Integración en la escuela de alumnos con discapacidad

CARMEN MENÉNDEZ OUBIÑA| MAESTRA PT REPRESENTANTE DE USTEA-ENSEÑANZA

DESDE 1992, la Asamblea General de las Naciones Unidas y la Unión Europea celebran cada 3 de diciembre el Día Internacional de las Personas con Discapacidad. La intención de esta conmemoración es concienciar a la sociedad de la situación de este colectivo y fomentar su integración, a partir de la igualdad de oportunidades y la participación social.

Desde 1985 y con la LOGSE (1990) se ha ido pasando de un sistema educativo en el que estos colectivos quedaban excluidos a un sistema integrador, para ello se dotaron de nuevos profesionales, maestros de pedagogía terapéutica, audición y lenguaje, fisioterapeutas, médicos, educadores/as y monitoras de educación especial. Se suprimieron barreras arquitectónicas, se adaptaron objetivos y contenidos y se dotaron los centros de recursos.

El caso que tras todos estos intentos normativos la inclusión de estos alumnos ha fracasado, pues no existen planes de evaluación y de mejora para la inclusión de alumnos con discapacidad. Los alumnos según van ascendiendo por el sistema educativo van encontrando mayores problemas, fruto de un sistema que no se ha ido renovando ni revisando en estos años, se ha dejado todo a la buena voluntad del profesorado, que no estaba preparado para enfrentarse con estos alumnos y tampoco disponía de los recursos necesarios. Por lo tanto se ha echado la responsabilidad del fracaso al profesorado y al alumno, uno por no saber enseñar y otro por no aprender, esto ya lo hemos visto en la ley de incentivos o plan de calidad.

La vida de una persona con discapacidad no debe acabar en un internado o centro de día, tras pasar años en la obligatoria sin haber crecido y siendo tutelado eternamente. La perdida de un alumno con discapacidad de un sistema educativo, porque no hay condiciones, lo convierte inmediatamente en carne de exclusión, pues lo arroja al aislamiento social y lo discrimina laboralmente.

En ese sentido la educación especial no favorece la normalización ni la integración educativa ni social, cuando se ofrece en espacios segregados, ya que no se tienen en cuenta las características de los alumnos a nivel individual. Los alumnos/as con discapacidad deben salir de una vez de ese trato clínico y asistencial sin pretensiones de futuro, para ir poco a poco desarrollando planes de vida independientes y de autodeterminación. Para ello requiere de un cambio en la mentalidad de familias, docentes y administración. Asumir que las personas con discapacidad tienen el derecho de asistir a nuestras clases, ser nuestros compañeros y compartir todos los espacios en igualdad.

Los cambios que se han llevado a cabo desde 1985 han ido avanzando en una dirección de la inserción, pero lo cierto es que los cambios son lentos y que aquellos alumnos que presentan mayores discapacidades presentan más desatención por parte de una administración que no se ha sentado a confeccionar planes reales de evaluación y mejora en la incorporación de estos colectivos.

¿Para cuando podremos ofrecer a estos alumnos planes acordes a sus características individuales, planes de empleo y planes de vida con apoyo?

USTEA exige a la administración que haga un estudio para evaluar la integración y la inclusión educativa, que realice planes en los que se tengan en cuenta a los alumnos con mayores discapacidades o problemas graves de salud, con la idea de mejorar sus posibilidades de integración social y laboral. Que dote a los centros de los recursos personales y materiales, y que estimule la formación del profesorado hacia metodologías de 'inclusividad' e igualdad de oportunidades.

Queremos una implicación de la administración educativa con colectivos, padres, administraciones y universidad para una inclusión completa de las personas con diferencias en sus capacidades por motivos físicos, psíquicos, sensoriales, mentales, sociales, etc.

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