La Policía Nacional de Motril desarrolla una operación especial para evitar los robos en el campo

Los agentes, que patrullan por las fincas, suelen coger in fraganti a los ladrones que han robado ya este año 10.000 kilos de subtropicales

LAURA UBAGOMOTRIL
La Policía Nacional de Motril vigila las fincas para que no se produzcan robos de chirimoyas; lo más común es pillar a los ladrones in fraganti. :: JAVIER MARTÍN/
La Policía Nacional de Motril vigila las fincas para que no se produzcan robos de chirimoyas; lo más común es pillar a los ladrones in fraganti. :: JAVIER MARTÍN

Poner puertas al campo es imposible. O no. Con interés y voluntad algo se puede conseguir. Así lo creen en la comisaría de la Policía Nacional de Motril donde desde hace un par de años se desarrolla la Operación Chirimoya, un dispositivo especial para tratar de frenar los robos de subtropicales en las fincas motrileñas. En los cientos de hectáreas. Casi en la inmensidad.

Hace dos campañas, los agricultores mostraron su preocupación porque vieron aumentar considerablemente los robos en sus fincas. Meses trabajando la tierra para que los amigos de lo ajeno les desplumasen los árboles. No se lo podían permitir. Así que se articuló este dispositivo para vigilar las fincas y para investigar los robos hasta dar con los ladrones del campo. «Es un asunto que siempre nos ha preocupado mucho. El sector de la agricultura genera numerosos puestos de trabajo y hay que cuidarlo. Se tardan muchas horas en cultivar una hectárea para que luego llegue alguien y te robe los frutos», expresa Jesús Herranz, comisario de la Policía Nacional de Motril. En el municipio motrileño este cuerpo tiene la competencia de la vigilancia de las fincas, en el resto de localidades costeras lleva a cabo esta misma misión la Guardia Civil.

En lo que va de año, en Motril, se han robado 10.000 kilos de frutos del campo, en su mayoría chirimoyas. Desde la comisaría apuntan que de hace dos campañas a esta parte, han descendido los robos. El comisario anima a todos los agricultores a denunciar los hurtos, a llamar al 091 e informar al menos de lo sucedido.

La información que reciben de los agricultores es clave a la hora de saber cuáles son las zonas calientes o sencillamente para acudir con agilidad y pillar a los ladrones con las manos en las chirimoyas. Hace unas semanas localizaron una furgoneta estacionada y próxima a ella, a una persona que tenía preparadas para su carga un total de veintitrés cajas con chirimoyas robadas, unos 400 kilos en total.

A la mayoría de los ladrones del campo, la Policía les pilla in fraganti. A veces se tarda hasta un par de horas en perpetrar el robo. No es como un alunizaje y una huida rápida, aquí hay que trabajar, coger el fruto del árbol. Además de los agentes de Seguridad Ciudadana y de Judicial, en la vigilancia de las finas motrileñas participan los del GOR grupo operativo de respuesta, que realizan despliegues para localizar ladrones y prevenir robos.

«Lo primero que hacemos es analizar la información recibida, las llamadas, alguna carta anónima, los datos que obtenemos de las conversaciones con los agricultores y en base a todo eso, organizamos el trabajo y trazamos el mapa criminológico», explica Carlos Villacreces, jefe del GOR. Este explica cómo los agentes acuden a vigilar zonas de fincas y reconocen, mediante pequeñas entrevistas, si los presentes son trabajadores de los terrenos o los propietarios y descubrir así al infiltrado. Además conocen los vehículos de los empleados del campo y en cuanto alguno les es sospechoso, comprueban la matrícula. «Hemos descartado que se trataba de un ladrón porque llevaba en la furgoneta abonos y productos para fumigar. Pertenece a una agricultora que no teme venir sola a trabajar a sus tierras porque sabe que estamos por aquí vigilando», apunta Villacreces sobre el terreno, en un reconocimiento.

El jefe del GOR expone que hay muchos tipos diferentes de ladrones del campo y que es habitual que sean miembros de una misma familia que acuden con sacos a cargar una furgoneta y marcharse a vender la fruta fuera de la comarca de la Costa. Con la crisis, los robos crecieron y algunos ladrones argumentan, cuando se les pilla, que no les queda más remedio que hacerlo.

No suelen robar por las noches porque se necesita luz para hacerlo y aprovechan las horas de descanso de los empleados del campo o las fincas que no están siendo recolectadas en ese momento. Suelen coger las chirimoyas antes de que maduren, antes de cuando el agricultor las recogería y a veces son tan profanos en la materia que dañan los árboles con sus recolecciones furtivas. Villacreces apunta que no creen que haya grupos organizados y que consideran que suelen vender la fruta fuera. De hecho, desde la comisaría también controlan a las empresas comercializadoras de la zona y en estas no han encontrado ninguna irregularidad. Cuenta el jefe del GOR que también se producen robos en invernaderos de maquinaria y hasta de los panales con las abejas que se usan para la polinización. Los ladrones, en el campo, no tienen límites.