La peor pesadilla de los menores

El 'grooming' no tiene fronteras, los agresores suelen estar en otras provincias e incluso en otros países, su persecución no resulta nada fácil

:: JOSÉ R. VILLALBAGRANADA
Un miembro del Edite durante un registro en un domicilio. :: IDEAL/
Un miembro del Edite durante un registro en un domicilio. :: IDEAL

Amanda Todd era una chica canadiense que se quitó la vida el pasado mes de octubre, casi un mes después de haber grabado y publicado un vídeo en Youtube denunciando ser objeto de acoso por la red, después de ser engañada por un adulto para que le mandara imágenes de sus pechos por Internet. Este caso de Grooming, acoso sexual por la red de un adulto hacia un menor, se registra con relativa frecuencia en la provincia de Granada, con una media de, al menos, un caso al mes.

El grooming, con carácter general, puede ser definido como el conjunto de actuaciones tendentes a conseguir, por parte del delincuente, que una persona menor de edad con la que ha conseguido una relación de confianza mediante equipos electrónicos se desnude, realice actos sexuales o le facilite un encuentro sexual directo, siendo frecuente el resultado de acoso puro hacia la víctima menor.

«La forma de actuar es muy similar, en la mayoría de las ocasiones, el acosador busca foros o páginas webs donde suele registrarse una alta participación de adolescentes, y comienza a ganarse, poco a poco, la confianza de la menor, utilizando una identidad que no es la real», apunta uno de los responsables del Edite, el equipo de Delitos Informáticos y Tecnológicos de la Comandancia de la Guardia Civil de Granada. Una vez ganada la simpatía de la víctima comienzan a solicitar fotografías personales, que poco a poco se van convirtiendo en demandas más exigentes que incluyen imágenes de desnudos. «La denuncia suele ser presentada cuando la víctima reacciona y se da cuenta de que está siendo brutalmente acosada», señala otros de los miembros del Edite, quienes prefieren obviar su nombre.

Uno de los grandes problemas en este tipo de fechorías es que los mayores de 13 años sí pueden tener relaciones sexuales consentidas, por ello la mayoría de acosadores escogen a sus víctimas a partir de esas edades, una forma de evitar que el ordenamiento jurídico le puede imputar delitos de mayor calibre penal.

Los agresores, que comienzan siendo virtuales y muchas veces acaban por serlo en la realidad física, pueden ser del entorno de la menor, pero otras muchas veces no es así. «Pueden ser personas con residencia en otra provincia e incluso otra comunidad autónoma, sobrepasan las fronteras y ello complica más las investigaciones». La mayoría de estos acosadores que son identificados y puestos a disposición judicial, suele ser gente que sabe muy bien a qué «juega».

Acosadores sin fronteras

Este tipo de acosadores no tienen fronteras. Entre algunas de las operaciones desarrolladas por elEdite en Granada, lograron detener a un individuo que operaba desde Toledo y tenía sometidas a varias menores de la provincia de Granada.Otro más reciente fue detenido en la provincia de Sevilla, estaba casado con una profesora de una guardería. La mayoría de las víctimas atendidas por el Edite proceden del cinturón metropolitano.

Operaciones de este calado «solo se consiguen» con la denuncia de los menores que están siendo acosados. «Algo muy delicado, explica el agente, porque en la mayoría de las ocasiones los menores tienen miedo de contarles a los padres que están siendo víctimas de un acoso, por miedo a posibles represalias», aclara el guardia civil del Edite, quien recuerda que no es demasiado difícil «que los menores vivan este problema como una de sus peores pesadillas».

Ante la gravedad de la situación, los agentes indican que los padres deben tener un «vinculo de confianza» con sus hijos. «Al igual que a nosotros nos advertían de pequeños sobre los riesgos que había en la calle, los padres de ahora deben explicar a sus hijos los aspectos negativos que ofrece en la actualidad Internet». Y es que los agentes del Edite sostienen «que así, lograrán la adecuada protección para el menor en la medida de lo posible». Si bien este equipo especializado señala que la educación de los hijos con las nuevas tecnologías no se debe llevar a cabo violando la intimidad de los menores. «Se trata de establecer un diálogo constante», precisan.

Frenar los amenazas

La primera directriz que los agentes dan a los menores que denuncian un acoso en la red, «es que dejen de tener inmediatamente contacto con la persona que está ejerciendo dicho acoso». «Solo así, precisan, se puede frenar las amenazas». Al igual que han aumentado los peligros en Internet, los equipos Edite de la Guardia Civil se han armado de nuevas herramientas para proteger a los menores en la red de redes.

Una de las aplicaciones más destacadas es el programa bautizado como «Vicus». Esta herramienta, desarrollada por la Guardia Civil y un grupo de investigadores de Ingeniería de Telecomunicaciones de la Universidad de Vigo, tiene por objetivo localizar los recursos relacionados con delitos cometidos contra menores en redes públicas de intercambios de archivos en Internet. Es una aplicación que sirve para localizar a los usuarios que intercambian archivos pedófilos a través de los programas P2P. El programa, que está centralizado en la Unidad Técnica de Policía Judicial de la Dirección General de la Guardia Civil.

«Soy Amanda Todd. Estoy sola. No tengo a nadie. Ayudadme...». Pero nadie lo hizo. El suplicio de Amanda comenzó dos años atrás, frente a la webcam de su ordenador, mientras sus padres hacían su vida en la habitación de al lado. Como tantos y tantos niños... Un desconocido engatusó a Amanda con piropos, diciéndole lo bonita que era. Se ganó su confianza durante días. Hasta que la niña le mostró sus pechos por la cámara. Y Amanda Todd comenzó a morir en vida...