El Castillo de Iznalloz no tiene papeles

Doscientas familias viven en el barrio antiguo donde las casas llevan décadas haciéndose de forma 'ilegal' En dos años de reuniones ningún vecino ha pagado por el terreno, que ahora va a cambiar de manos

M. VICTORIA COBO
El Castillo de Iznalloz no tiene papeles

EL pueblo de Iznalloz se formó en torno al Castillo. En lo alto de esa loma se asentaron los primeros pobladores de aquel municipio, dentro de las murallas que rodeaban la fortaleza. Ahora, aquella zona histórica es un barrio humilde de casas con corral y estrechas callejuelas en las que apenas cabe un coche. Viven allí entre doscientas y trescientas familias que se enfrentan ahora a los 'olvidos' de la historia. Muchos de ellos no tienen escrituras de sus casas ni documentos que acrediten la propiedad de los terrenos sobre los que se asientan, aunque algunos aseguran que varias generaciones de su familia han vivido a los pies de ese castillo. Hace dos años que este problema salió a la luz, cuando un inversor local adquirió los terrenos y después se dio cuenta de que tenía que tributar por él, aunque la mitad del espacio estaba ya ocupado por decenas de casas 'sin papeles'. Francisco Marín, el empresario que adquirió el terreno y al que todos conocen como 'El Tato', propuso entonces un proceso de 'regularización' de la situación a los vecinos, en el que contó con la ayuda del Ayuntamiento. Cada familia del barrio del Castillo, de aquellas que no tuvieran su casa en regla, tendría que sufragar los gastos del suelo que ocupan. Este dinero, según han calculado el propietario del terreno y su abogado, supone entre 3.000 y 4.000 euros sumando las escrituras de segregación, las de compra-venta, la escritura de hipoteca y una declaración de obra nueva. Vender el terreno «Es como vender a cada vecino sólo el trozo de terreno que ocupa su casa», explica Marín. Pero desde que iniciaran las reuniones a tres bandas, y aunque habían conseguido acuerdos con CajaGranada para flexibilizar las condiciones de los préstamos, ninguna familia ha dado el paso. Los residentes que no tienen documentación de su vivienda no han llegado a regularizar su situación, y son pocos los que han mostrado auténtico interés. «Yo he intentado que esto se solucionara. Estoy pagando el IBI por un solar de 40.000 metros cuadrados aunque la mitad la ocupan estas viviendas», explica Marín. Ahora, a este empresario de Iznalloz le ha surgido un comprador para esas tierras, «y no sé si el que venga estará dispuesto a esperar que todo se regularice». 'El Tato' adquirió esos 40.000 metros cuadrados como parte de una transacción en la que él compraba otro solar urbanizable a la entrada del pueblo. En el terreno del centro histórico se incluyen zonas verdes, zonas no urbanizables, las ruinas del castillo y la muralla, y el suelo que ocupan estas doscientas viviendas, que se lleva aproximadamente la mitad. Y aunque no disfrute ese suelo, sí que paga por él. Familias humildes El freno que impide llegar a una solución es que la mayoría de las familias que tienen que 'regularizar' su situación son de origen humilde. «El Ayuntamiento intentó mediar en esta situación, nos ofrecimos a no cobrar los impuestos municipales en estas transacciones, a cambio de que el propietario nos cediera la ladera de la colina, que es una zona verde no urbanizable», explica el alcalde del municipio, Mariano Lorente. El primer edil admite que el precio que ha ofrecido el titular del terreno a los vecinos -seis euros el metro cuadrado- para que compren el suelo sobre el que están sus casas es «razonable». Aún así, ninguno ha puesto su casa 'en regla'. Lo curioso es que pese a no ser legales algunas de esas viviendas, hace unos años que recibió ayudas de la Junta de Andalucía. Fue hace una década cuando el barrio sufrió una remodelación, dentro del plan de eliminación de infraviviendas autonómico y las condiciones de las casas son ahora más dignas. «Pero se trata de familias numerosas con pocos recursos, que se han ido pasando las casas de unos a otros, algunos sólo tienen documentos privados, y otros ni eso». El alcalde señala que en el actual propietario ha visto voluntad de arreglar las cosas, pero no sabe qué intenciones tendrá el futuro comprador al que menciona 'El Tato'. «Está claro que es un problema sobre todo social», apunta Lorente, que alerta sobre el poco lucro que se puede sacar de un terreno así, mitad zona verde y la otra mitad con restos históricos. Los vecinos La posible preocupación que se vive en el Ayuntamiento y la inquietud del propietario, que no logra solucionar el problema, se convierte en indignación entre algunas familias del barrio del Castillo. Hay calles completas donde todas las viviendas están legales y otras zonas donde casi nadie cuenta con documentos que acrediten que alguna vez pagaron por el solar o pidieron permiso para hacer la casa. Manuel Fernández es uno de los moradores de ese barrio que se muestra dispuesto a solucionar este conflicto. «Yo le compré la casa a mi padre, que la hizo en el año 1943. Tengo un papel pero dicen que no sirve, así que habrá que arreglarlo», explica este hombre de 53 años. Manuel relata que su padre le pagó a la familia que desde hace décadas tenía aquel terreno, «pero no al que lo vendió hace dos años, sino a su padre». Aún así, de aquel dinero que pagara su progenitor no ha quedado un 'rastro oficial'. Manuel trabaja en la aceituna y dice que este año ha habido «un cosechazo», pero no siempre es así, «y el banco no nos da dinero». Ahora viven solos en la casa su mujer y él, pero allí han criado a sus cuatro hijos. La casa de Manuel, que tenía dos habitaciones y un corral cuando la construyó su padre, ha sufrido muchas reformas en estas décadas. «Me he gastado un dineral en la casa», relata el hombre, que no sabe cómo van a afrontar «el dineral que cuesta la escritura» con los quinientos euros que cobra de jornal agrícola. Aún así, repite que «en cuanto 'El Tato' le ponga precio -y que sea bueno- intentaremos arreglarlo». En la misma calle en la que vive Manuel, hay vecinos que afirman tenerlo todo en regla, como Francisco Fernández, que dice que pagó su casa a plazos. Él afirma que compró el terreno al anterior dueño y luego se fue haciendo una casa poco a poco. Él es de los vecinos que se enteró tarde del problema porque a su casa nunca llegó aquella primera notificación que tanto asustó a los vecinos al principio. Juan de Dios Cuerpo, vecino de la calle Laberinto de este barrio, explica moviendo al ritmo su bastón y su sombrero, que en su familia siempre hicieron todos los trámites pertinentes. Y se pregunta: «Si nosotros pagamos la contribución, y el dueño del terreno también paga la contribución, alguien se está quedando con el doble de dinero, ¿no?». Juan de Dios lanza la pregunta para después solidarizarse con sus vecinos, a los que dice que hay que dar facilidades para poder solucionar este entuerto. Pero donde más indignación hay es en la zona más alta del barrio, entre las familias que rodean el castillo. Rosa y Encarnación, que juegan con sus nietos en la calle, tienen claro que su futuro está en el barrio. «No nos van a echar de aquí». La casa de Rosa Torres abraza literalmente los restos de la muralla del castillo que da nombre al barrio. «Mi casa tiene 70 u 80 años, aquí han vivido mis padres y mis abuelos, y este hombre quiere que le paguemos ahora dinero por el terreno; eso no puede ser». La tertulia sobre este tema que se ha montado en la calle se va caldeando. Hay mujeres y hombres mayores y jóvenes, y muchos niños pequeños. «Trabajo es lo que nos tenían que dar, un trabajo para poder pagar», salta uno de los hombres de más edad que rondan por la calle. Se queja de que ni siquiera se pueden ganar la vida recogiendo chatarra. Ninguno de ellos parece dispuesto a pagar por regularizar su casa y advierten que de allí no los van a echar. mvcobo@ideal.es

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