'Latidos del agua', la danza de Patricia Guerrero en el Teatro Alhambra

La bailaora nació en el Albaicín y con solo tres años su madre, la bailaora Mª del Carmen Guerrero, la puso a dar sus primeros pasitos en la academia que dirigía

IDEAL.ESGRANADA
'Latidos del agua', la danza de Patricia Guerrero en el Teatro Alhambra

El Teatro Alhambra recibe, los próximo 22 y 23 de noviembre (a las 21:00 horas), a la bailaora granadina Patricia Guerrero, con su espectáculo 'Latidos del agua'. Le acompañarán Luis Mariano Renedo (guitarra), David Sánchez 'El Galli' (cante), Miguel Cheyenne (percusión) y Alejandro Cruz (piano). Completan el cartel el Trío Albéniz -José Luis Recuerda (bandurria), nieto e hijo de los maestros Recuerda, Ismael Ramos (laúd) y José Armillas (guitarra)- y la voz de Arcángel.

Un precioso espectáculo de danza que no se debe perder.

¿Quién es Patricia Guerrero?

Patricia Guerrero, nació el 27 de febrero de 1990 en el Albaicín granadino. Con solo tres años su madre, la bailaora Mª del Carmen Guerrero, la puso a dar sus primeros pasitos en la academia que dirigía. Creció a los sones de palmas y rasgueos de guitarra jugando a bailar. Así nos lo contó ella: Yo bailo desde que tengo uso de conciencia, porque mi madre me ponía de chiquitita. Yo, desde siempre, recuerdo eso: el haber estado siempre bailando. Y aquello terminó gustándole.

Su formación continuó con la maestra de tantas bailoras y bailaores granadinos, La Presy. Tres años, desde 1997 a 2000. Ella montó su primera coreografía -unas alegrías- con la que hizo su primera actuación en público con guitarra y cantaor, como ella dice. Fue en la Peña de La Platería y tenía ocho años.

Con diez años, compartió cartel con Juana Amaya en el Festival Flamenco del Albaicín. Y siguió estudiando. Tomó clases de clásico español con Maite Galán y de flamenco con cuantos se acercaban a Granada a impartir cursos: Manolete, Stella Arauzo o Mercedes Ruiz, pero no se conformó y viajó a Sevilla y a Jerez de la Frontera.

A los catorce años completa su formación en el Centro de Estudios Escénicos Mario Maya.

En 2005 gana el Primer Premio del Concurso de Baile Flamenco de Ubrique (Cádiz) y forma parte de la Cía. de Mario Maya con la obra Diálogo del Amargo.

En 2.007 gana el codiciado premio El Desplante del Festival Internacional de Cante de las Minas (La Unión).

En el 2.010 presenta su espectáculo: Desde El Albayzíncon Matisse en el Museo de Bellas Artes del Palacio de Carlos V en Granada. Trabaja como solista en el espectáculo de Carlos Saura, Flamenco Hoy y entra a formar parte de la Cía de Rubén Olmo con la obra Tranquilo Alboroto. Participa en la película de Carlos Saura, Flamenco, Flamenco, bailando por guajira, junto al maestro Arcángel y a los coreógrafos Rafael Estévez y Valeriano Paños.

Desde el 2.011 compagina las representaciones como primera bailarina solista del Ballet Flamenco de Andalucía (BFA), destacando el paso a dos que protagoniza junto a Eduardo Leal con Metáfora y junto al maestro Antonio Canales en Llanto por Ignacio Sánchez Mejías, ambas, bajo la dirección de Rubén Olmo, con colaboraciones especiales, como Artista Invitada, en la obra del Cantaor Arcángel y la Accademia del Piacere: Las idas y las vueltas. Músicas Mestizas, por la que Patricia Guerrero es galardonada con el Giraldillo de Oro a la Artista Revelación en la Bienal de Flamenco de Sevilla (2.012).

Sobre 'Latidos del agua'

Latidos del agua es un compromiso. Es el reconocimiento de una deuda de gratitud contraída con Ángel Barrios porque, quizás sin saberlo, hemos heredado un hermoso legado aún por descubrir.

Latidos del agua es también arrebatar al olvido los ecos del Polinario, un lugar de leyenda en la Alhambra, bañado por el agua de los reyes árabes y por el palpitar de sus fuentes siempre vivas que fluyen como una oración. Una isla oculta en aquella taberna anclada en el corazón del milagro nazarí, donde arribaban, venidos de todos los rincones del mundo, náufragos enfermos de arte: pintores, poetas, músicos, danzarinas, flamencos antiguos y nuevos... y el agua, como diapasón de su guitarra.

El Polinario fue también cuna para Ángel Barrios. Allí fraguó, en su crisol de pentagramas, mundos árabes, gitanos, goyescos, de zambras y lágrimas, sutiles y frescos, como el agua.

El agua, siempre el agua.

Dijo allí la gran Karsavina: Quiero tener entre mis manos el corazón de esta fuente para transportar sus latidos a mis danzas.

Sea.

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