Mete 200 cabras en el Ayuntamiento en protesta por el embargo de su casa

El banco embarga a un joven pastor de Salobreña porque no pagó una multa de 10.000 euros por construir una caseta ilegal para las cabras en la vega. El cabrero, desesperado y con dos hijos, llevará el rebaño a dormir a la plaza hasta lograr una solución

M. NAVARRETE |SALOBREÑA
Como en el corral. Las cabras en la plaza del Ayuntamiento de Salobreña, donde durmieron anoche. /alfredo aguilar/
Como en el corral. Las cabras en la plaza del Ayuntamiento de Salobreña, donde durmieron anoche. /alfredo aguilar

Desesperación. Ese el sentimiento que mueve cada vez a más familias que en estos tiempos de crisis no ven salida a sus situaciones límite. Padres de familia como el joven Santiago Alonso, un cabrero de Salobreña que ayer se plantó a las dos de la tarde en mitad de la plaza del Ayuntamiento con sus 199 cabras tenía 200 pero a una la pilló un coche cuando estaba llegando para protestar por el embargo de su vivienda. Los problemas de Santiago que tiene 28 años, es cabrero desde que tiene uso de razón y padre de dos críos de nueve y dos años comenzaron hace cuatro años, cuando decidió construir un corral en una finca de la vega salobreñera para guardar a su rebaño, que no puede vivir a la intemperie.

La caseta para las cabras, de unos 60 metros y construida precariamente con unos bloques de hormigón y unas chapas de uralita, está en suelo rústico y no tiene ningún tipo de licencia. En 2005, el área de Urbanismo del Ayuntamiento salobreñero impuso al cabrero una multa de 2.000 euros por la construcción ilegal y como éste no la abonó, «porque no tenía dinero», la sanción ha ido creciendo hasta alcanzar a día de hoy los 10.000 euros. Una cantidad inasumible para una familia humilde que tiene en la venta de la leche de las cabras sus únicos ingresos. «Y con el precio de la leche por los suelos, a 30 céntimos el litro, estamos arruinados, no nos da ni para comer», lamenta.

El banco ha optado por embargarle la vivienda y el joven pastor, desesperado, se llevó ayer las cabras a la plaza del Ayuntamiento para exigir al equipo de gobierno, al que culpa de la situación, que le ayude.

Rocambolesca

Bajo un sol criminal, a las dos de la tarde, las 199 cabras provocaron una situación de lo más rocambolesca en la plaza del Ayuntamiento. Las cabras se comían los arbolillos de la plaza y buscaban sombra desesperadas, a topetazos, contra las puertas de cristal del Ayuntamiento mientras los funcionarios las miraban estupefactos. El suelo se convirtió en una pista de patinaje por los excrementos, la Guardia Civil pedía los datos al cabrero, los niños del pueblo, alucinados con los animales, corrían a acariciarlos y hacerse fotos...

Y como el famoso Pastor de la manzanilla, el joven cabrero salobreñero no tardó en ganarse, con su desesperada protesta, la simpatía y solidaridad de sus vecinos que le apoyaron mayoritariamente y criticaron que el Ayuntamiento sea tan escrupuloso en el cumplimiento de la disciplina urbanística cuando se trata de una casetilla para las cabras mientras que la vega está plagada de cortijos y hasta chalés ilegales «a los que no les pasa nada».

«¡Este es mejor que el ganado que hay ahí dentro!», gritaba un vecino a los políticos frente al Ayuntamiento. También Ecologistas en Acción se alineó con el pastor y criticó que se penalicen «los usos normales del territorio». Vamos, que a juicio de los ecologistas no es lo mismo guardar las cabras en la vega que construirse un chalé en terreno rústico. «No se puede tratar este caso con sanciones de disciplina urbanística, ¡es una actividad agropecuaria!», argumentaron.

El drama

Pero por encima de lo rocambolesco, en la plaza se vivió una situación dramática. «¡No tires esa leche que es el pan de mis hijos!», increpaba Mari Dioni, la joven esposa de Santiago, cuando su marido trataba de aliviar a las cabras ordeñándolas, porque los animales estaban sufriendo por la carga de leche y el calor.

La joven estaba descompuesta pensando en que se ven en la calle con dos niños pequeños. «Llevamos 17 años casados, lo único que tenemos es nuestra casa y nos echan a la calle. No nos dan opciones, nosotros estamos dispuestos a derribar el corral pero por favor que nos ayuden. En el Ayuntamiento si quieren, pueden», clamaba desesperada.

También grupos de la oposición criticaron la «cabezonada» del equipo de gobierno en el caso de la sanción al cabrero. «No se hace nada con los cortijos ilegales y a este pobre muchacho lo crujen», recriminaba Juan Collado, del PA.

Mientras los demás pastores del pueblo amenazaban con meter también sus cabras en la plaza. Y es que el drama del joven Santiago destapó un problema generalizado: los pastores no tienen sitio para guardar las cabras. En el pueblo no las pueden tener y en suelo rústico no les dejan urbanizar. «Y encima nos han tapado con las urbanizaciones media Cañada real», reprocharon. Los cabreros exigieron una solución y criticaron la «incapacidad» del Ayuntamiento para resolver su problema. Por lo pronto, las cabras de Santiago seguirán usando la plaza de Salobreña como corral. Ayer pasaron allí su primera noche.