Twitter: la invasión de los trolls

Muchos usuarios de la red social se dedican únicamente a incordiar a ciertos personajes. ¿Cómo actúan y que se puede hacer con ellos?

CARLOS BALBOA , @CHARLYBALBOA
Twitter: la invasión de los trolls

Hace una semana, Fernando Alonso decidió abrir en su cuenta personal de Twitter (@alo_oficial) un espacio para la participación. Bajo el hashtag #preguntaAlo, invitó a sus seguidores a que le realizasen todas las preguntas que quisieran. ¡Quiero una entrevista hecha por vosotros! escribió el piloto español de Fórmula 1. Pues bien, la reacción de los usuarios que decidieron tomar parte de la iniciativa distó un poco de ser la que hubiera querido el protagonista. De las casi 9.000 cuestiones que recibió, muchas se formularon en tono jocoso, casi burlándose del propio Alonso. Sirvan este par como ejemplo: ¿Es cierto que tienes tanto cuello que te haces el nudo de la corbata en el pecho?, ¿Tu también sueñas con morfeo?. En definitiva, durante un par de días, Fernando Alonso, con más de millón y medio de followers, fue objeto de un trolleo o ataque de trolls masivo. Los menos duchos en Twitter , sin embargo, pueden que no estén al tanto de la actividad de estos usuarios de la red social, denominados con este anglicismo. ¿Cómo son y por qué y para qué escriben en Twitter?

El troll es aquel twittero cuya misión es atacar las cuentas de personajes con muchos seguidores, la mayoría de ellos de cierta popularidad, con el objetivo de dejarlos en ridículo, en evidencia o desatar una discusión con el personaje desafiado (siempre que estos caiga en la provocación). Este ha sido el caso (reiterado) del presentador y cómico Andreu Buenafuente (@Buenafuente), que ha mantenido más de alguna discusión con insultos incluidos frente a los comentarios de varios trolls. Muchos de estos usuarios se esconden bajo el anonimato tanto en el nombre de su cuenta como en la descripción de su perfil, aunque existen otros que prefieren ir a cara descubierta. Sea cual sea su presentación, siempre están atentos para corregir cualquier observación del personaje al que siguen, recriminarle y reírse de él, ya sea usando la ironía o empleando burdas palabras. Otros, todo hay que decirlo, solo pretenden molestar y llamar la atención.

Modus operandis

El troll profesionalizado, es decir, el que se pasea en Twitter por y para incordiar, no se fija solo en las actualizaciones diarias de los usuarios a los que pretende incordiar. Suele ser habitual que recurra a su time line para extraer del pasado aquellas observaciones que considera elementales para poder sustentar su ofensiva. Entre los periodistas deportivos, a tenor de la polémica generada en torno a Mourinho y Casillas, ha habido alguno que ha sufrido este sistema. Su fin es demostrar que una opinión antigua se ha revelado días después como desfasada, absurda o contradictoria con las emitidas más tarde.

¿Qué se puede hacer con ellos?

Cuando se tiene la sensación, o la certeza, de que se está siendo objeto de las balas de un troll, en primer lugar es recomendable responder en tono agradable y por supuesto educado, asumiendo un error si se ha caído en él o tratando de generar un debate cordial si las posturas son coherentes. No obstante, si el troll ha pasado ya al insulto y la incongruencia, es conveniente publicar un tuit para el resto de los seguidores nombrando a esta persona y alertando de su actividad. Hay quien opta también para retuitear los comentarios ofensivos para que las malas artes del troll adquieran más relevancia y pongan sobreaviso al mayor número de usuarios posible. En este punto, rebajarse a su altura solo puede repercutir negativamente en el usuario que ha sido agredido.

Se ha dado el caso de usuarios que han abandonado Twitter a causa de los ataques de los trolls. La política socialista Elena Valenciano lo hizo por recibir amenazas contra sus hijos. El humorista Santi Rodríguez se fue tras ser objeto de numerosos insultos (aunque luego, a petición popular, regresó).

Cuando los trolls son ignorados, redoblan sus ataques, buscando desesperadamente la atención que desean, esencia de su ocupación. Sus mensajes se observan más ofensivos que nunca y de frecuencia más constante. En este punto, se puede llegar a la circunstancia de bloquearlos para que no puedan dirigirse al usuario al que fastidian. Twitter se encarga de orientar los pasos en este sentido en su centro de soporte y ayuda.

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