«No me veía en una oficina»

El deportista asumió varios proyectos tras retirarse y confiesa que no le dio tiempo a «echar de menos» la competición

MANUEL PEDREIRA
Casares, en la sucursal bancaria en la que trabaja. :: CHAPA/
Casares, en la sucursal bancaria en la que trabaja. :: CHAPA

Desde el pasado mes de febrero, en la oficina de CajaGranada de Huétor Tájar trabaja un deportista olímpico, nueve veces campeón de España y leyenda viva de uno de esos deportes minoritarios que exigen el mismo tesón y mucho más sacrificio que los 'mayoritarios', aunque eso no se traduzca en fama y, sobre todo, dinero. Ese empleado afable, servicial y dicharachero se llama Roberto Casares y ese deporte del que es su referencia histórica indiscutible es el tenis de mesa.

Roberto alcanzó lo más alto como jugador profesional, después llevó como gerente al club CajaGranada hasta la élite europea y, sin perder la fe y el amor por el deporte, lo acompañó hasta los abismos de la desaparición empujado por la crisis. «Me retiré como jugador en el año 2000 y enseguida me incorporé como director técnico y gerente del equipo de tenis de mesa. Desde 2004 fui, además, responsable del club de esquí y de montaña de CajaGranada, uno de los referentes de la provincia», explica.

Roberto fue un jugador precoz -desde los 15 años estaba en el equipo nacional-, pero siempre tuvo muy claro que el tenis de mesa no duraría siempre. En 1994, cuando disfrutaba de su esplendor deportivo, recibió el premio Andalucía de los Deportes y en la gala de entrega se gestó el compromiso de que, al colgar la pala, seguiría vinculado a la entidad financiera con un puesto de trabajo fijo.

El consejo de administración ratificó esa decisión en 1999 y Roberto respiró tranquilo. Terminó la carrera de Derecho y, por fin, abandonó el deporte. «Fui durante 15 años el número uno del ranking español, pero dejarlo no me causó ningún trauma. Me quité la presión de entrenar, comer y descansar, pero no tuve tiempo de echarlo de menos porque enseguida me surgieron proyectos, como el de ayudar a la candidatura olímpica de los Juegos de Invierno que al final no se consiguieron», rememora.

Roberto recuerda con especial ilusión los años en el equipo donde había jugado tantos años se codeó con los mejores de Europa. «Luego la crisis lo tiró todo por tierra», lamenta. Tiene tres hijos, de 19, 16 y 13 años, dos de ellos vinculados al mundo del deporte. El mayor esquía y el mediano ha seguido sus pasos y vive y entrena en Madrid. «No sé si mi hijo me ganará ya. Probablemente, porque yo apenas juego», confiesa.

El caso de 'Juanito'

No envidia al palista hispano-chino He Zi Wen 'Juanito', que todavía pasea su clases por las canchas con más de 50 años. «Lo de 'Juanito' es algo único en el mundo. Nunca tuve nivel para hacer algo así», reconoce. Tampoco se arrepiente de haber hecho toda su carrera en Granada, pese a que ahora vea las expectativas que se le abren a su hijo en Madrid. «Pude irme, pero estoy orgulloso de haberme quedado. Me salieron las cosas muy bien», presume.

Casares sigue vinculado al tenis de mesa a través de varias escuelas a las que asesora, en Baza y Huétor Santillán. Esa pasión le roba horas de descanso pero lo hace con gusto. «Llego a casa reventado de tanto coche, pero trabajar no me asusta», apunta.

Tampoco le viene grande ese cambio de ocupación tan radical tras toda una vida relacionado con un club deportivo, primero como jugador y después como directivo. Ahora le toca atender a los clientes de la Caja como un empleado más, «con toda la humildad del mundo». «Hace cinco años no me veía en una sucursal, pero ahora estoy a gusto. Me gusta la faceta comercial», añade. Si hay algo que echa de menos Roberto es «ganar, ese estímulo y esa ambición que te hace ir a por más».

En el lado contrario, sostiene que lejos del estrés de la alta competición se lleva una vida «diferente, mucho más cercana a la familia».

Charlas a emprendedores

El que fuera durante muchos años el mejor deportista de la provincia no ha echado en saco roto todo lo que aprendió en las canchas y, además de su trabajo en CajaGranada, ofrece charlas a emprendedores «para aplicar los valores del deporte, como el liderazgo, la ambición o la constancia al mundo de la empresa». También se siente cómodo en ese papel y no le asustan los micrófonos ni los auditorios.

En octubre ya tiene tres conferencias programadas por distintos lugares de la provincia. Desde luego, un tipo inquieto.

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