«El éxito de Mireia Belmonte es como si el Freila ganara el Mundial de Fútbol»

«Antes visitábamos más Granada y el pueblo de mi mujer, pero cuando Mireia hizo natación nos cambió la vida»

J. E. C.GRANADA/BADALONA
Paqui besa a su hija, Mireia Belmonte, tras aterrizar en España :: EFE/
Paqui besa a su hija, Mireia Belmonte, tras aterrizar en España :: EFE

La calma reina en el salón de la familia Belmonte, como en una piscina que espera a los niños que aún hacen la digestión. Y de eso saben mucho José y Paqui. De llevar a niños a la piscina, claro. En concreto a su hija, Mireia, que vuelve a casa con dos medallas de plata colgadas en el cuello y una mirada cristalina que mantiene la misma chispa ilusionante que gastaba en el verano de su infancia, en Granada. Un ring, ring estruendoso da por zanjada la tarde con un mensaje que se hacía de rogar: «El avión de Mireia aterriza en una hora».

José Belmonte nació en Freila, municipio ubicado al norte de la provincia granadina, hace 57 años. Pero muy pronto, siendo aún un niño, emigró a Cataluña en busca de nuevas oportunidades, como tantas otras familias andaluzas. Antes de coger las llaves del coche, insiste al periodista que él es uno más, y que no ha hecho nada para salir en los periódicos. Pero cuanto más recalca su normalidad, que no son importantes, que la estrella es su hija y que suyas son las portadas y los elogios, más patente se hace lo importante que han sido en el éxito de Mireia. El fruto de su sacrificio.

«Antes visitábamos más Granada y el pueblo de mi mujer ella es de Huelma, Jaén, cuando Mireia era más pequeña. Allí hizo muchas amistades que aún conserva». Pero con siete años la vida de la familia Belmonte cambió radicalmente: «Cuando empezó con esto de la natación nos cambió la vida. Había competiciones en verano, los fines de semana... la se seguíamos por donde iba, de una piscina a otra, con mucho orgullo y mucha humildad».

Humildad. Quizás la palabra que José más se afana en repetir: «Me dedico al transporte público y mi mujer es ama de casa, así que somos una familia más, humildes y normales, pasando los meses justitos con el trabajo». Quién sabe, pregunta el periodista, lo mismo su hija les quita de trabajar: «No le quepa duda que me da una gran ayuda moral, pero me parece a mí que trabajar hay que trabajar», bromea José.

Conforme avanza la conversación, el acento de José, propio de tantos años en Badalona, va transformándose en una melodía que suena más granaína. «Yo le pongo el acento que quiera explica, que aunque viva aquí no he tenido nunca duda de que Granada es la ciudad más bonita del mundo. Y eso es algo que diré esté en la ciudad que esté, ya sea Barcelona, Londres o Pekín».

Los padres de Mireia vivieron la carrera con mucha emoción. «Con la primera tuvimos más dudas, pero con la segunda lo vimos claro, ganaba una medalla seguro porque corrió espectacular. Ella está muy contenta, hay que tener en cuenta que España no es una potencia en natación y que luchamos contra potencias de primer orden: Australia, Estados Unidos, Alemania... naciones mucho más preparadas. Para que entiendan la grandeza, el éxito de Mireia es como si el equipo de fútbol del Baza ganara el Mundial. No, más, es como si el Freila ganara el Mundial».

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