De 'La taberna' al Bosque de Pizarro pasando por Shangai

Benito Lamenca presenta hoy en Aldeire su obra 'En busca de las joyas de la abuelita'

ANTONIO ARENASGRANADA
Benito Lamenca. :: ARENAS/
Benito Lamenca. :: ARENAS

¿Es un cuento para adultos? ¿Es una novela fantástica (por lo que tiene de fantasía alucinógena)? "En busca de las joyas de la abuelita" es, sencillamente, una nueva obra literaria de Benito Lamenca (Ceuta, 1950) que presentará en Aldeire, el sábado 3 de agosto, a las 20:30 horas. Y ello tras la buena acogida dispensada en la Pantocrator Gallery de Shanghai (China) su colección 'Tigre verde con corazón azul', y cuando su primera novela 'La taberna' (Ed. Dauro, 2011) busca nuevos lectores. En cualquier caso nada de esto extraña a quien conoce y sabe de su producción artística de este ceutí recriado en Guadix y Granada, autonombrado 'Conde-duque del Valle de Abdalajís, marqués de Pizarro' y que se define como 'pintor que no sabe escribir, escritor que no sabe pintar'.

Original desde la propia tarjeta de presentación en el que de 18 a 20 h. se trastoca en agente literario con el nombre de Ben Joseph Cali para las dos horas siguientes transmutarse en 'Dulce Ángel Lucifer. Curator'. Y, en ambos casos con el mismo número telefónico en el que rara vez atiende las llamadas y mucho menos responde a los correos electrónicos. Pero si algo caracteriza a este polifacético artista que lo mismo pinta que escribe poesía o novela es no tener pelos en la lengua. Así lo ha demostrado en novela anteriormente indicada y lo vuelve a hacer en la nueva e inclasificable "En busca de las joyas de la abuelita", que lleva en la portada una clarividente advertencia «un cuento para niños (palabra tachada) mayores de 18 años».

En las casi 300 páginas deja su mente volar como si estuviera presa de los efectos alucinógenos de la amanita muscaria, vulgarmente conocida como matamoscas o falsa oronja que impregna de rojo la verde y atractiva portada diseñada para Dauro por Ágata Lech Sobczak.

Disparatada

Y entre «Bajaban del monte Toro Sentado, Caballo Loco y Foca Marina cantando a gritos una canción de guerra, cuando de pronto tropezaron con un caracol, que no tenía cuernos porque no había Sol» y «Chimpún, este cuento se ha acabado», 289 páginas en las que se narran las disparatadas aventuras de estos personajes en busca de la 'puñetera' Caperucita y su opulenta Abuelita, junto con otros clásicos de los cuentos infantiles, tales como El Lobo Feroz, Garbancito, Ali Babá y «los cuarenta concejales», de los dibujos animados de ayer como Bugs Bunny, Dumbo o la abeja Maya y de hoy como Shrek y Fiona y un largísimo etcétera, entre los que cuela también una buena dosis de humor escatológico y sexual y algún que otro chiste, como ese que dice "¿En que se parecen los ajos a los políticos? En que cuanto más se les investiga, más propiedades les descubren".