Cuando Granada fue independiente

En julio de 1873, se formó el cantón de la capital. La experiencia duró apenas un mes.

JUAN RAMÓN OLMOSGRANADA
Copia del Boletín Oficial del Cantón Granadino en el que se da cuenta de la liberación del arzobispo. / IDEAL/
Copia del Boletín Oficial del Cantón Granadino en el que se da cuenta de la liberación del arzobispo. / IDEAL

Esta ha sido la semana, sin duda, de Cataluña. De la manifestación en Barcelona a la que asistió un montón de gente -más de un millón de personas- con un mensaje claro: pedir la independencia de Cataluña. Quizá usted se haya planteado la conveniencia de que una comunidad autónoma pida salir de España. De hecho, la clásica reclamación de la nación que pide un Estado propio nos lleva a otros tiempos, los del siglo XIX. Por entonces, hasta Granada quiso ser -y de hecho, lo fue- independiente.

Estamos en 1873, durante el conocido como Sexenio Revolucionario. El 11 de febrero, se instauraba la I República en España, tras el fracaso de la monarquía de Amadeo de Saboya. Los problemas interiores del país impedían plasmar una organización federal del Estado, de manera que, tras unos meses, lo que tuvo lugar fue un levantamiento cantonalista. Así, según relatan Juan Gay Armenteros y Cristina Viñes Millet en 'Historia de Granada', un chispazo simbólico fue el primer paso del cantón de Granada.

A principios de junio de 1873, en una discusión en la taberna del Arco de Elvira, un carabinero mató a un miliciano y la noticia corrió por la ciudad. Voluntarios republicanos entablaron una batalla campal ante el cuartel de carabineros, con numerosas víctimas, hasta que estos se rindieron. Esto animó a los voluntarios a ocupar la fábrica de pólvora de El Fargue y el cuartel de la guardia civil. El 20 de julio de 1873, se apoderaron del Gobierno Civil y obligaron al gobernador a dejar el poder en manos de una junta revolucionaria. Se proclamó entonces oficialmente el cantón granadino.

La cosa no quedó ahí: poco después, se hizo pública una Constitución. Morell y Terry, en su obra 'Efemérides granadinas', concretó el programa constitucional en cinco puntos: 1) Imponer una contribución de cien mil duros contra los ricos; 2) Derribar todas las iglesias; 3) Establecer una fábrica de moneda; 4) Incautarse de la administración de Hacienda y de todos los bienes del Estado; y 5) Dejar cesantes a todos los magistrados de la Audiencia. El comité del cantón se declaró soberano y única autoridad de la provincia, pero municipios como Baza y Loja no lo aceptaron.

Sin embargo, la radicalidad de los voluntarios republicanos era difícil de controlar. De hecho, un jefe de la milicia llegó a detener y encarcelar al arzobispo. Luego, lo liberó tras disculparse ante el Comité. Esta especie de "terror revolucionario", en palabras de Gay y Viñes, provocó la salida de Granada de las gentes acomodadas. En consecuencia, la situación económica empeoró aún más. Con este panorama, aquel verano de 1873 se resolvió con el envío del general Pavía al sur para controlar el levantamiento cantonal.

Los cantones andaluces decidieron unir fuerzas para enfrentarse al ejército de Pavía, pero los dos batallones enviados por Granada no llegaron a presentarse para el combate. El 10 de agosto, el general entraba en Loja sin problemas y, el 12 de agosto, lo hacía en Granada sin tener que disparar un solo tiro. El cantón, que no llegó a cumplir el mes de existencia, se desarticuló con el desarme de los voluntarios republicanos y la destitución de los diputados que habían intervenido en este movimiento.

Así terminó la experiencia independentista de Granada. Muy propia de los tiempos movidos del siglo XIX... que, ahora, paradójicamente, algunos quieren repetir y en otros lugares, pero en pleno siglo XXI.