Una pensión desde el infierno nazi

Salvador supo que podía cobrar la ayuda francesa gracias a su hija, que leyó un reportaje en la prensa. /
Salvador supo que podía cobrar la ayuda francesa gracias a su hija, que leyó un reportaje en la prensa.

Francia indemniza con 27.000 euros a seis hijos de granadinos muertos en campos de concentración

LAURA SANTACRISTINAgranada

A Salvador no le dio tiempo de reparar en la ausencia de su padre. Emilio Pérez desapareció tan solo cuatro meses después de que naciera y nunca regresó a Cacín. Sus recuerdos son datos, anécdotas y descripciones que otros le han contado, por eso cuando el hijo habla de él lo hace dando voz a otros narradores: «Tu padre nunca se metió con nadie, nunca hizo daño a nadie», relata adoptando la personalidad de vecinos y familiares de pueblo que sí convivieron con él y le han transmitido lo que saben.

Emilio tuvo que abandonar la pequeña localidad granadina durante la Guerra Civil y llegó hasta Francia, desde donde mantuvo una correspondencia habitual durante más de un año con su familia. Sin embargo, llegó un momento en que la comunicación se cortó de la noche a la mañana y durante más de 20 años ni su hijo ni su mujer volvieron a saber nada de él. Ambos permanecieron ajenos a las calamidades que Emilio sufrió entre 1940 y 1942 como preso en el campo de concentración de Mauthausen, donde los nazis finalmente le asesinaron cruelmente. «Su esposa pensaba que se habría enamorado de otra mujer", detalla la esposa de Salvador, Prácedes, aunque él mismo recuerda a su madre esperando, día tras día durante años a que Emilio regresara a casa.

Cartas alemanas y francesas

Ninguno supo de su muerte hasta que Salvador ya se había casado y cumplido 24 años. Entonces recibió una carta desde Alemania, en la que les informaban de que su madre comenzaría a percibir una renta mensual por ser viuda. A esa ayuda económica se añadió hace algo más de un año la indemnización de 27.440,82 euros que proporciona el gobierno francés «en reconocimiento de los sufrimientos padecidos por los huérfanos cuyos padres fueron deportados desde Francia y encontraron la muerte en campos nazis». Ambas prestaciones, sin ser su sustento, les han permitido vivir más desahogados.

De los 268 granadinos deportados, 175 fallecieron en los campos de concentración de Mauthausen y su anexo Gusen. Desde el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte se facilita un buscador en el que, clasificados por comunidad autónoma y localidad, se puede consultar la ficha de todos los deportados españoles de los que se tiene constancia y saber cuál fue su recorrido y final: si murieron, fueron liberados o no se tienen datos.

Aunque pocos de sus hijos ya octogenarios lo saben, tienen derecho a cobrar una pensión vitalicia de unos 500 euros mensuales o una indemnización como la de Salvador de forma íntegra. Para ello es necesario iniciar un proceso documental por el cual tienen que acreditar a Francia que su padre fue deportado por el gobierno francés y asesinado después es un campo de concentración.

Una ayuda impagable

Para eso está Pilar Pardo, investigadora y abogada que lleva buscando a estos hijos desde el año 2008. Con su ayuda ya son seis -y otro en camino- los granadinos que han logrado no solo la ayuda económica sino conocer la historia de su padre, una tarea por la que no cobra absolutamente nada. «He llamado a todos los ayuntamientos de pueblos de los que eran naturales las víctimas», apunta a través del teléfono esta mujer comprometida hasta los huesos con la causa. En total, señala haber contactado a más de 3.000 consistorios en toda España.

En concreto, ha logrado localizar a cinco huérfanos de vecinos granadinos además de Salvador. Los cuatro hermanos Vico, residentes en Píñar e hijos de Antonio Vico. También a Antonio Caballero, de Fonelas, quien lleva el mismo nombre de su padre y por último a José, que aunque reside actualmente en Avilés, su padre procedía de la localidad de El Pinar. Él acaba de iniciar los procedimientos para obtener la prestación francesa.

«Alemania pagó por asesinar, Francia lo hace por deportar», puntualiza Pilar Pardo, quien con humildad no quiere pasar por alto la furiosa lucha que mantuvo Ramiro Santisteban contra el gobierno alemán, al que llevó a juicio hasta en dos ocasiones para que las mujeres que perdieron a sus maridos fuesen consideradas viudas de guerra y por tanto pudieran cobrar una indemnización también. La lucha incesante de unos pocos que pretende honrar a los miles de fallecidos con tremenda crueldad.

Entre las letras caligrafiadas que sostiene Salvador no se pueden encontrar descripciones del infierno. Esas cartas, que él no ha llegado a leer, se puede adivinar a un Emilio cansado, ilusionado con poder regresar algún día a casa y que, poco a poco va acusando las penurias de encontrarse lejos y desesperado en ocasiones, aunque siempre intenta tranquilizarles. En ellas siempre tiene unas palabras concienzudas para su hijo y para que la madre cuide de él por encima de todas las cosas.

Emilio, además de nombre tuvo números. Primero fue el 2616, la matrícula que le dieron en la prisión francesa de Estrasburgo de donde saldría deportado hacia Alemania e diciembre de 1940. Al llegar al campo de concentración de Mauthausen su antebrazo pasó a llevar tatuado el 5125 hasta el 13 de marzo de 1942, cuando murió.

El campo de los españoles

La historia de Emilio puede ser la de muchos otros ya que Mauthausen llegó a ser conocido como el «campo de los españoles». A ese lugar cercano a la ciudad de Linz llegaron la mayoría de ellos entre agosto de 1940 y 1941 para encomendarles las tareas de ampliación que terminaron por dar al lugar el aspecto de una auténtica fortaleza.

Sin embargo, el horror no estaba únicamente allí, a unos cuatro kilómetros al oeste se encontraba el campo anexo de Gusen, donde fueron a parar la mayoría de presos españoles. A él llegaban o bien porque la enfermedad y la debilidad los había dejado inútiles para trabajar o bien porque en Gusen los necesitaban para levantar la trituradora de piedra más grande de Europa. Durante su construcción perdieron la vida alrededor de 2.000 españoles. En 1941, Mauthausen y Gusen se habían convertido en los únicos campos de no retorno, a quienes llegaban allí lo único que les esperaba era la muerte.

Sin embargo, Pilar señala que los españoles «llegaron a ocupar espacios importantes como la oficina de documentación», una de los motivos por los que existen listados de fallecidos, dado que muchos compañeros pasaron día tras día apuntando el nombre y apellidos de los compañeros que morían y que Cruz Roja Internacional se encargaría de ordenar.

Como Salvador, los Vico y Antonio Caballero, otros huérfanos pueden cobrar esa pensión que llega desde el mismo horror nazi.

CÓMO PEDIR LA AYUDA

Documentación. A través de la página web del Portal de Archivos Españoles se pueden consultar las fichas de los deportados.

Burocracia. El proceso puede tener hasta tres fases. Una vez finalizado, se tarda entre 4 y 5 meses en cobrar.

Contacto. La investigadora que ofrece su ayuda para obtener las ayudas ofrece su correo electrónico: pilar.pardo.v@hotmail.es