«Pocos exiliados volvieron con rencor y afán de venganza»

El profesor hace su primera incursión en la novela con 'La renta del dolor', una conmovedora historia sobre una anciana granadina

R. I.
Antonio Lara, con su libro. / IDEAL/
Antonio Lara, con su libro. / IDEAL

El profesor Antonio Lara Ramos acaba de publicar la novela 'La renta del dolor'. La trama se desenvuelve en los años previos que llevan hasta las primeras elecciones democráticas y proyecta una visión del pasado, pero desde la madurez de quien ha tenido una vida azarosa por unas circunstancias tan adversas que, aunque constituyen la 'renta del dolor', no quiere que se conviertan en una inútil revancha hacia los otros. Matilde Santos, la protagonista, simboliza la reivindicación de una memoria histórica que, lejos de dividir, se proyectará de manera integradora hacia la motivación de construir un mejor porvenir. -¿Cuándo se gestó la primera idea de esta novela? -Uno que se ha movido en el ámbito de la historia y de la creación literaria ha tenido siempre, como decía Alarcón, mil historias que le bullen en la cabeza. Ésta que contiene 'La renta del dolor' es una más, pero sobre la que tuve una necesidad imperiosa de transcribirla al papel porque había vidas y tiempos de nuestro pasado más reciente que personalmente necesitaba contársela a los demás. -Esta novela viene bien en esta época en que está de actualidad la Memoria Histórica. -La novela se inicia hace más de un lustro cuando todavía el tema de la Memoria Histórica no se había suscitado en los términos que lo conocemos hoy día. Es cierto que la memoria de un pueblo siempre está viva, lo estuvo hace cuarenta años, lo está en el momento presente y lo seguirá estando en el futuro. Por tanto, la creación literaria tiene en ella un aliado para poder recoger las constantes que encontramos en un relato. -¿Qué opinión le merece la polémica que se ha suscitado en torno a la Memoria Histórica? -Es obvio que las sociedades modernas permitan que se expresen los distintos puntos de vista sobre los temas de nuestro tiempo. Polemizar forma parte del juego democrático y de la libertad de expresión. Pero la Memoria Histórica es un tema de suficiente entidad y con un gran calado sentimental como para frivolizar con él. -¿Qué ha pretendido con 'La renta del dolor'? -He querido contarle a los lectores una historia que me había venido dando vueltas en la cabeza durante mucho tiempo. Pero al mismo tiempo rescatar la figura de tantas personas, unas en el exilio y otras viviendo su cotidianeidad en la sociedad de finales de los años sesenta y los setenta, que con unas convicciones profundas, lucharon por construir una sociedad mejor, más justa e igualitaria, y que fueron coherentes con su pensamiento y generosos en su sacrificio personal. Niño y adolescente -¿Cuánto hay de memoria personal? -'La renta del dolor' tiene bastante de memoria personal, de un tiempo que también fue el mío como niño y como adolescente. He construido una ficción desde el recuerdo que tengo de tantas personas que han sido decisivas para mí a lo largo de los años, que me han ayudado en mi formación y en la construcción de mis ideas Me vienen muchos nombres a la memoria, pero especialmente el de un personaje que me fascinó por su visión de la vida, por cómo me hizo interpretar lo que ocurría a mi alrededor, me refiero a una dama septuagenaria que bastón en mano se movía por Puerta Real, Bibarrambla o Alhóndiga. En esa anciana está inspirada esta novela. -El exilio lo trata usted de una manera dramática, pero también reconciliadora. -El exilio a todas luces fue dramático para los que lo padecieron. El componente de reconciliación que se percibe emana sólo de los que se exiliaron, son ellos los que desde su sufrimiento nos dan una lección de reconciliación. Pocos son los que exiliados clamaban venganza contra los que les empujaron fuera de su país. Muchos exiliados tan solo pretendían volver a España, y la mayoría de las veces con una ausencia de rencor encomiable.

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