Casi 13.000 inmigrantes se han jugado la vida en una década de pateras en la Costa

Granada ha pasado de la falta de medios y la improvisación ante el inesperado drama a contar con una asistencia profesional y organizada La 'tragedia' alcanzó cifras récord en 2005, con más de 2.700 personas Almería toma el relevo al litoral granadino como puerta de la Península

MERCEDES NAVARRETE
Casi 13.000 inmigrantes se han jugado la vida en una década de pateras en la Costa

Hace una década que las mafias que trafican con personas pusieron sus ojos en Granada. Una playa de Castell de Ferro en 1998 fue el primer escenario de un drama que hasta entonces era sólo cosa del Estrecho y que en Granada alcanzó cotas insostenibles precisamente cuando las costas gaditanas -en las que ahora se ha cumplido 20 años del primer naufragio de una patera- se blindaron por el Sistema de Vigilancia Exterior. Las mafias decidieron continuar su mercadeo de vidas humanas por rutas granadinas y a partir de 2001, el goteo de pateras que se había registrado en la Costa granadina se convirtió en auténtica avalancha. Desde entonces han sido unas 13.000 personas las que han intentado atravesar las millas que separan las costas africanas de las granadinas y han podido contarlo. Según los datos aportados por Cruz Roja, desde 2001, cuando comenzaron a llevar los cálculos, la organización ha prestado asistencia humanitaria exactamente a 12.746 personas llegadas en patera, unas frías estadísticas de las que se escapan los que no llegaron nunca y que esconden 12.746 historias de miseria y desesperación. Fue aquel año, 2001, cuando de repente y sin previo aviso la Costa granadina se encontró con un problema de envergadura y sin medios para afrontarlo. Fueron los años más duros de la inmigración clandestina, con llegadas indiscriminadas de pateras con hasta cien personas en un día y ni un solo local para alojarlas. Fueron los duros tiempos en los que a las tres de la mañana el concejal de Interior, Gerardo Ruiz Vilar y los propios policías nacionales tenían que saltar de la cama y salir corriendo como locos para ver quién les prestaba un local en el que los inmigrantes pudiesen pasar la noche. Fueron los tiempos en el que el albergue Jesús Abandonado, los locales de aviación, hasta colegios y cómo no Cruz Roja dieron un paso al frente para echarse a las espaldas un problema que no parecía competer a nadie en la Costa. También fueron los años en los que la Comisaría cerraba sus puertas, por orden de la Subdelegación del Gobierno, para evitar que los fotógrafos captasen las imágenes de inmigrantes hacinados y tirados por los pasillos cuando ya no sabían donde meterlos. Malas condiciones Para olvidar -o para no olvidarla nunca, según se mire- quedará la noche del 29 de julio de 2001, en la que la 44 inmigrantes llegados en patera -los que ya no cabían en los calabozos de la Comisaría- durmieron esposados y hacinados, a la intemperie, en el patio de las dependencias policiales del Puerto. IDEAL dio a conocer aquellas imágenes que dieron la vuelta a España y obligaron a dar explicaciones en el Congreso al entonces ministro de Interior del Gobierno de Aznar, Mariano Rajoy. Tres años más tardó el Gobierno en coger el toro por los cuernos y dotar a la Costa granadina de medios para afrontar la llegada de inmigrantes en pateras con la puesta en marcha de la ERIE, el Equipo de Respuesta Inmediata en Emergencias, que supuso una inversión inicial de más de un millón de euros. El 14 de febrero de 2004 se acababa la improvisación en la asistencia de los inmigrantes en Granada con la puesta de largo de la ERIE, que incluía ambulancias, equipamientos sanitarios, un hospital de campaña, etc. Gracias a estos medios Cruz Roja ha podido desde entonces brindar una atención profesionalizada y perfectamente organizada a los inmigrantes cuando llegan, mojados y desmoralizados, al Puerto de Motril. «La puesta en marcha de la ERIE marcó una nueva etapa de la atención a los inmigrantes indocumentados en la Costa. La llegada de profesionales contratados un médico y un ATS garantizó la asistencia profesional 24 horas», recuerda Juan Alcausa, actual coordinador de la ERIE de Cruz Roja. «Hemos pasado de tener que salir a pedir ropa usada por todo Motril a tener un almacén que nos la fabrica a Cruz Roja», apunta Alcausa. En esta década alrededor de cien voluntarios se han encargado de prestar la primera asistencia humanitaria, comida ropa seca y siempre una mano en el hombro. «Desde jóvenes de 18 años a jubilados, desde médicos y abogados hasta amas de casa», explica Juan Alcausa. El SIVE, clave Aunque la ERIE se estrenó en 2004 con un año de trabajo apoteósico -2.609 personas atendidas- el récord para la Costa llegaría en 2005, cuando con más de 2.700 personas atendidas, Granada pasa a convertirse en la principal puerta de entrada clandestina a la Península desbancando a Cádiz. Y es que 2005 marca otro hito en la historia de la lucha contra la inmigración ilegal en la Costa granadina, por la puesta en marcha del SIVE. El Sistema Integral de Vigilancia Exterior blinda desde entonces la Costa y ha demostrado su eficacia para frenar a las mafias. Muy pocas embarcaciones neumáticas logran burlar los potentes radares. Y por eso de nuevo las mafias -siempre por delante- han buscado nuevas rutas que les han llevado ahora a Almería, que desde 2006 ha desbancado a Granada en el primer lugar del triste ranking de las pateras. La tendencia, desde el año 2006 ha cambiado y ya no son marroquíes sino subsaharianos, la mayoría de las personas que llegan a las costas granadinas viajando en zodiac. En esta década, la Costa granadina no ha escapado de la tragedia en sus manifestaciones más extremas como el naufragio, el pasado mes de septiembre, de una patera. Las olas se tragaron para siempre las vidas de catorce personas.