Un año de cárcel para dos hombres que vendieron una finca propiedad de otro en Granada

El comprador estafado adquirió la parcela por 90.000 euros, invirtió más dinero en reformarla y después perdió un pleito contra el verdadero dueño

MANUEL PEDREIRAGRANADA
Condenados. Los dos acusados, ante el tribunal de la Audiencia Provincial. :: Ideal/
Condenados. Los dos acusados, ante el tribunal de la Audiencia Provincial. :: Ideal

Neil John R. se encaprichó de aquella finca de Carataunas y en junio de 2005 invirtió sus ahorros para comprarla con la idea de convertirla en su retiro dorado. Jamás podía imaginarse que aquella operación se iba a convertir en una pesadilla con abogados, pleitos, jueces y muchos años de por medio. Todo para, al final, quedarse sin la finca y pendiente todavía de recuperar el dinero que, por mandato judicial, volverá a su cuenta corriente algún día de estos. Las ilusiones, los sueños de ver atardecer en ese rincón de la Alpujarra ya no hay quien se los devuelva.

La sección primera de la Audiencia Provincial celebró ayer el juicio contra los dos hombres que le estafaron. Ambos, Juan Antonio J. M. y José Manuel V. S., han asumido los hechos y serán condenados a un año de prisión el fiscal pedía inicialmente tres y a los obligación de restituir al estafado el dinero que les entregó y el que gastó después en acondicionar la finca y en pleitos con el verdadero propietario, en total 115.000 euros.

Según el escrito de calificación del fiscal, al que ha tenido acceso IDEAL, el engaño empezó a gestarse en octubre de 2003. Los acusados, «actuando de mutuo acuerdo y con ánimo de ver incrementado su patrimonio, idearon un plan para hacerse mendazmente con la titularidad de una finca (...) propiedad de Emilio M. G., con la finalidad de lucrarse con su venta posterior».

Los acusados le habían echado el ojo a la finca para sus planes y sabían que no se encontraba inscrita en el Registro de la Propiedad. Con la presa libre, se trataba de conseguir la apariencia de que eran ambos eran los propietarios de esa finca ante futuros adquirentes. Lo primero que hicieron fue solicitar a la gerencia provincial del catastro de Granada que la finca figurase catastrada a su nombre, cosa que consiguieron a través del correspondiente expediente de alteración o cambio de titularidad catastral.

Los acusados conocían el sistema y sus posibles imprecisiones y, con la finalidad de disponer de un justificante documental, fabularon un contrato privado de compraventa entre ambos. Juan Antonio J. M. se hizo pasar por dueño de la finca y la vendió al otro acusado, que la adquirió en representación y como administrador de una sociedad.

Documentación precaria

«Con tan precaria documentación subraya el fiscal y ayudados por el hecho de que el catastro no diera audiencia al que entonces aparecía como titular catastral de la finca, los acusados lograron que apareciera catastrada a favor de la señalada sociedad». La primera trampa ya estaba hecha. Ya había un papel que les acreditaba como propietarios del terreno. Pero no se quedaron ahí y «para dar mayor formalidad al fraude», uno de los acusados «nuevamente, esta vez ante notario y en escritura pública», vendió la finca de nuevo a la misma sociedad. En su celo por aparentar que el terreno era suyo, hicieron un nuevo movimiento y, una semana después de la última venta, la ratificaron ante notario.

Con esos documentos públicos en la mano, Neil John R. cayó sin remedio en la emboscada. El dos de junio de 2005, vendieron la finca a este súbdito británico quien «engañado por las maquinaciones fraudulentas de los acusados y en la creencia de que la sociedad era la propietaria legítima de la finca desembolsó como precio 90.000 euros más los gastos accesorios de la transmisión (impuestos, registro, etc...)».

Compraventa realizada y todos contentos. O no. Como era de esperar, el verdadero propietario del terreno apareció y, en el mes de mayo de 2007, demandó a Neil John R., un litigio que ganó el dueño tanto en primera como en segunda instancia.

El súbdito británico se subía por las paredes. No sólo había pagado 90.000 euros sino que ya había desembolsado importantes cantidades de dinero para el acondicionamiento de la finca, con obras como la acometida eléctrica o la rehabilitación de las edificaciones existentes.

No es aventurado pensar que Neil John R. había elegido la Alpujarra tras leer a su compatriota Chris Stewart, autor de Entre Limones, un libro en el que el exbatería de Genesis narra sus peripecias en un cortijo perdido de Órgiva y que se convirtió en un best seller en el Reino Unido desde su publicación en 1999. A Neil, la aventura no le pudo salir peor. Dos estafadores se cruzaron en su camino y hasta ayer no ha logrado que, al menos, un tribunal le dé la razón.