Los escombros y la basura vuelven a las márgenes del río Monachil

Escombros vertidos en una de las márgenes del Monachil y que ayer permanecían allí./
Escombros vertidos en una de las márgenes del Monachil y que ayer permanecían allí.

El Ayuntamiento había limpiado el cauce este verano y retirado del mismo 7,5 toneladas de todo tipo de residuos

MIGUEL ALLENDE

Poco ha durado el esfuerzo realizado por el Ayuntamiento de Granada para dejar limpio por completo el cauce urbano del río Monachil. Apenas han pasado dos semanas desde que se terminaron los trabajos de desbroce y adecentamiento del lecho fluvial y de sus márgenes, con la retirada de más de 7,5 toneladas de residuos, y los escombros han vuelto a la zona. También todo tipo de basura doméstica y restos de botellón. Al menos en una parte de los dos kilómetros largos de recorrido que tiene este pequeño río a su paso por la capital granadina.

La zona del Monachil donde se pueden apreciar estos nuevos vertidos es la que discurre justo desde su entrada en la capital y cuyo punto de partida es la rotonda viaria que enlaza la Ronda Sur con la carretera de La Zubia -actualmente en obras-, que salva bajo un pequeño puente. Pues bien, unos cientos de metros más adelante y traspasado ya la autovía mencionada, ayer nos podíamos encontrar con un buen montón de escombros procedentes de arreglo de viviendas, así como bolsas llenas de latas de cerveza e incluso restos de muebles inservibles que a alguien le sobraba en su casa y ha depositado en la zona. También desperdicios de madera vieja y otro tipo de desechos que es mejor ni siquiera mencionar.

La escena con que se encuentra cualquier peatón que pase por esa zona concreta del Monachil es muy similar a la que ya describió este periódico en la información publicada en junio pasado. La única diferencia con respecto a la de entonces es que la vegetación salvaje que llenaba el cauce del río y que incluso impedía ver siquiera el pequeño flujo de agua de circula en dirección a la Vega, ha sido eliminada gracias a los trabajos desarrollados por los operarios de Inagra a lo largo de un mes.

No obstante lo anterior y en el espacio del río del que hablamos, la maleza -seca por calor del sol- permanece como se encontraba antes de iniciarse el verano en las riberas. Es decir, sin haber sido eliminada ni adecentadas las dos pequeñas veredas peatonales que discurren en paralelo al río y que tan solo utilizan en esta época del año, los amantes del deporte y de los paseos.

La lamentable situación de falta de intervención en esta zona se adentra hasta los límites donde termina o empieza, el recinto del Parque Tecnológico de Ciencias de la Salud (PTS). Una penosa tarjeta de presentación para quien accede de la ciudad al recinto biosanitario desde esa parte del barrio del Zaidín.

Aguas abajo

La situación aguas abajo mejora notablemente. La limpieza efectuada por el área municipal de Medio Ambiente se mantiene en cuanto el cauce discurre ya por territorio netamente urbano. Es decir, más allá del puente que da acceso al PTS y que hoy todavía se encuentra cerrado al tráfico a la espera de que finalicen las obras del metropolitano, hasta que circunda el recinto ferial de Santa Juliana, en el límite con el término municipal de Armilla, y discurre posteriormente hacia la urbanización 'Altos de Vista Nevada' que atraviesa en busca de la Vega. Accede a ésta bajo otro puente, en este caso de la Circunvalación.

Puntualmente, este periódico pudo apreciar ayer mismo algunos objetos vertidos del nuevo al cauce del río. Pero, también a diferencia de lo que pudimos contemplar en junio, son residuos aislados. Entonces se contaban por cientos. Incluidas bolsas de basura, neumáticos de automóviles, cartones, residuos orgánicos, que fueron convenientemente retirados por los operarios de Inagra. De su intervención da idea el volumen de desbroce y residuos antes mencionado.

Sin solución

Lo que sigue sin solución desde un buen número de años atrás, es la contaminación que sufren las aguas del Monachil por los vertidos de residuos fecales que recibe kilómetros después de su nacimiento, en los borreguiles que hay por encima de la estación invernal de Pradollano. Justo en los que están en el área esquiable que ha tomado el nombre de los mismos. El pequeño riachuelo discurre por esa zona, cruza la estación de esquí por completo y recibe depuradas las aguas residuales de edificios y empresas existentes en esa zona de Sierra Nevada. Sigue hasta Los Cahorros y se mete en el pueblo de Monachil. Y es ahí, precisamente, donde sufre la mayor agresión, pues a él van a parar las aguas fecales de casi 6.000 personas de la localidad. Monachil no cuenta con depuradora alguna, por lo que todos y cada uno de los darros del municipio vierten una mezcla de todo tipo de sustancias directamente al cauce del río.

La situación no hace sino agravarse cauce abajo. Recibe los darros de la zona donde se encuentra El Capricho y más adelante, del propio PTS. El problema de la falta de colector que tenía que hacer Armilla sigue sin ser resuelta.

«Es intolerable»

El concejal de Medio Ambiente, Juan Antonio Mérida, no daba crédito ayer a lo que le relataba este periódico. Consideró «intolerable» que una vez que se ha realizado una amplia labor de limpieza de todo el cauce urbano del Monachil, «vuelvan a campar a sus anchas los desaprensivos de siempre». Mérida aseguró que se limpiará de nuevo la zona afectada, se retirarán los escombros y cuanta basura se encuentre no solo en el cauce propiamente dicho sino en las riberas del mismo.

Para tratar de poner fin a este tipo de actitudes, Mérida señaló que la vigilancia que se implantó durante las labores de limpieza acometidas se llevará a cabo de nuevo. «La Policía Local intentará 'pillar' a los desaprensivos y para ello montará el dispositivo que sus mandos crean oportuno», señala al respecto. Es decir, una vigilancia aleatoria y a distintas horas del día. Se trata, especialmente, de encontrar a los pequeños camiones que vierten escombros en vez de llevarlos a los puntos de tratamiento de los mismos. Como la planta de Alhendín. «Es probable que se trate de empresas que incluso puedan estar trabajando de forma ilegal, sin permiso, y por ello arrojan ladrillos, cemento y todo tipo de residuos de la construcción donde mejor les viene», agrega el concejal. No descarta que sean de pueblos limítrofes.

Mérida añade a todo lo anterior que la actitud incívica de estas personas repercute en todos los vecinos de la ciudad, no solo por la mala imagen que dan situaciones de este tipo sino porque cualquier dispositivo extraordinario de limpieza, como el acometido en el Monachil, «lo tenemos que pagar todos los ciudadanos; es un gasto que no tendría que producirse». Desde el Ayuntamiento, el edil no puede por menos que «condenar este tipo de actitudes» y pide la colaboración de los vecinos para identificar a quienes son autores de estos hechos.