Una impresora de 'carne y hueso'

José Baena, segundo por la izquierda, es el director ejecutivo de Regemat, firma granadina de innovación/
José Baena, segundo por la izquierda, es el director ejecutivo de Regemat, firma granadina de innovación

La empresa granadina Regemat 3D, con el joven José Manuel Baena al frente, ha diseñado la primera bioimpresora española, con aplicaciones para acelerar el desarrollo de fármacos, para reducir el uso de animales en ensayos clínicos y con el reto de lograr regenerar lesiones en órganos dañados

ÁNGELES PEÑALVER

Lo de crear órganos completos en el laboratorio es una pugna que el hombre mantiene con la ciencia y con la naturaleza, con escasos resultados hasta el momento. En ese camino, una empresa granadina, Regemat 3D S.L, ha dado un salto considerable, al convertirse en la primera firma española en diseñar una bioimpresora de tejidos, esto es: una máquina que elabora mallas a base de hidrogeles que contienen células que reproducen las características de los tejidos vivos.

Los productos de la bioimpresión tienen una gran aplicación en el campo de la medicina regenerativa. Las células en estos andamios tridimensionales se comportan de manera similar a cómo lo hacen en un organismo, debido a que las condiciones son más similares a las fisiológicas. Y estos productos bioimpresos pueden servir para acelerar el desarrollo de fármacos, para reducir el uso de animales en los ensayos preclínicos y -¿por qué no?- algún día para regenerar lesiones en los órganos dañados e incluso reemplazarlos.

La tecnología que desarrolla la firma granadina busca un hueco en el mercado ofreciendo varias posibilidades. Con ella quieren acelerar las fases preclínicas -pruebas que se llevan a cabo en un contexto científicamente controlado con utilización de cultivos celulares y animales como modelos- y clínicas de las investigaciones, así como probar fármacos en estos tejidos elaborados mediante bioimpresión.

Es cierto que existen dos decenas de empresas a nivel mundial que desarrollan productos similares a los de los granadinos, pero ellos han sido los primeros en hacerlo a nivel nacional, además están bien situados a nivel mundial, porque llevan más de ocho años trabajando en el uso sanitario de la impresión 3D.

Regemat cuenta José Manuel Baena (Valencia, 1983) como director ejecutivo, quien ha iniciado esta andadura junto al investigador Juan Antonio Marchal, del grupo de Terapias Avanzadas, ubicado en el IBIMER del PTS, que trabaja en un proyecto para la regeneración de cartílago, además de ser catedrático de Embriología Humana en la Universidad de Granada.

La impresión tridimensional es un campo en eclosión con miras en sus múltiples aplicaciones médicas. Ya se ha avanzado en el diseño y creación de prótesis e implantes a través de esta técnica, que logra piezas a medida con menores riesgos de rechazo. Antes de sacar el material por la impresora hay un concienzudo diseño del objeto en el ordenador gracias a sistemas de Software muy avanzados. Para quien aún ande perdido: donde antes mandabas a imprimir un folio, ahora lo haces con una prótesis de cadera, con una reconstrucción facial y, en el futuro, se aspira a que salga un cartílago o una córnea.

Una mente inquieta

José Manuel Baena -tras licenciarse en Ingeniería Industrial en la Politécnica de Valencia- termina ahora sus estudios de Doctorado en Biomedicina en la UGR, pero le ha dado tiempo a todo... En 2011, fundó la firma Breca Health Care y se convirtió en un pionero en el uso de la impresión 3D en el sector salud y empezó a poner a disposición de los centros médicos que lo requerían prótesis personalizadas realizadas en titanio. Según el joven, este nuevo sector está evolucionando muy rápido. Ellos, mediante sus nuevas bioimpresoras 3D, que cuestan alrededor de 9.000 euros, ya dan soporte técnico a los investigadores y empresas que quieran avanzar en este camino.

«Con nuestra nueva 'start up' queremos que se pase de utilizar cultivos en 2D a 3D», señala Baena, autor del libro 'Emprender en carrera'. Para ésta, su última aventura empresarial, ha requerido la colaboración de la Universidad de Granada, el Hospital de la Paz de Madrid y el CSIC, así como con una empresa del sector farmacéutico.

Aunque inicialmente la bioimpresora está configurada para fabricar algo semejante al cartílago, Baena y su equipo esperan que pueda utilizarse para huesos, piel u órganos como el colon en un futuro.

 

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