas hay casos graves, no sé en qué número andamos, pero son muy pocos, el número resulta insignificante; no así la importancia del problema». Olvera considera que la incidencia de casos se reparte «al 50% entre la enseñanza pública y la privada-concertada». «Sí solemos encontrarnos que a muchos centros concertados les cuesta más trabajo grabar en el programa 'Séneca' -donde se recogen todo tipo de incidencias- estos problemas de acoso, algunos creen que se juegan su prestigio y por ello no lo hacen».

Los cursos de primero y segundo de Enseñanza Secundaria son los que más problemas de acoso suelen registrar. «Nosotros podemos decir que más del 50% de los casos atendidos en todo el territorio nacional se corresponden con adolescentes que cursan primero y segundo curso de la ESO, aunque muchos de estos menores ya vienen arrastrando desde la enseñanza Primaria el acoso y por no atajar el problema se hace cada vez más grande». Encarna García, por la experiencia acumulada en todo este tiempo, asegura que lo ideal es afrontar el problema lo antes posible, sin dilación alguna.

Medios suficientes

«Hay medios suficientes para abordar este problema y de hecho cuanto más grave es el caso más resortes saltan para afrontarlo».

Olvera apunta tres datos para prevenir esta lacra. «En el ámbito familiar, más educación. Muchas veces coincide que los acosadores son niños muy protegidos, muy mimados y creen que fuera de su casa todo funciona igual que dentro. En la escuela, en ocasiones hace falta dejar de lado la obsesión por cumplir el temario y aprovechar ciertas noticias o hechos que ocurren en el día a día para hacer más pedagogía. Y en tercer lugar, Finlandia ha logrado implantar programas que enseñan a aislar el acosador y apostar más por la solidaridad con la víctima, podemos fijarnos en ellos para crecer». Este experimentado inspector elogia el trabajo que se hace en Andalucía para trabajar este fenómeno del acoso: «Hay mucha sensibilización con este fenómeno, tenemos aulas de convivencia, contratos de convivencia con los acosadores, programas de alumnos mediadores que trabajan con víctima y acosador, profesores volcados con este tema y centros educativos muy volcados con este fenómeno».

Por último, Encarna García pide apoyo a los partidos políticos para que incluyan en sus programas electorales medidas para combatir este problema. «A nosotros solo se ha dirigido IU para pedirnos información cuando estamos hablando de un problema muy importante y grave que me atrevería a comparar con el de la violencia de género, aunque cada uno en su contexto».

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