Adiós a Alfonso Parras, el pintor del paisaje jienense

Falleció ayer en Jaén a los 79 años de edad y ha sido enterrado esta mañana en Torredelcampo, de donde era Hijo Predilecto

JOSÉ M. LIÉBANAJAÉN
Alfonso Parras, en una de sus últimas exposiciones en Jaén. FRANCIS/
Alfonso Parras, en una de sus últimas exposiciones en Jaén. FRANCIS

Nos dejó Alfonso Parras Vilchez, el pintor de la atmósfera y de los paisajes jienenses, el de los cuadros «llenos de vida y cargados de esperanzas», como lo definió recientemente el cronista oficial de Jaén, Vicente Oya Rodríguez. Falleció ayer en Jaén a los 79 años de edad y esta mañana se ofició su funeral en su Torredelcampo natal, de donde era Hijo Predilecto desde el año 2008 en reconocimiento a su dilatada trayectoria artística.

Alfonso Parras nació el 27 de febrero de 1934. Comenzó su incursión en el mundo de las artes a temprana edad, iniciando su etapa formativa profesional en la Escuela de Artes y Oficios de Jaén. En 1958 ingresó en la Academia de las Artes Santa Isabel de Hungría de Sevilla. En los años sesenta le es concedida una beca para cursar estudios artísticos en Roma y posteriormente en París, donde se relaciona con la vanguardia artística de la época. Después de esta etapa formativa regresó a Jaén, donde instaló su primer estudio y dio comienzo su dilatada vida profesional, dedicada en exclusiva a la creación artística.

Entre sus muchas distinciones, Alfonso Parras está reconocido como el Pintor oficial de las Sierras de Segura y las Villas, y Pintor de las Islas Canarias. Y se le suele atribuir la capacidad de haber captado el alma del paisaje jienense. Además de Hijo Predilecto, el Ayuntamiento de Torredelcampo le otorgó en 1986 su nombre a una calle, como símbolo de reconocimiento a faceta creativa y en el año 2005 le rindió un emotivo homenaje.

«Lo suyo, de siempre, es la pintura afirma el cronista oficial de Jaén , al arte ha consagrado su vida. Alfonso Parras rinde culto al paisaje y lo traslada a sus cuadros con un realismo verdaderamente espectacular. Cuando en su juventud se hizo perito industrial se volcó con el dibujo. Logró siempre los trazos más singulares, más perfectos. Sobre los dibujos, que son como los huesos de la pintura, hecha carne con los colores, consiguió muchas veces de manera fácil, y otras con notabilísimos esfuerzos, poner alma, darle espíritu a la obra artística».

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