La película más barata de la historia

Un grupo de jóvenes granadinos acaba de estrenar su primer largometraje, una sátira del cine español rodada con un presupuesto de 26 euros

MARÍA F. NOGUERAS| GRANADA
El director (derecha) y el productor, en la granadina Fuente de las Batallas. / GONZÁLEZ MOLERO/
El director (derecha) y el productor, en la granadina Fuente de las Batallas. / GONZÁLEZ MOLERO

Es habitual encontrar en cartelera grandes superproducciones repletas de efectos especiales y protagonizadas por los actores del momento. Con frecuencia, quien acude al cine sin haber elegido previamente la película suele dejarse guiar por la cantidad de ceros que conforman su presupuesto. Pero si el indeciso se encontrara con un film producido con 26 euros, ¿compraría la entrada? Los chicos de Bicarbonato Films, un grupo de jóvenes granadinos que acaban de estrenar en Internet una película con presupuesto casi cero, seguro que sí.

'Dreams and drugs' (sueños y drogas), producida por Turril Masip y dirigida por Alfredo Díaz, pretende demostrar que se pueden hacer buenas películas con poco dinero. Según cuenta el propio director, han querido retar al cine español rodando un largometraje con unos 20 euros. «Lo que nos costó la gasolina para ir a la playa», explica. Con tan pocos medios, necesitaban estar rodando continuamente para no dejar pasar ninguna oportunidad. «Estuvimos en las fiestas del Palo de Alquife, donde aprovechamos los fuegos artificiales para simular una explosión que aparece en la película».

Pero, para Alfredo, la parte más complicada llegaba después, cuando al llegar a casa tenía que montar todo el material. «Pasaba hasta 15 horas sentado delante del ordenador editando», comenta. Se trata de una película sin guión preestablecido y con unos medios muy precarios. Alfredo utiliza una Samsung de alta definición «bastante normalita». El modus operandi, ir grabando hasta que sale algo que merezca la pena; los actores, amigos de Alfredo a los que les gusta el cine y, sobre todo, muchas horas con la cámara a cuestas han hecho falta para rodar este film. 70 minutos de improvisación con una trama digna de Tarantino: un joven que quiere vengar a su padre va cargándose a todo el que se le pone por delante durante un largo viaje por el desierto para encontrar al asesino.

Un film improvisado

«Como no somos actores profesionales preferimos grabarnos siendo nosotros mismos, así surgían las situaciones cómicas que salen en la peli». El resultado, una comedia con gran trasfondo crítico. Su director, harto de un cine español siempre centrado en el sexo y la decadencia, reprocha a los directores nacionales los altos presupuestos de sus películas para terminar recurriendo al monotema. «Parece una apología de las drogas, pero en realidad quiere transmitir todo lo contrario».

Un largometraje sin censura en el que sus protagonistas consumen estupefacientes y «se burlan de las chicas que no se hacen respetar». Este es otro de los temas controvertidos de 'Sueños y drogas', el sexo femenino como objeto sexual. La película hace una sátira de la música reggaeton por ser «un insulto para la mujer», en palabras de Alfredo, «Es como si los negros escucharan música neonazi», opina.

Cine sin ánimo de lucro

Bicarbonato Films es una productora que empezó rodando cortos y 'sketch' en la discoteca Mae West de Granada. «Siempre me llamó la atención el humor al estilo 'Martes y trece'», cuenta Alfredo. Su padre, un aficionado al VHS, le introdujo en el mundo del séptimo arte. Años más tarde se apuntó a un curso de formación continua para técnicos audiovisuales de la Universidad de Granada. Allí conoció a los creadores de este largometraje y juntos rodaron un embrollo de situaciones cómicas a las que resulta complicado seguirles el hilo. «En muchas escenas lo que parece ser real resulta ser un sueño, es una peli bastante surrealista», admite su director.

La joven productora no pretende sacar ningún rendimiento de este trabajo. De hecho, han distribuido copias del DVD en el 'top manta' para que sus vendedores les pongan precio. Incluso tienen pensado repartir la película y varios postres promocionales por videoclubes de Granada para que sus dependientes la regalen. En definitiva, cine por amor al arte, y es que, para Alfredo, «sólo hace falta una cámara y buenas ideas para hacer grandes películas».