Una familia a cara de perro

Rubiales vuelve a estar en el corazón de una crisis interna que dura ya 10 años

MERCEDES NAVARRETEMOTRIL.

En todas las familias cuecen habas y en la de los socialistas motrileños en calderas grandes. La moción de censura planteada por Luis Rubiales contra la actual ejecutiva de Flor Almón es el último capítulo de un largo historial de enfrentamientos entre clanes y luchas internas por el poder en la que sigue siendo la agrupación socialista más dividida de la provincia. El '¡Cuerpo a tierra que vienen los nuestros!', la popular frase atribuida a Pío Cabanillas padre en la época fratricida de UCD, podría resumir perfectamente la filosofía que ha imperado en la sede de la Rambla de Capuchinos en los últimos diez años.

De hecho, hubo un tiempo, no tan lejano en el que las asambleas acababan a tortas en la puerta de la sede de la Rambla de Capuchinos. Corría octubre del año 2000 y el PSOE de Motril ya estaba partido en dos: el bando de Luis Rubiales, el alcalde y por otro lado el de Manuel García Albarral, secretario general y el presidente local, Nicolás García. Aquella noche se elegían los compromisarios que iban a acudir al congreso provincial y la asamblea acabó como el rosario de la Aurora. Las crónicas de la época aseguran que, ya en la puerta de la sede, Albarral increpó a Rubiales «Una mierda para ti», a lo que Luis le contestó «Más grande para ti», al tiempo que se sucedían insultos y forcejeos en plena calle.

«García Albarral se calentó y profirió insultos contra todos los que estábamos allí, sobre que éramos unos fascistas, entonces un militante que estuvo en la cárcel durante la dictadura se sintió ofendido y se abalanzó hacia Albarral», contaba entonces Rubiales a IDEAL (27 de octubre de 2000). El sector de Albarral negaba la mayor y culpaba de la bronca al 'mal perder' de Rubiales. Apesadumbrado por el episodio, Albarral hasta disculpó a los que intentaron agredirle y pidió perdón a la ciudadanía motrileña por lo que calificó como una «pérdida de nervios».

Por 31 votos

Aquel mítico incidente de la agrupación socialista motrileña acabó con la dimisión de 13 miembros de la ejecutiva que apoyaban a Rubiales, lo que motivó que una gestora tuviera que hacerse cargo del partido. Hasta Manuel Chaves, que acudió a la Semana Verde de Motril en aquellas fechas, tuvo que mediar y poner paz entre el entonces alcalde y el secretario general del partido. La crisis se cerró en enero de 2001 con unas elecciones internas para elegir a la nueva ejecutiva en la que Albarral y Rubiales volvieron a medir sus igualadas fuerzas. Ganó Albarral tan solo por 31 votos y de cara a la galería hubo abrazo entre los rivales y gestos de integración.

Pero 31 votos son un margen demasiado estrecho y la brecha que separaba a las dos familias socialistas de Motril demasiado grande como para cerrarla con un 'abrazo de Judas'. Aquella crisis de la asamblea de 2001 se cerró en falso y dio pie a que en febrero de 2002 se reeditara otra, aún más gorda.

La tensión interna entre el Ayuntamiento gobernado por los 'rubialistas' y la sede de la Rambla de Capuchinos, liderada por el sector de Albarral, estalló y nueve concejales de Rubiales presentaron su dimisión ante la dirección provincial del partido. La crisis trajo cola y acabó con la dimisión del presidente local del PSOE, Nicolás García como vicepresidente de la Diputación provincial y el Patronato de Turismo y la amenaza de García Albarral, entonces diputado autonómico, de darse de alta en el grupo Mixto y dejar en minoría al PSOE en el Parlamento Andaluz.

Un envite que él siempre negó oficialmente pero que muchos escucharon y que provocó un auténtico incendio en el PSOE.

La ejecutiva provincial tuvo que tomar cartas en el asunto y abrir un expediente informativo para esclarecer lo sucedido en Motril. Las luchas internas amenazaban ya el poderío del bastión socialista de la Costa, mientras el PP empezaba a relamerse viendo cómo el camino se le allanaba a su candidato Carlos Rojas en Motril.

El 'pacificador'

El puñetazo en la mesa del PSOE provincial supuso la apuesta de Francisco Álvarez de la Chica -harto de tanta pelea- por una tercera vía como cabeza del socialismo motrileño y del cartel electoral de las elecciones de 2003: Pedro Álvarez. También esta vez hubo acuerdo y escenificación de cara a la galería del supuesto acuerdo de consenso que evitó otras primarias. «Quiero contar con todas las corrientes», aseguraba en mayo de 2002 Pedro Álvarez, un pacificador que obtuvo poco éxito en esa particular tarea.

Aún con el poder de la Alcaldía de Motril, Rubiales volvía a la carga en marzo de 2003 y amagaba con irse del PSOE y dimitir como alcalde por las profundas diferencias que le separaban de la dirección local y por los desaires del aparato. De la Chica volvió a mediar -para el secretario provincial las salidas de Rubiales han sido un auténtico dolor de cabeza- y el entonces alcalde motrileño dio marcha atrás arrepentido. «El partido es más importante que las personas», dijo ante los medios.

La marcha de Pedro Álvarez de la primera línea política, tras perder las elecciones municipales de 2007, abrió la penúltima gran crisis del PSOE de Motril. Tras perder la Alcaldía de Motril, el 'jefe' Álvarez de la Chica advirtió a la agrupación que dirigía García Albarral que tenía que renovarse sí o sí. Y si no les renovaban. Y en esas estaban con Flor Almón, hasta que volvió a aparecer Luis Rubiales con su particular 'revuelta' en forma de moción contra la secretaria general elegida elegida hacía apenas 15 meses.

Flor Almón se impuso en octubre de 2008 a las otras dos candidaturas que disputaron la secretaría general, una de ellas 'rubialista', gracias al voto de 146 militantes. Pero, a la vista está con la moción, la última secretaria general también ha fallado en su empeño de aunar las sensibilidades de todas las familias del PSOE de Motril. Ése es el gran reto que tendrá que afrontar el ganador de esta última crisis.

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