Año nuevo, vida nueva

Año nuevo, vida nueva

Les ofrecemos un repaso de las fiestas navideñas con la hemeroteca de IDEAL como excusa. Una mirada en sepia de aquellos días sencillos y humildes de los que quedan bonitos recuerdos

AMANDA MARTÍNEZ

Sonaron las doce solemnes campanadas. Adiós a 1975, un año histórico en la política española. Franco había muerto un mes antes. Don Juan Carlos fue proclamado rey y los españoles escucharon por primera vez su mensaje antes de la cena de Navidad. En los años setenta la Nochebuena continuaba siendo una celebración reservada para la familia, íntima, con salida a la Misa del gallo pero poco más. En el Albaicín, eco de tradiciones de antaño, el ambiente familiar pasó de las casas a las calles y el vecindario encendió hogueras para calentarse del frío, unirse en corro alrededor de las llamas y cantar villancicos. En la Nochevieja en cambio, los cotillones poco a poco se iban imponiendo a las discretas cenas de antaño. En la capital, se sucedían las ofertas de cena cotillón. El del Suspiro del Moro, Jardines Neptuno, el restaurante Colombia, la discoteca El Cadí o el Capricho, eran algunas de las fiestas que se anunciaban en este periódico. También llegó la costumbre de viajar en las vacaciones de invierno y entre Sierra Nevada y la Costa del Sol granadina andaban las preferencias para recibir el año fuera de casa. Las calles lucían su alumbrado navideño, aunque se iluminaban apenas unos días antes de Pascua. Eran tardes de visitar a los abuelos, abrigados con las manoplas y el pasamontañas de lana, cargados con carrañacas y panderetas. Eran tardes de tele, de «¡Cómo están ustedes!» y Félix Rodríguez de la Fuente. Tardes de cine, el Aliatar, Palacio del Cine, el Regio, el Goya, 'Amarcord' en el Alhambra, o 'Furtivos' en el Regio. En Bibrambla, las zambombas de plástico habían llegado a los puestos del tradicional mercadillo, donde también se vendían los regalos y juguetes más modernos para los pequeños además de objetos de broma para el día de los Inocentes. Junto a los tenderetes, un grupo de estudiantes vendía ramaje de abeto con el que recaudar fondos para el viaje del paso del ecuador. La plaza continuaba, como siempre, siendo el zoco de la pascua granadina.