Un jubilado se declara en 'huelga de medicamentos'

Manuel lleva dos meses en protesta contra el copago sanitario y ha tenido varios percances por no tomar la pastilla que regula su tensión

S.GONZÁLEZ HUESOGRANADA
Manuel nos muestra la pastilla que recibe en urgencias. :: RaMÓN l. pÉREZ/
Manuel nos muestra la pastilla que recibe en urgencias. :: RaMÓN l. pÉREZ

Manuel Fernández Martín, de 67 años, es un vecino de la zona Norte que el pasado dos de julio un día después de entrar en vigor el copago sanitario tomó una determinación: hacer una huelga de medicamentos en protesta por la medida aprobada por el Gobierno. Y eso a pesar de sufrir un cuadro de hipertensión que le obliga a tomar una pastilla diaria para regular su tensión.

Han pasado dos meses desde entonces, casi 70 días, y aparentemente se encuentra en perfectas condiciones. Si acaso siente algo de «presión en la cabeza», pero nada que le impida seguir llenando la pipa en la que fuma. Manuel se congratula de que por fin su iniciativa está teniendo la repercusión mediática que este acto de desobediencia civil como así lo llama perseguía.

En el trayecto se ha quedado parte de su salud. Tras estar los primeros 60 días sin la medicación, se ha resentido lo suficiente como para llevarse algún que otro susto: «Me puse mal y la tensión me subió a 19/10, por lo que tuve que ir a Urgencias».

Una vez superado ese incidente se estabilizó algo, aunque no por mucho tiempo. «Cuatro o cinco días después estaba en la calle en una manifestación y caí desmayado», relata.

Esos problemas de salud le han obligado a extremar sus precauciones y, sin abandonar su particular lucha, acude cada día en compañía de su mujer al servicio de urgencias del hospital, donde le asiste un médico que le toma la tensión y le da una pastilla. De esa manera pasa los días.

En rebeldía

Todo tiene una razón de ser. La huelga de Manuel no es producto de un caso de insolvencia económica. Cobra una pensión de autónomo de 570 euros, que recibe tras haber cotizado más de 28 años. Y la susodicha pastilla que no se toma le cuesta la insignificante cantidad de 0,25 céntimos al mes. Sus motivos son otros. Al jubilado le hierve la sangre ver según dice cómo los gobiernos aplican los recortes solo a los más débiles siguiendo así la lógica de los mercados y el dogma del capital.

Además de cargar con su salud y el peso de sus reivindicaciones, este retirado tiene que enfrentarse a algo bastante más pesado, la opinión de su familia, que como es lógico quiere que abandone su reivindicación. Temen por su bienestar.

La más pequeña de la casa, Aida, lamenta lo cabezón que es su padre y reconoce estar inquieta por su malestar físico. «Merece la pena la protesta siempre y cuando no se pague un precio demasiado alto por ello» dice resignada. Manuel entiende tanto la postura de su familia que reconoce que si fuera un hijo suyo el que hubiese tomado esta determinación, sin duda, «no lo dejaría». Hace oídos sordos. Él prefiere «vivir con dignidad», así que lo tiene muy claro: «Estaré en huelga hasta que le quiten el copago a la clase más débil, es decir, a todos los que cobran menos de 1.000 euros».

Si lo eliminaran volvería la normalidad a su hogar, pero hasta él mismo reconoce que su empeño es muy complicado. «Porque las personas no se mueven ni se unen ante las injusticias», apostilla.

'Yayoflautas'

Este jubilado no está solo. Manuel es miembro veterano del 15M en Granada, al que se incorporó desde el primer día tras sentirse totalmente identificado con sus proclamas. Además de esto, está inmerso junto con otras dos compañeras de la ciudad en el proceso de fundación de un movimiento yayoflauta provincial. El colectivo originario surgió en Barcelona con jubilados que hacían y aún mantienen actos de desobediencia civil contra la actual política de recortes y austeridad. De ambos grupos, 15 M y yayoflautas, recibe un apoyo incondicional que le da ánimo para no cejar en su empeño. Y hasta nueva orden así seguirá porque, aunque quiere que la situación se acabe pronto «por el bien de todos», reconoce una paradoja: a pesar de que la huelga perjudica su salud, este acto de resistencia le ha hecho sentirse si cabe, «más vivo».