El Arco de las Orejas y la polémica nacional por su derribo

Este arco árabe fue derribado en 1884 y reconstruido en la Alhambra en 1935. Antes, llegó a ser considerado monumento nacional y el presidente de la República clamó por su permanencia

JUAN RAMÓN OLMOSGRANADA
Grabado que David Roberts dedicó al Arco de las Orejas./
Grabado que David Roberts dedicó al Arco de las Orejas.

Del Arco de las Orejas queda hoy el recuerdo en forma de pequeño callejón al lado de Plaza Bib Rambla. Era allí donde se erigía un arco árabe levantado en el siglo XIV y que, durante el siglo XIX, fue objeto de una enorme polémica en la que llegó a intervenir la entonces autoridad máxima del Estado.

Pero antes de meternos en faena, convendría aclarar el origen de su curioso nombre. La principal teoría apunta a que era llamado así porque en él se exponían los miembros de los malhechores ejecutados por la justicia. Sin embargo, en el libro 'Viajero en Granada', de Miguel Lafuente, éste cuenta otra sangrienta explicación: "En tiempo de don Felipe IV, se hundió un tablao, recargado de gente, pereciendo muchas personas en la desgracia y del que muchas señoras salieron mutiladas por mano de los malvados, que validos de la confusión, robaron los pendientes, y para hacerlo prontamente, cortaron las orejas de algunas...".

Más allá del nombre -también se conocía como puerta de las Manos, los Pesos o los Cuchillos-, la importancia del arco radicaba en que, durante la época árabe, era la única entrada que tenía la plaza Bib Rambla, al estar cercada por las murallas. Era una puerta con torre cuadrada y tres arcos y, al no ser una construcción militar ni defensiva, sí tenía un trazo más elegante (así se define en el libro 'Historia de Granada', de Juan Gay Armenteros y Cristina Viñes Millet.

Sin embargo, cinco siglos después de su construcción, en 1873, el estado del Arco de las Orejas se encontraba en mal estado. Así, el Cabildo de Granada consideró que estaba ruinoso y anunció su derribo. La noticia generó tal revuelo que hasta el propio presidente de la República exigió la revocación de esa orden porque "sería una ignominia para Granada y una deshonra para la República, dado que los monumentos de Granada son patrimonio del género humano".

El entonces arquitecto municipal Díaz Losada también se opuso a la destrucción y argumentó que el arco no estaba en ruinas, solo necesitaba de ciertos reparos. En cambio, tiempo después, el 27 de marzo de 1879, los arquitectos del Ayuntamiento granadino emitían otro informe declarando que la restauración del Arco de las Orejas era imposible, y solo quedaba desmontar sus elementos para restaurarlo. La respuesta desde Madrid volvió a ser rotunda: en 1881, la estructura era declarada 'Monumento Nacional' para quedar bajo la protección del Estado.

Pero aquello no sirvió de nada. Las denuncias se reprodujeron por diferentes motivos: necesidades de higiene pública, urbanización del lugar o grietas peligrosas en la estructura de la edificación. El verano de 1884 dio la puntilla al Arco de las Orejas. El temor a una epidemia de cólera hizo que se mirara mal el monumento por su falta de limpieza, de manera que se consideró que podía ser foco de infección. El 3 de septiembre comenzaba su derribo.

Los restos del monumento sí se conservaron. Ya en 1935, Torres Balbás reconstruyó el Arco de las Orejas, sin sus bóvedas, en las alamedas de la Alhambra. Eso, y el pequeño callejón a las puertas de Bib Rambla, son hoy los únicos vestigios que quedan de un testigo de la historia de Granada.

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